Etiqueta: GreenPeace

  • Greenpeace instrumentaliza a la Selva Maya contra la 4T

    Greenpeace instrumentaliza a la Selva Maya contra la 4T

    Bajo la iniciativa denominada “Ruta del jaguar”, presentada en mayo de 2026, Greenpeace desplegó una narrativa orientada a asociar el deterioro ambiental del sureste mexicano con el modelo de desarrollo promovido por el actual gobierno.

    Esto solo confirma que el activismo ambiental promovido desde la visión burguesa ha convertido la defensa ecológica en una plataforma de confrontación política permanente contra la Cuarta Transformación y los proyectos estratégicos impulsados desde el Estado mexicano.

    El eje simbólico de la campaña gira en torno al jaguar y a la supuesta devastación irreversible de la Selva Maya.

    CEMDA, el activismo fifí persiste en sus ataques hacia PEMEX

    Greenpeace ha promovido históricamente un discurso donde el Estado mexicano queda reducido a una fuerza depredadora

    Sin embargo, detrás del discurso conservacionista, diversos actores políticos impulsan una operación más amplia en la que reinterpretan constantemente los megaproyectos promovidos por la actual administración, particularmente el Tren Maya, como expresiones de destrucción territorial y crisis ecológica.

    Greenpeace ha promovido históricamente un discurso donde el Estado mexicano queda reducido a una fuerza depredadora mientras desaparecen deliberadamente las dimensiones sociales, económicas e históricas que atraviesan el desarrollo del sureste.

    Lo más irrisorio de esto es la manera en que organizaciones financiadas desde redes internacionales construyen un discurso donde toda apuesta por infraestructura estratégica, integración regional o fortalecimiento económico del sur del país aparece automáticamente asociada con devastación y extractivismo.

    La Selva Maya se transforma en un dispositivo simbólico para erosionar la legitimidad política de MORENA y del proyecto de reorganización territorial impulsado desde 2018.

    La campaña de Greenpeace coincide además con un momento en que México busca reposicionarse geopolíticamente mediante proyectos ferroviarios, energéticos y logísticos que el paradigma neoliberal abandonó durante décadas.

    Frente a ello, ciertos sectores del ambientalismo corporativo internacional responden mediante una narrativa profundamente despolitizada del territorio, congelan a las comunidades en una lógica fatalista y presentan cualquier transformación material como una amenaza existencial.

    Bajo esa lógica, la conservación termina convertida en una herramienta discursiva funcional a quienes históricamente prefirieron un México subordinado, fragmentado territorialmente y sin capacidad soberana para impulsar proyectos de gran escala.

  • Greenpeace acusa al gobierno y a PEMEX de ocultar información sobre el derrame en el Golfo

    Greenpeace acusa al gobierno y a PEMEX de ocultar información sobre el derrame en el Golfo

    En un comunicado publicado el 17 de abril de 2026, Greenpeace México acusó al gobierno federal y a PEMEX de ocultar información relacionada con el derrame ocurrido en el Golfo de México, afirmando que las autoridades no han transparentado plenamente el volumen derramado ni la totalidad de las afectaciones ambientales derivadas del incidente.

    El posicionamiento se suma a la ofensiva discursiva impulsada desde distintas organizaciones internacionales y colectivos alineados con agendas ambientalistas transnacionales que han buscado confrontar el modelo de soberanía energética promovido por la 4T.

    Greenpeace critica la “opacidad” de Pemex, pese a los cuestionamientos sobre sus propios mecanismos de financiamiento.

    La organización sostuvo además que PEMEX evade asumir responsabilidad institucional y cuestionó los mecanismos de reparación anunciados hasta ahora.

    Sin embargo, detrás de ese discurso aparentemente técnico persiste una narrativa profundamente ideológica que reduce la discusión energética mexicana a una visión importada desde centros políticos y financieros del norte global, donde los intereses de las potencias industrializadas instrumentalizan a la llamada “sociedad civil internacional” (otro termino para definir a esta clase específica de burguesía) para implantarse como axioma universal.

    La postura de Greenpeace adquiere particular relevancia cuando se observa la opacidad que históricamente ha rodeado sus propios mecanismos de financiamiento y operación.

    CEMDA y la crisis del ozono en CDMX: exigencia ambiental y omisión de avances estructurales

    Mientras exige rendición de cuentas absoluta al Estado mexicano, la organización mantiene escasa claridad pública sobre las redes internacionales de financiamiento privado que sostienen sus campañas, plataformas de incidencia y estructuras regionales.

    La contradicción se vuelve todavía más evidente cuando sectores del activismo corporativo internacional pretenden erigirse como árbitros morales sobre países periféricos que buscan fortalecer capacidades estratégicas propias.

    Durante años, distintas críticas han señalado prácticas laborales asociadas a esquemas de outsourcing, uso intensivo de voluntariado y pasantías sin remuneración, así como percepciones salariales elevadas para sus cuadros directivos internacionales.

    Buena parte de esos perfiles corresponden precisamente a activistas fifí que no están en campo ni viven las problemáticas en carne propia, limitándose a hacer activismo desde sus escritorios mientras las comunidades trabajadoras enfrentan las contradicciones materiales heredadas por décadas de desmantelamiento neoliberal.

    Lo que está en disputa es la posibilidad de que México construya un modelo energético soberano.

    El comunicado también insiste en presentar el derrame como expresión inevitable del “modelo fósil” mexicano y aprovecha el incidente para atacar proyectos vinculados con refinación, infraestructura energética y soberanía sobre recursos estratégicos-

    Bajo ese encuadre, toda política orientada a fortalecer la capacidad energética del Estado termina subordinada a una narrativa donde los países del sur global deben renunciar al control de sus recursos mientras las economías centrales continúan concentrando poder tecnológico, financiero e industrial.

    La discusión de fondo trasciende el incidente ambiental específico. Lo que está en disputa es la posibilidad de que México construya un modelo energético soberano sin quedar sometido a presiones externas disfrazadas de neutralidad técnica o activismo climático.

    Desde la llegada de nuestro expresidente Andrés Manuel López Obrador a la presidencia en 2018, la 4T impulsó un viraje orientado a recuperar capacidades estatales estratégicas que habían sido debilitadas durante el ciclo neoliberal.

    Ese proceso inevitablemente chocó con organizaciones y estructuras internacionales acostumbradas a influir sobre las agendas públicas nacionales desde espacios de poder alejados de las realidades populares.

  • ONGs escalan críticas tras derrame y proyectan narrativa contra el modelo energético

    ONGs escalan críticas tras derrame y proyectan narrativa contra el modelo energético

    Más de 40 organizaciones firmaron un pronunciamiento en el que sostienen que el Gobierno ocultó el derrame en el Golfo de México y que Petróleos Mexicanos (PEMEX) no ha asumido plenamente su responsabilidad; además, señalan la falta de información sobre el volumen derramado, los costos de remediación y la ausencia de un plan integral de restauración ambiental.

    Asimismo, el documento afirma que este tipo de incidentes no ocurre de forma aislada. Las organizaciones lo enmarcan dentro de un patrón que relacionan con el “modelo fósil”.

    A este modelo le atribuyen contaminación crónica, afectaciones a la salud y opacidad institucional. También amplían la crítica a actividades como el fracking y el gas natural licuado.

    Más allá del derrame, la “crítica ambiental” se convierte en un instrumento de presión sobre el rumbo energético del país.

    Si bien la exigencia de claridad y reparación constituye un reclamo legítimo, el encuadre presentado por organizaciones como Greenpeace desplaza rápidamente la discusión hacia una interpretación estructural que responsabiliza de forma absoluta al Estado y a Pemex, sin incorporar plenamente la complejidad técnica y operativa del sector.

    A partir de este enfoque, las organizaciones utilizan el incidente como base para descalificar el conjunto de la política energética, configuran una narrativa que tiende a generalizar y omite el carácter estratégico de PEMEX en el fortalecimiento de la soberanía energética.

    CEMDA ataca a CFE con el discurso de siempre

    Esta construcción discursiva no solo busca incidir en la percepción del evento, sino también en la legitimidad de las decisiones energéticas actuales, en un momento en que el Estado mexicano apuesta por consolidar su capacidad de conducción en el sector.

    Así, más allá del derrame, el posicionamiento se inserta en una disputa más amplia donde la crítica ambiental se convierte en un instrumento de presión sobre el rumbo energético del país.

  • Greenpeace queda en ridículo al intentar atacar a PEMEX

    Greenpeace queda en ridículo al intentar atacar a PEMEX

    La presidenta Claudia Sheinbaum exhibió la ridiculez del activismo fifí en la mañanera con imágenes falsas que ellos mismos pusieron a circular para dramatizar el derrame en el Golfo, y lo único que atinaron a responder fue evasión y tecnicismo.

    La misma soberbia de quien lleva décadas mirando a México desde sus oficinas en países del norte global, convencido de que su halo de pureza ambiental lo pone por encima de cualquier cuestionamiento.

    Greenpeace queda en ridículo al intentar atacar a PEMEX
    Greenpeace queda en ridículo al intentar atacar a PEMEX

    La propia organización reconoció que la imagen difundida no era de su autoría y que generó confusión al ser compartida como parte de su comunicación pública.

    Este reconocimiento, lejos de cerrar la discusión, evidenció un problema más profundo relacionado con la forma en que ciertos actores del activismo construyen impacto mediático a partir de elementos ambiguos.

    La admisión de error se limitó al plano formal, mientras el discurso posterior buscó sostener la validez de sus afirmaciones mediante referencias generales a datos satelitales y mapas colaborativos.

    En paralelo, su dirigencia insistió en que la controversia responde a un desvío de atención por parte del gobierno, argumentando que el debate se centró en la imagen y no en los datos.

    La intervención de Greenpeace termina alineándose con dinámicas propias de la infodemia

    Sin embargo, esta defensa omite que la credibilidad de la información pública depende también de los vehículos mediante los cuales se difunde.

    La distinción entre contenido ilustrativo y evidencia científica se vuelve irrelevante cuando ambos circulan indistintamente en el mismo mensaje.

    La crítica presidencial se inscribe en un contexto más amplio marcado por la proliferación de información fragmentada, donde la frontera entre evidencia y narrativa se diluye.

    En este terreno, la intervención de Greenpeace termina alineándose con dinámicas propias de la infodemia, en las que la velocidad de difusión y el impacto visual adquieren mayor peso que la verificación rigurosa.

    El activismo fifí llama a PEMEX “etnocida”

    La organización, que históricamente ha apelado a la autoridad moral del activismo ambiental, enfrenta así una contradicción entre su discurso y sus prácticas comunicativas.

    La insistencia en construir escenarios de crisis a partir de datos no plenamente contextualizados tiende a debilitar la discusión pública sobre política energética y ambiental, al sustituir el análisis por la amplificación de percepciones.

    En un momento donde el Estado mexicano busca consolidar una agenda de soberanía energética y transición ordenada, este tipo de intervenciones introduce ruido en un debate que requiere precisión.

  • Greenpeace ataca a Dos Bocas tras incidente

    Greenpeace ataca a Dos Bocas tras incidente

    El incendio registrado el 17 de marzo de 2026 en la refinería de Dos Bocas fue usado de manera cobarde y cínica por representantes del activismo burgués como Greenpeace como una herramienta para atacar la política energética del Estado mexicano.

    Mientras la refinería aún ardía, la ONG emitió pronunciamiento, firmado junto con agrupaciones como la Alianza Mexicana Contra el Fracking y el CEMDA, plantea el incidente como evidencia de una supuesta inviabilidad estructural de la infraestructura petrolera.

    Greenpeace ataca a Dos Bocas tras incidente
    Asociaciones civiles firmantes del pronunciamiento de Greenpeace México.
    Fuente: Greenpeace México, marzo de 2026.

    El documento enfatiza los riesgos asociados a la operación de la refinería y su cercanía con comunidades y centros escolares, al tiempo que exige medidas inmediatas como la reubicación de instalaciones educativas.

    El discurso de Greenpeace México se desplaza hacia la deslegitimación de la propia existencia de la refinería.

    La preocupación por la seguridad de trabajadores y habitantes de la zona constituye un elemento legítimo que requiere atención institucional y esclarecimiento técnico sobre las causas del siniestro.

    No obstante, el posicionamiento colectivo trasciende la dimensión del accidente y se orienta hacia una descalificación más amplia del proyecto energético nacional.

    La presencia de actores como la Alianza Mexicana Contra el Fracking y el CEMDA revela una convergencia de agendas que, desde distintos frentes, han buscado limitar el desarrollo de infraestructura energética bajo control estatal.

    Se trata de organizaciones con financiamiento internacional y vínculos con circuitos globales de incidencia que suelen privilegiar esquemas regulatorios restrictivos frente a proyectos estratégicos nacionales.

    CEMDA y la crisis del ozono en CDMX: exigencia ambiental y omisión de avances estructurales

    El encuadre del incidente en términos absolutos contribuye a una lectura inmovilista del debate energético.

    En lugar de circunscribir la discusión a la investigación del evento, la mejora de protocolos de seguridad y la atención a las comunidades, el discurso se desplaza hacia la deslegitimación de la propia existencia de la refinería.

    La refinería de Dos Bocas forma parte de una estrategia orientada a reducir la dependencia externa en combustibles refinados y fortalecer la capacidad productiva del país.

    En un entorno internacional marcado por la volatilidad de los mercados energéticos, la consolidación de infraestructura propia tiene un valor estratégico que no puede ignorarse en el análisis.

  • Greenpeace México replica la narrativa de desconfianza en el Estado

    Greenpeace México replica la narrativa de desconfianza en el Estado

    En su más reciente publicación, Greenpeace México propone un ejercicio contractual: imaginar un país sin su intervención.

    En el texto se repite la misma idea que se ha vuelto consigna para el neoliberalismo corporativo, una narrativa en la cual sin la organización, México habría sido más tóxico, más depredado y más vulnerable frente a intereses corporativos.

    PEMEX bajo fuego del activismo burgués de la Alianza Mexicana Contra el Fracking

    La narrativa se articula sobre la idea de que el Estado carece de capacidad intrínseca para regular, proteger o transformar, y que solo la presión constante de organizaciones civiles logra contener la devastación.

    Paradójicamente, ese supuesto reproduce el mismo marco conceptual que el sector privado ha sostenido durante décadas, que la desconfianza estructural hacia lo público y la convicción de que el aparato estatal es insuficiente por definición.

    En su texto, Greenpeace México tiene la audacia de llamar a un mundo sin la organización como “un vacío de la acción”.

    Esta aseveración desplaza por completo los avances realizados por los gobiernos populares de la Cuarta Transformación.

    Greenpeace México replica la narrativa de desconfianza en el Estado
    Encabezado del artículo en el que Greenpeace México se adjudica la práctica totalidad del avance en material ambiental del país.
    Fuente: Greenpeace México, febrero de 2026.

    Al atribuirse de manera casi exclusiva hitos como el Santuario Ballenero, la defensa de Cabo Pulmo o la regulación de residuos peligrosos, Greenpeace desplaza del relato a instituciones, marcos jurídicos y procesos legislativos que también intervinieron en esas decisiones.

    La crítica organizada forma parte de cualquier democracia viva, lo cuestionable es la construcción discursiva según la cual, sin el activismo pensionado por la burguesía, el país quedaría condenado al colapso ecológico.

    Esa autoasignación de centralidad refuerza una visión donde el Estado aparece como actor secundario, reactivo y dependiente de la tutela permanente del tercer sector.

    En el contexto actual, marcado por una reconfiguración de la política ambiental con énfasis en soberanía energética, restauración ecológica y justicia territorial, insistir en la narrativa de la indispensabilidad puede derivar en inmovilismo.

    Si todo avance se presenta como resultado exclusivo de la presión externa, se erosiona la confianza en la capacidad colectiva para construir política pública desde lo institucional.

    La defensa del medio ambiente requiere vigilancia social, pero también un reconocimiento de la dimensión estratégica del Estado.