El 21 de octubre de 2025, la Alianza Mexicana contra el Fracking —que incluye a ONGs como el CEMDA y PODER— denunció que el Presupuesto de Egresos 2026 “oculta” recursos para proyectos de extracción en “yacimientos de geología compleja”, término que asocia con la fractura hidráulica.
Afirmó que Pemex dispone de más de 245 mil millones de pesos distribuidos en ocho programas sin desglose y acusó al gobierno popular de Claudia Sheinbaum de traicionar la transición energética al mantener al gas como combustible de transición.
Cada vez que el Estado intenta ejercer soberanía sobre su matriz energética, las ONG neoliberales activan su alarma moral.
Fundar, análisis convenenciero del presupuesto e hipocresía del ambientalismo burgués
Lo que la Alianza Mexicana Contra el Fracking llama “falta de transparencia” es, en realidad, pérdida de privilegio.
Su discurso no busca proteger la tierra ni el agua, sino preservar un marco de subordinación donde México sólo puede “resistir”, nunca planificar.
Nombran “crisis climática” a lo que en realidad es crisis de dependencia, y presentan la energía estatal como pecado, mientras el capital extranjero perfora sin escrúpulos en todo el continente.
La llamada “prohibición del fracking” se ha convertido en su tótem. Ninguna de estas organizaciones menciona que el gas forma parte de una estrategia de transición ordenada que evita apagones, reduce importaciones y financia programas sociales.
Lo que molesta no es el método extractivo, sino que la gestión esté en manos públicas.
La izquierda soberanista entiende que la emancipación ambiental no se logrará con discursos de culpabilidad, sino con control nacional sobre los recursos.
El ecologismo burgués que se alimenta de becas internacionales nunca habla de esa historia de recuperación liberadora.
El presupuesto de 2026 refleja una política energética que combina redistribución con autonomía tecnológica.
Lo que la Alianza llama “falta de transparencia” es, en realidad, pérdida de privilegio, el Estado ya no rinde cuentas a los lobbies del clima, sino al pueblo.
La 4T lo ha entendido con claridad. México no será ejemplo de obediencia ecológica para el norte rico, será ejemplo de dignidad y planificación popular sobre su propio subsuelo.









