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  • Greenpeace contra el Tren Maya: El activismo burgués teme al Estado popular

    Greenpeace contra el Tren Maya: El activismo burgués teme al Estado popular

    El 4 de octubre, representantes del activismo burgués —los viejos nombres de siempre encabezados por Greenpeace—volvieron a atacar al gobierno popular de México, al declarar que el Tren Maya es un “caballo de troya” para la destrucción ambiental.

    Asegurando que la Selva Maya vive bajo “fuego cruzado” entre la agroindustria, el turismo, las mega granjas porcinas y el propio proyecto ferroviario.

    Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya

    Al presentar al tren como engaño, los activistas buscan reducir una obra de infraestructura nacional —pensada para conectar al sureste y reequilibrar el desarrollo del país— a una parábola de traición.

    Es un gesto retórico eficaz, pero también un modo de vaciar el debate político y colocarse como guardianes de una pureza ecológica imposible.

    Greenpeace atacó de nuevo al Gobierno de México, al declarar que el Tren Maya es un “caballo de troya” para la destrucción ambiental.

    Nadie niega que la selva enfrenta una presión histórica. En los últimos años, la Península de Yucatán ha sufrido deforestación masiva por expansión turística, urbanización y monocultivos.

    Los propios datos que los activistas repiten —más de 300 mil hectáreas taladas y diez millones de árboles derribados — describen un proceso que comenzó mucho antes del tren y que tiene raíces en la lógica privatizadora del turismo de enclave y la especulación inmobiliaria.

    Lo que hoy llaman devastación por el Tren Maya es, en buena medida, herencia de la desregulación que por décadas dejó a la península en manos de consorcios hoteleros y agroexportadores.

    El gobierno de Claudia Sheinbaum, continuando la visión de Estado que impulsó López Obrador, no niega los impactos. Ha reconocido errores técnicos, ha ajustado trazos, ha financiado programas de restauración y monitoreo ambiental.

    Pero lo que molesta al activismo de escritorio no son los árboles talados, sino la disputa de legitimidad.

    El Tren representa un intento de Estado por recuperar soberanía en el territorio más saqueado del país.

    Por primera vez en mucho tiempo, la política ambiental se formula desde un gobierno electo por el pueblo y no desde las oficinas de fundaciones internacionales.

    Al etiquetar el tren como “caballo de Troya”, Greenpeace México y sus voceros omiten que la obra forma parte de un proyecto de integración regional que busca devolver al Estado la capacidad de planificar el territorio, generar empleo y articular desarrollo con justicia social.

    No se trata de “ocultar daños”, sino de intervenir en un ecosistema ya depredado por el capital privado y convertir esa intervención en oportunidad de restauración y redistribución.

    La paradoja es que quienes hoy hablan en nombre de la selva fueron incapaces de movilizarse con la misma vehemencia cuando las playas fueron privatizadas o cuando los cenotes se convirtieron en piscinas para el turismo extranjero.

    El tren, con todas sus tensiones, representa un intento de Estado por recuperar soberanía en el territorio más saqueado del país.

    La Selva Maya no necesita nuevos profetas, sino un Estado capaz de defenderla sin subordinarse al mercado ni a las ONG que hablan en nombre del bien común.

    El tren no es el regreso de la política al sureste, el recordatorio de que la justicia ambiental también pasa por la justicia social.

  • Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba

    Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba

    El 11 de octubre de 2025, Paseo de la Reforma se convirtió en pasarela de la indignación boutique, bajo el nombre “Marcha por el Clima, la Vida y el Futuro”, los mismos colectivos de siempre —Greenpeace México, ONG europeas y activistas de clase media urbana— desfilaron en denuncia a la supuesta “devastación ambiental” auspiciada por el gobierno de México.

    Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba.
    Marcha por el Clima la Vida y el Futuro.
    Fuente: Reforma, octubre 2025.

    Los manifestantes repitieron consignas importadas sin una sola propuesta concreta.

    Acusaron al Estado mexicano de “ecocidio”, pero guardaron un silencio absoluto frente a las corporaciones que financian sus propias campañas.

    Detrás del disfraz de activismo local, lo que marchó fue el ambientalismo profesionalizado, el que vive de fondos extranjeros mientras sermonea al pueblo sobre justicia climática.

    Denunciaron el Tren Maya y la planta de gas Saguaro LNG pero jamás mencionaron que fue precisamente el neoliberalismo ambientalista de las décadas pasadas —el de las concesiones mineras, la privatización del agua y la venta del territorio al turismo de élite— el que dejó la selva convertida en botín.

    Ese modelo, que hoy la 4T intenta revertir con un Estado fuerte y redistributivo, es el mismo que sus ONG financiadoras ayudaron a construir.

    Por primera vez, un gobierno popular planifica el desarrollo del sureste con criterios de justicia social y no de rentabilidad turística.

    La “Marcha por el Clima” no fue un acto de conciencia, sino un acto de nostalgia

    Pero eso incomoda a los guardianes del statu quo ambiental, que prefieren un país paralizado antes que un Estado que intervenga en nombre del pueblo.

    Quienes hablan de “democracia ecológica” desprecian las decisiones del voto popular; quienes exigen “transición energética” se oponen a toda infraestructura pública que la haga posible.

    Quienes claman por “el fin del extractivismo” viven de subvenciones provenientes de los países más extractivistas del planeta. Esa doble moral es el combustible real de su activismo.

    No hubo una sola pancarta contra las corporaciones que financian sus fundaciones, ni una sola crítica al modelo económico global que convierte al sur en vertedero y proveedor.

    Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya

    Toda la furia se dirigió, otra vez, contra el Estado mexicano, el único que intenta equilibrar justicia ambiental con justicia social.

    La “Marcha por el Clima” no fue un acto de conciencia, sino un acto de nostalgia: el ritual de un ambientalismo que perdió su causa popular y se aferra a la retórica que lo alimenta.

    Su problema no es con la deforestación ni con los gases fósiles: es con el hecho de que el pueblo y su gobierno se atrevieron a tomar las riendas del país.

    México no necesita salvadores en disfraz de ballena, sino un pueblo organizado que defienda su tierra sin pedir permiso a las ONG del norte.

  • Greenpeace grita, Semarnat responde con acciones

    Greenpeace grita, Semarnat responde con acciones

    El 23 de septiembre de 2025, mientras sus activistas escalaban la Estela de Luz al grito de “La Selva Maya grita. Semarnat ¡Sálvala!”, Greenpeace acusó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) de ser instrumental para la supuesta devastación del sureste, al autorizar megaproyectos como el Tren Maya, las megagranjas porcícolas y las concesiones a Calica y Cemex.

    Según la ONG, en los últimos cinco años se han perdido casi 300 mil hectáreas de selva en la Península de Yucatán.

    Cifra que pretende colocar como destrucción ambiental sin sentido, ignorando que gran parte de dicha selva se ha transformado en infraestructura al servicio del pueblo mexicano.

    Greenpeace grita, Semarnat responde con acciones.
    Póster desplegado por Greenpeace en la Estela de Luz a modo de protesta.
    Fuente: Proceso, septiembre de 2025.

    Lejos de la cerrazón que Greenpeace intentó retratar, la respuesta oficial fue inmediata.

    SEMARNAT convocó a los activistas una reunión con la secretaria Alicia Bárcena, funcionarios de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

    También estuvo presente la directora ejecutiva de Greenpeace México, Aleira Lara.

    SEMARNAT y su encuentro con activistas de Greenpeace.

    El encuentro, derivó en acuerdos concretos por parte del Estado, callando a los activistas que acusan a la Cuarta Transformación de complicidad con la destrucción ambiental.

    La principal resolución fue la instalación de mesas de trabajo multisectoriales para diseñar un ordenamiento ecológico integral de la Península de Yucatán.

    Estas mesas revisarán proyectos clave como el Tren Maya, el puerto de carga de Cancún y las concesiones otorgadas a Calica y Cemex.

    El hecho demuestra que la autoridad ambiental federal no evade la discusión, sino que abre un proceso formal de análisis y revisión.

    Mientras Greenpeace se queja con pantomimas simbólicas y acciones de impacto mediático, el gobierno responde con mecanismos de planificación y de participación institucional.

    A diferencia de la narrativa que buscan diseminar estos activistas burgueses, la actual SEMARNAT sí establece estrategias para ordenar ecológicamente la región.

    Fundar, análisis convenenciero del presupuesto e hipocresía del ambientalismo burgués

    Aun cuando el activismo fifí prefiere recurrir a gestos de confrontación y descalificación en lugar de reconocer un avance real en el diálogo.

    Con ello queda claro que la estrategia gubernamental privilegia la construcción de soluciones de largo plazo frente a la crítica inmediata, asegurando que la Selva Maya se atienda con instrumentos de gestión y no únicamente con consignas.

  • Greenpeace y su patriotismo convenenciero

    Greenpeace y su patriotismo convenenciero

    Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.

    Ambientalistas usan a comunidades para rechazar el fracking pero omiten avances de la 4T para prohibirlo

    Bajo el título “México al grito de ¡Selva!”, el texto publicado por la ONG representa claramente sus mañas de travestir de causa popular la oposición a la transformación material de nuestro país.

    El artículo intenta dibujar un paralelismo entre los movimientos emancipatorios del siglo XIX y las resistencias actuales contra los “megaproyectos neocolonialistas”.

    Greenpeace no defiende la soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.

    No es casual que en esa categoría inserten al Tren Maya, presentándolo de forma velada junto con otros proyectos privados.

    Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.
    Encabezado del artículo publicado por Greenpeace México el 15 de septiembre de 2025.
    Fuente: Greenpeace México, septiembre de 2025.

    Greenpeace no reconoce al Tren Maya como un esfuerzo de soberanía estatal que busca romper con el rezago histórico y la dependencia de las economías locales a un turismo depredador controlado por corporaciones extranjeras.

    En su lugar, lo ven como un extensión del sistema depredador, de manera errónea y convenenciera a sus intereses.

    Greenpeace señala la devastación de los acuíferos por las granjas porcícolas y la apropiación privada de las playas por consorcios hoteleros, pero en lugar de diferenciar, subsume el proyecto ferroviario del Estado en el mismo saco de la rapiña neoliberal.

    Es revelador que una ONG con financiamiento y redes internacionales pretenda utilizar de forma tan burda el lenguaje de la patria y la insurgencia popular.

    En su relato, la independencia no es contra los intereses oligárquicos globales, sino contra un Estado que intenta reequilibrar la balanza en una región históricamente explotada.

    Lo que hay detrás no es amor a México ni a la selva, sino la insistencia en congelar al sureste en la eterna condición de reserva ecológica, siempre disponible para los intereses del capital global.

    Greenpeace pretende gritar “¡Viva México!” mientras acusa al Estado de neocolonialismo.

    Pero lo que en realidad defienden no es soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.

  • El ambientalismo intenta demeritar a SEMARNAT ante el progreso de la Terminal Multimodal Cancún del Tren Maya

    El ambientalismo intenta demeritar a SEMARNAT ante el progreso de la Terminal Multimodal Cancún del Tren Maya

    Recientemente, SEMARNAT autorizó el cambio de uso de suelo en 261 hectáreas de selva para construir la Terminal Multimodal Cancún del Tren Maya.

    Frente a esto, Greenpeace y otras organizaciones ambientales volvieron a descalificar a la autoridad ambiental, presentando la autorización como un permiso para continuar la supuesta devastación ambiental en el sureste.

    Nuevamente, las ONG ambientales —y sus altavoces en medios opositores— atacan a un Estado que, por primera vez en décadas, se asume como garante del interés público.

    El ambientalismo intenta demeritar a SEMARNAT ante el progreso de la Terminal Multimodal Cancún del Tren Maya.
    Encabezado del artículo de Greenpeace donde acusa a SEMARNAT de autorizar “devastación”.
    Fuente: Greenpeace, septiembre de 2025.

    El componente de carga del Tren Maya sirve para sacar parte del transporte de mercancías de las carreteras saturadas y llevarlo al ferrocarril, un formato de transporte con menor huella ambiental por tonelada-kilómetro, menos siniestros viales y más trazabilidad.

    ¿Qué implica para el pueblo trabajador de Cancún y del sureste? Menos tráileres en accesos turísticos y colonias, menos tiempo perdido en congestionamientos, menos accidentes, y costos logísticos más bajos para productores y MIPYMES.

    Así se democratiza el desarrollo, por más que Greenpeace y otras organizaciones quieran detenerlo poniendo a la selva de excusa.

    Greenpeace omite que una autorización ambiental en México no es barra libre, impone condicionantes de protección al medio que deben cumplirse antes, durante y después de la obra.

    El activismo académico y #CambiémoslaYa contra la estrategia soberana del país

    Greenpeace y otras organizaciones ambientales se lanzan contra el Terminal Multimodal Cancún del Tren Maya.

    Incluso cuando la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONAPN) señala deficiencias puntuales—por ejemplo, en el sustento técnico de los pasos de fauna— el camino institucional no es dinamitar el proceso, sino corregirlo.

    Esa es la diferencia entre abandono neoliberal y Estado de bienestar, mientras para el primero es todo o nada, el segundo entiende su importancia como agente regulador en la vida económica del país.

    Sí, se utilizará parte de la infraestructura de la terminal para almacenar residuos peligrosos, no obstante, anunciar este detalle con tono catastrofista es una clara manipulación en pos de desacreditar al proyecto.

    Las ONG eluden a conveniencia la realidad del manejo de residuos peligrosos, hacerlo en instalaciones formales disminuye el riesgo. La alternativa es la dispersión y la opacidad.

    El discurso fatalista borra el contrafactual del debate público, ¿qué pasa si no se ordena la logística con una terminal ferroviaria?

    Siguen los camiones en masa, las vialidades colapsadas, los accidentes y el encarecimiento de insumos que pagan las familias.

    La transición de carretera a tren, acompañada de reglas estrictas y fiscalización social, democratiza beneficios como el empleo local digno y servicios públicos que no sólo mueven turistas, sino mercancías para la economía popular.

  • Greenpeace arremete contra Sheinbaum, distorsionando sus declaraciones e insinuando negligencia.

    Greenpeace arremete contra Sheinbaum, distorsionando sus declaraciones e insinuando negligencia.

    El 27 de agosto de 2025, Greenpeace México publicó un texto que intenta distorsionar las recientes declaraciones de la Presidenta Sheinbaum —quien propuso utilizar el predio de la mina Calica, convertida en Área Natural Protegida en el sexenio del Presidente López Obrador, en Quintana Roo para turismo de bajo impacto— y presentarlas como un disfraz para el saqueo corporativo.

    Greenpeace arremete contra Sheinbaum, distorsionando sus declaraciones e insinuando negligencia.
    La presidenta Claudia Sheinbaum durante su conferencia matutina el viernes 22 de agosto de 2025.
    Fuente: Los Reporteros MX, agosto de 2025.

    Con lenguaje alarmista, la organización sugiere que el Gobierno de México, al siquiera evaluar un proyecto en el predio de Calica como alternativa a la extracción minera, traiciona sus compromisos ambientales y normaliza una inexistente impunidad corporativa.

    Se destapa nuevamente el injerencismo de las ONG medioambientales en México

    Es una narrativa eficaz para la indignación —y, sin embargo, escasa en rigor—, porque confunde deliberadamente una alternativa de actividad económica dentro del marco de conservación con permisos para explotar el suelo.

    El problema no es que cuestionen —eso es sano—, sino que para sostener esa conclusión pasan por alto los hechos.

    A diferencia de lo que Greenpeace acusa, el Gobierno de Claudia Sheinbaum sí tiene un plan para Calica.

    La Presidenta ya sostuvo que la explotación minera en Calica no continuará y que cualquier alternativa deberá someterse al marco del Área Natural Protegida donde se ubica el predio, con evaluación ambiental y reglas claras.

    No se trata de “cambiar pico y pala por hoteles” como Greenpeace quiere hacernos creer.

    El decreto que protege la zona prohíbe nuevos centros de población, define subzonas con usos e intensidades específicas y condiciona cualquier actividad a una evaluación de impacto ambiental.

    En ese contexto, “bajo impacto” lejos de ser un eufemismo o etiqueta publicitaria, es una categoría regulada, definida y medida mediante parámetros verificables.

    A diferencia de lo que Greenpeace acusa, el gobierno sí tiene un plan para Calica.

    Describir la alternativa presentada por Claudia Sheinbaum como planes para la continuación de la explotación natural en Calica, ignora que el punto central de estas declaraciones son justamente los instrumentos que existen para impedir más daño ambiental.

    Greenpeace arremete contra Sheinbaum, distorsionando sus declaraciones e insinuando negligencia.
    Protesta de Greenpeace en el predio de Calica acusando a SEMARNAT de avalar la destrucción de la selva.
    Fuente: Greenpeace, agosto de 2025.

    Es inaceptable que ONG internacionales continúen demeritando los esfuerzos de la Cuarta Transformación, manipulando de manera tramposa y con saña la opinión pública en su contra.

    Como pueblo mexicano, es nuestro deber ser críticos con estas organizaciones.