Una de las mayores hazañas de parte de López Obrador fue nacionalizar el litio. Regalándonos soberanía sobre un recurso clave para el futuro. Pero no todos celebran, colectivos como CambiémoslaYa y REMA viven desacreditando este avance.1
Efectos de la extracción de litio
REMA, en un reporte junto a Mining Watch Canada, lo llama “extractivismo bajo el manto del nacionalismo”2, su argumento es que la medida responde a lógicas de demanda en sectores como el automotriz.
Dicen que el proyecto afianza nuestra dependencia a la cadena de suministro industrial con el norte global. Obvian que la explotación de litio se ejecutará para el pueblo y que los frutos de ésta serán cosechados por la gente de a píe. Prefieren mantener a México vulnerable y empobrecido.
En estos colectivos, quienes reciben más capital —como la Fundación Heinrich Böll o PODER, financiadas por la Fundación Ford— terminan marcando el rumbo. Son estas instituciones ajenas al territorio las que escriben el discurso de supuesta resistencia, mientras los grupos populares son arrastrados y usados como marionetas en una agenda que no formularon.
En la carrera por el desarrollo no hay lugar para la neutralidad: o los recursos del país sirven a su gente, o son subordinados a intereses externos. Ellos no se preocupan por México, sino por un sistema rancio empeñado en preservar sus privilegios.
La transformación energética será soberana, o no será.
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