Autor: Redacción

  • ProDESC y CEMDA demandan a SEMARNAT y ASEA en amparo contra la soberanía energética

    ProDESC y CEMDA demandan a SEMARNAT y ASEA en amparo contra la soberanía energética

    En otra muestra de la estrategia de inmobilización política que gusta de ejectural el ambientalismo burgués, Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC) y el Centro Mexicano para la Defensa del Medio Ambiente (CEMDA), presentaron dos demandas de amparo indirecto ante el Poder Judicial Federal contra la Agencia de Seguridad Energía y Ambiente (ASEA), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Presidencia de la República por cuatro megaproyectos Gas Fósil Licuado (GFL) en Sonora y Sinaloa, adyacentes al Golfo de California: Gasoducto Sierra Madre (Frontera–Puerto Libertad), la Terminal GNL de Sonora (Saguaro Energía), el Gasoducto Corredor Norte y la Terminal Marítima Vista Pacífico LNG en Topolobampo, Sinaloa.

    Los amparos acusan a las dependencias federales de avalar estos proyectos con irregularidades ambientales, violando el derecho de acceso a la información y omitiendo medidas preventivas.

    Greenpeace, la ONG que insiste en sembrar miedo contra el Tren Maya

    Lo que ProDESC y CEMDA presentan como defensa ambiental, en los hechos opera como un veto preventivo al desarrollo energético nacional.

    Las ONG argumentan que sin evaluaciones ambientales estratégicas ni transparencia, México incumpliría sus compromisos internacionales (Acuerdo de Escazú, Acuerdo de París) y la obligación constitucional de proteger un medio ambiente sano.

    Asimismo, señalaron que relatores de la ONU expresaron “profunda preocupación” por el potencial daño masivo a la biodiversidad marina (ballenas, pesquerías) y por las emisiones de carbono de estos proyectos, instando a cancelarlos para evitar violaciones de tratados ambientales.

    Esto, no obstante, ignora la realidad de un México que enfrenta un panorama geopolítica cada vez más complejo, donde la soberanía energética que asegura el GFL es cada vez más indispensable.

    Este enfoque ignora el carácter estructural de la apuesta energética del gobierno.

    El gas natural licuado cumple una función concreta dentro de la planeación pública de la Cuarta Transformación, al permitir reducir vulnerabilidades externas, diversificar fuentes y sostener cadenas productivas en regiones históricamente marginadas.

    En un contexto geopolítico atravesado por sanciones, disputas comerciales y presión sobre los mercados energéticos, renunciar a esa capacidad significaría aceptar una dependencia permanente.

    La estrategia de las ONG traslada decisiones de política pública a tribunales, desplazando el debate democrático y la rectoría del Estado. Se presenta como defensa ambiental lo que en los hechos opera como un veto preventivo al desarrollo energético nacional.

  • CEMDA Y Greenpeace exigen a SEMARNAT negar la ampliación del Programa de Rescate a playas de Quintana Roo

    CEMDA Y Greenpeace exigen a SEMARNAT negar la ampliación del Programa de Rescate a playas de Quintana Roo

    La reciente solicitud de Greenpeace México y del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —miembro de los colectivo #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Fracking— para que la SEMARNAT niegue la ampliación del programa de rescate de playas en Quintana Roo expone una contradicción profunda entre el discurso ambientalista y la necesidad concreta de restauración ecológica en uno de los litorales más frágiles del país.

    Al privilegiar una lectura estrictamente procedimental, estas organizaciones colocan su agenda política por encima de una intervención ambiental urgente frente a la erosión acelerada y el impacto del cambio climático.

    El proyecto impulsado por el gobierno de Quintana Roo busca atender más de treinta kilómetros de costa afectados por la pérdida de arena, un fenómeno agravado por tormentas más intensas y el aumento del nivel del mar.

    Greenpeace y la economía circular como coartada corporativa

    CEMDA y Greenpeace no ven que la restauración de playas no es un capricho turístico, es una medida de adaptación climática.

    La oposición de Greenpeace y del Centro Mexicano de Derecho Ambiental se centra en el uso de una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) autorizada en 2009 y en la figura de ampliación administrativa.

    El argumento jurídico puede ser debatible, pero resulta problemático cuando se convierte en un bloqueo total a cualquier acción de restauración mientras las playas continúan degradándose.

    Esta postura revela una lógica recurrente en ciertos sectores del ambientalismo Burgués.

    En lugar de exigir mejoras técnicas, monitoreo independiente o criterios más estrictos de extracción de arena, se opta por la negativa absoluta, aun cuando existen estudios batimétricos y volumétricos actualizados que respaldan la propuesta estatal.

    La restauración de playas no es un capricho turístico, es una medida de adaptación climática que protege ecosistemas costeros, infraestructura pública y comunidades locales frente a la erosión.

    Negar esto implica desconocer que la inacción también tiene costos ambientales y sociales acumulativos.

    Resulta llamativo que organizaciones que suelen denunciar la falta de acción gubernamental ante la crisis climática ahora busquen frenar un proyecto de restauración bajo el argumento de una insuficiencia administrativa heredada del pasado.

    La discusión de fondo debería centrarse en cómo mejorar y transparentar el rescate de playas, no en impedirlo.

    Cuando la defensa ambiental se reduce a negar cualquier intervención pública, el resultado no es protección ecológica, sino parálisis frente a una degradación que avanza sin pausa.

  • Greenpeace y la economía circular como coartada corporativa

    Greenpeace y la economía circular como coartada corporativa

    En diciembre de 2025 Greenpeace publicó un texto en el que descalifica la Ley General de Economía Circular y el proyecto del Parque de Economía Circular en Hidalgo.

    El discurso se presenta como defensa ambiental y sanitaria, pero en el fondo funciona como una operación política que busca inmovilizar al Estado y bloquear cualquier intento de reorganizar la gestión de residuos desde el ámbito público.

    La transformación energética será soberana o no será.

    El planteamiento de Greenpeace parte de una narrativa alarmista que reduce la economía circular a una caricatura de incineración masiva.

    Con ello omite deliberadamente el contexto nacional de residuos, la urgencia de soluciones graduales y la necesidad de transitar desde un esquema de tiraderos a cielo abierto hacia modelos regulados bajo control estatal.

    Al negar cualquier margen de implementación progresiva, la organización se coloca en una lógica de veto permanente que termina favoreciendo el statu quo que dice combatir.

    Greenpeace apuesta por un purismo discursivo que termina beneficiando a quienes prefieren que nada cambie.

    En el caso del Valle del Mezquital, Greenpeace utiliza el sufrimiento histórico de las comunidades como argumento retórico, pero no reconoce que la intervención del Estado mediante planeación, evaluación ambiental y control público representa una ruptura con la lógica neoliberal que abandonó estos territorios.

    Descalificar cualquier proyecto antes incluso de la evaluación ambiental equivale a negar la capacidad del Estado para corregir, regular y sancionar.

    La insistencia de Greenpeace en desacreditar a Semarnat como juez y parte responde a una visión donde la política pública solo es legítima cuando pasa por el filtro de organizaciones con financiamiento internacional.

    Esta postura reproduce una forma de tutela externa que desconfía sistemáticamente de los procesos democráticos nacionales y de las instituciones surgidas de ellos.

    La Cuarta Transformación ha planteado una transición ambiental paulatina, con énfasis en justicia social, control público y reducción de desigualdades territoriales.

    Frente a ello, Greenpeace apuesta por un purismo discursivo que no construye soluciones materiales y que termina beneficiando a quienes prefieren que nada cambie.

    Bajo el lenguaje de la economía circular, la organización no discute cómo transformar el modelo productivo, sino cómo frenar al Estado cuando intenta hacerlo.

    En lugar de aportar a una política ambiental con soberanía y responsabilidad social, Greenpeace insiste en una crítica que debilita la acción pública y consolida la parálisis.

    Ese es el verdadero riesgo detrás de su discurso.

  • Aleida Azamar, encabezando la crítica burguesa contra la 4T

    Aleida Azamar, encabezando la crítica burguesa contra la 4T

    En diciembre de 2025, la activista y académica Aleida Azamar —miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Fracking— presento el libro Mirada Crítica sobre las Políticas Ambientales en la Cuarta Transformación durante la FIL 2025.

    La obra fue descrita como una supuesta radiografía del proyecto político iniciado en 2018.

    Sin embargo, el planteamiento central del texto revela más una postura ideológica rígida que un análisis situado de las condiciones reales bajo las que se gobierna un país históricamente subordinado dentro del orden económico global.

    Aleida Azamar, encabezando la crítica burguesa contra la 4T.
    Aleida Azamar en la presentación de Miradas Críticas sobre la Cuarta Transformación
    Fuente: X, diciembre de 2025.

    Azamar parte de un reconocimiento formal a los avances sociales de la Cuarta Transformación, pero rápidamente los relega a un segundo plano para insistir en la idea de una continuidad extractivista sin matices.

    Esta lectura ignora que el margen de acción de un gobierno popular en un país dependiente no se define en el vacío, sino en medio de presiones financieras, energéticas y geopolíticas que no desaparecen por arte de magia.

    Equiparar estas tensiones con una supuesta traición ambiental resulta cómodo desde la tribuna académica, pero poco responsable en el terreno de la política pública.

    Aleida Azamar, encabezando la crítica burguesa contra la 4T.
    Portada del libro Miradas críticas sobre las políticas ambientales en la Cuarta Transformación.
    Fuente: Fundación Rosa Luxemburgo, consulta en diciembre de 2025.

    La obra de Aleida Azamar elude una pregunta clave: ¿cómo sostener derechos sociales ampliados sin una base material que los respalde?

    La crítica al Tren Maya, al Corredor Interoceánico o a la política energética se formula desde categorías abstractas que omiten el papel redistributivo, territorial y estratégico de estas obras.

    El libro desconoce la diferencia entre un extractivismo que despoja a privados y una intervención estatal que busca integrar regiones históricamente marginadas al desarrollo nacional bajo control público al reducirlas a expresiones coloniales.

    El énfasis en las alternativas comunitarias resulta valioso como horizonte ético, pero problemático cuando se plantea como sustituto inmediato del Estado.

    La gestión comunitaria no puede convertirse en coartada para debilitar la capacidad pública de planificación, regulación y garantía de derechos.

    Pretender una transición basada exclusivamente en experiencias locales sin articularlas a una política nacional termina reproduciendo la fragmentación que el neoliberalismo dejó como herencia.

    La obra de Azamar propone una transformación desde la suficiencia y la descentralización, pero elude una pregunta clave: ¿cómo sostener derechos sociales ampliados sin una base material que los respalde?

    Mexicanos Contra la Soberanía: Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad intervienen con millones desde el norte

    La Cuarta Transformación ha optado por una transición ambiental gradual, vinculada a justicia social y soberanía, no por un repliegue que deje intactas las estructuras globales de poder.

    Más que una crítica radical, el libro expone la distancia entre cierto ambientalismo académico y la complejidad de gobernar para las mayorías.

    En esa brecha se juega hoy el debate real sobre el futuro ambiental del país.

  • Greenpeace contra el Tren Maya y la disputa por el rumbo ambiental de México

    Greenpeace contra el Tren Maya y la disputa por el rumbo ambiental de México

    A dos años del arranque del Tren Maya, Greenpeace insiste en intervenir en el debate público describiendo al proyecto como una catástrofe ambiental cuidadosamente disimulada.

    En el relato de Greenpeace, la organización presenta al sureste mexicano como un escenario pasivo de un daño irreversible y reduce al Estado a una fuerza incapaz de planear, corregir o aprender.

    Greenpeace contra el Tren Maya y la disputa por el rumbo ambiental de México.
    Protestas de Greenpeace contra el Tren Maya.
    Fuente: Greenpace, consulta en diciembre de 2025.

    El enfoque de Greenpeace se apoya en informes colectivos que eluden la complejidad histórica de la región.

    El Tren Maya se desarrolla en un espacio marcado por décadas de explotación turística privada, despojo inmobiliario y ausencia de infraestructura pública.

    Esa herencia raramente ocupa un lugar central en los señalamientos ambientales, como si el deterioro hubiera iniciado con la llegada del ferrocarril y no con el modelo extractivo previo que operó durante años sin vigilancia ni redistribución social.

    La organización convierte los procesos normales de implementación técnica en pruebas de inviabilidad.

    Greenpeace trata la electrificación gradual, la entrega escalonada de trenes y la puesta en marcha progresiva de plantas energéticas como síntomas de colapso.

    La disputa que plantea Greenpeace alrededor del Tren Maya trasciende el ámbito ambiental.

    Esta lectura deliberadamente dramática omite que la infraestructura ferroviaria de gran escala se construye por fases y se ajusta durante su operación, práctica habitual en proyectos comparables a nivel internacional.

    En el plano ambiental, Greenpeace privilegia cifras aisladas y escenarios máximos de daño sin reconocer los dispositivos de mitigación, restauración y seguimiento que hoy forman parte de la gestión pública.

    El discurso ecológico se transforma así en un instrumento de clausura política, donde cualquier intervención estatal queda invalidada de antemano, incluso cuando incorpora estándares de protección inexistentes en las obras privadas que durante años avanzaron sin resistencia mediática equivalente.

    La dimensión social tampoco escapa a esta simplificación. Se atribuyen de manera mecánica al Tren Maya problemas estructurales como la violencia o la presión urbana, sin atender las dinámicas regionales ni las políticas públicas que buscan ordenarlas.

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    En ese marco, Greenpeace presenta el proyecto como un cuerpo extraño y nunca como una palanca de integración territorial, empleo y acceso a derechos.

    La disputa que plantea Greenpeace alrededor del Tren Maya trasciende el ámbito ambiental.

    Remite a una concepción del desarrollo donde la planificación nacional es vista con sospecha y la autoridad legítima se desplaza hacia organizaciones transnacionales.

    En ese desplazamiento, el debate ambiental se convierte en una pugna por quién define el futuro del territorio mexicano y bajo qué intereses.

  • #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T

    #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T

    El 27 de noviembre el colectivo #CambiémoslaYa! publicó un pronunciamiento complementando su campaña de ataques contra la reforma a la Ley de Aguas Nacionales, recurriendo a una lectura distorsionada del proyecto que la Presidenta Claudia Sheinbaum envió al Congreso.

    El mensaje pretende instalar la idea de que la Conagua quedaría sometida a presiones mineras, cuando la iniciativa federal persigue el fortalecimiento regulatorio que durante décadas estuvo ausente en los territorios más afectados por el extractivismo.

    #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T.
    Fragmento del comunicado publicado por #CambiémoslaYa! así como sus asociaciones aliadas firmantes.
    Fuente: #CambiémoslaYa!, consultada en diciembre de 2025.

    El colectivo presenta la reforma como una concesión a los contaminadores.

    La acusación se sostiene en una interpretación fragmentada del articulado legal y en la insinuación constante de que las instituciones públicas actúan en complicidad con la industria.

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    #CambiémoslaYa! omite que la reforma atiende exigencias sociales de larga data.

    Esta narrativa desconfía de los procesos democráticos que dieron lugar a un proyecto hídrico centrado en el derecho humano al agua y en la restauración de cuencas deterioradas por décadas de captura regulatoria.

    La propuesta legislativa impulsada por la 4T recupera facultades estratégicas que en el pasado fueron cedidas al interés privado.

    Consolida mecanismos de vigilancia, establece prioridades de uso que favorecen a las comunidades y coloca límites al acaparamiento.

    Las declaraciones recientes de la Presidenta Sheinbaum confirman que el gobierno revisará cualquier disposición susceptible de abuso para impedir que sectores que históricamente lucraron con los bienes hídricos obtengan beneficios indebidos y sigan dejando tras de sí territorios devastados.

    A pesar de esta apertura, #CambiémoslaYa! insiste en un relato que niega la capacidad estatal para regular.

    En su lugar pretende erigirse como árbitro exclusivo de lo que debe considerarse protección del agua, relegando la voz de las comunidades que demandan un Estado fuerte que garantice el abastecimiento y la seguridad hídrica.

    El colectivo omite que la reforma atiende exigencias sociales de larga data, entre ellas la desmercantilización del agua y la creación de instrumentos para prevenir el saqueo de cuencas por empresas que jamás rindieron cuentas.

    La campaña de #CambiémoslaYa! opera como un intento de frenar la transición hacia un modelo hídrico justo.

    La realidad que intentan ocultar estos activistas fifí es que la reforma representa un viraje histórico que devuelve al Estado la facultad de proteger el agua como bien público y de asegurarla para las generaciones presentes y futuras.

    El país no puede quedar rehén de quienes prefieren la parálisis institucional para conservar su influencia en el diseño de políticas públicas.