Categoría: Alianza Mexicana Contra el Fracking

  • La Alianza Mexicana Contra el Fracking es un agente contra la soberanía energética

    La Alianza Mexicana Contra el Fracking es un agente contra la soberanía energética

    La discusión en torno al fracking se ha convertido en uno de los principales campos de disputa política alrededor de la estrategia energética impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum.

    Diversos representantes del oenegeísmo de escritorio burgués han comenzado a utilizar el tema como una herramienta discursiva destinada a desacreditar la búsqueda de soberanía energética impulsada desde la actual administración.

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    El ejemplo más reciente puede observarse en la cobertura generada alrededor del Comité Técnico Científico convocado por el gobierno federal para evaluar la viabilidad de utilizar técnicas de fractura hidráulica bajo condiciones estrictamente controladas y sustentadas en evidencia científica.

    Organizaciones como Alianza Mexicana Contra el Fracking, han respondido con una postura “maximalista”.

    Lejos de presentar el proceso como un ejercicio de deliberación técnica, diversos grupos ambientalistas han intentado instalar la idea de que la sola existencia del comité constituye una amenaza para el medio ambiente y una traición a principios históricos de la izquierda mexicana.

    Lo llamativo es que el gobierno no ha anunciado la implementación del fracking.

    Lo que existe es precisamente un proceso de evaluación encabezado por especialistas provenientes de instituciones públicas como la UNAM, el IPN, la UAM, el Instituto Mexicano del Petróleo y diversos centros de investigación nacionales.

    La decisión de convocar a expertos en geología, agua, energía, contaminación atmosférica y sustentabilidad refleja una voluntad de someter el debate a criterios científicos antes que ideológicos.

    Sin embargo, organizaciones agrupadas alrededor de la Alianza Mexicana Contra el Fracking han respondido con una postura maximalista que rechaza de antemano cualquier posibilidad de análisis, sosteniendo que el fracking debe prohibirse independientemente de los resultados que arrojen las investigaciones o de los avances tecnológicos que puedan surgir en el futuro.

    Bajo esta lógica, los grupos opositores dejan de centrar la discusión en la evidencia, los riesgos mitigables o las capacidades regulatorias y la convierten en una batalla simbólica en la que presentan cualquier exploración de alternativas energéticas como una claudicación política.

    El trasfondo de esta disputa resulta particularmente relevante porque México importa aproximadamente tres cuartas partes del gas natural que consume, principalmente desde Estados Unidos.

    La dependencia energética constituye una vulnerabilidad estratégica que la administración Sheinbaum ha reconocido públicamente y que busca atender mediante una evaluación seria de las opciones disponibles.

  • El fracking en México vuelve al centro del debate

    El fracking en México vuelve al centro del debate

    En el contexto del anuncio realizado el 15 de abril de 2026 por el Ejecutivo federal, la discusión en torno al fracking en México se reconfigura como un punto de inflexión para el modelo energético nacional, donde el criterio científico y la soberanía energética emergen como ejes rectores del debate.

    La presentación de un grupo de alto nivel, integrado por universidades públicas e institutos de investigación, introduce un elemento que desplaza la discusión del terreno ideológico hacia un encuadre técnico.

    Bajo esta lógica, la administración encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum plantea que la eventual implementación del fracking no responde a una decisión unilateral, sino a un proceso sustentado en evidencia científica y consulta social.

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    El avance del fracking en México refleja como la ciencia, el interés nacional y la legitimidad del proyecto de transformación convergen como elementos centrales.

    Este posicionamiento redefine el debate público al incorporar una dimensión que había sido sistemáticamente minimizada por sectores opositores: la necesidad de fortalecer la capacidad energética del Estado en un contexto global de alta demanda de hidrocarburos.

    La posibilidad de aprovechar recursos no convencionales adquiere así un carácter estratégico, en tanto permite reducir la dependencia externa y consolidar a Petróleos Mexicanos (PEMEX) como un actor central en la transición energética del país.

    En contraste, las críticas provenientes de organizaciones ambientalistas y algunos colectivos sociales tienden a articularse desde una lectura que privilegia escenarios de riesgo sin integrar plenamente las capacidades regulatorias del Estado ni los avances tecnológicos en la materia.

    Este tipo de posicionamientos, al centrarse en una narrativa de impacto negativo generalizado, corre el riesgo de simplificar un fenómeno complejo y de limitar la discusión sobre los beneficios potenciales en términos de desarrollo económico, generación de empleo y fortalecimiento de la infraestructura energética.

    Las manifestaciones registradas en distintos puntos del país, así como los pronunciamientos de organizaciones como la Alianza Mexicana contra el Fracking, se insertan en este campo de tensión, donde convergen preocupaciones legítimas con interpretaciones que, en ocasiones, omiten el carácter estratégico del sector energético.

    El debate, por tanto, no se limita a la viabilidad técnica del fracking.

    En este escenario, la insistencia del Ejecutivo en incorporar consultas comunitarias y evitar prácticas que reproduzcan esquemas de exclusión rompe con el pasado.

    La narrativa gubernamental busca así equilibrar desarrollo y justicia social, evitando lo que se ha denominado como “energías limpias con negocios sucios”.

    El debate, por tanto, no se limita a la viabilidad técnica del fracking, sino que se desplaza hacia una disputa más amplia sobre el rumbo del país.

    La forma en que se evalúe esta política incidirá directamente en la capacidad del Estado para garantizar su soberanía energética y sostener un modelo de desarrollo con enfoque social.

    En este proceso, el avance del fracking en México no solo refleja una decisión en construcción, sino una redefinición del debate público donde la ciencia, el interés nacional y la legitimidad del proyecto de transformación convergen como elementos centrales.

  • Gustavo Alanís, el activista neoliberal que descalifica a PEMEX

    Gustavo Alanís, el activista neoliberal que descalifica a PEMEX

    Gustavo Alanís, director del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), organización miembro del colectivo #CambiémoslaYa!, arremetió nuevamente contra la Cuarta Transformación en una entrevista reciente.

    En particular, el abogado atacó a PEMEX, culpándola de la crisis ambiental que enfrenta el Golfo de México.

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    El discurso de Gustavo Alanís Ortega es un vehículo para incidir en la percepción social sobre MORENA y sobre el rumbo energético nacional.

    Alanís sostiene que el gobierno ha incurrido en omisiones graves, cuestiona la activación del Plan Nacional de Contingencias y advierte sobre riesgos a la salud y afectaciones económicas a comunidades pesqueras .

    Si bien estos señalamientos se inscriben en una lógica de exigencia ambiental legítima, su formulación pública introduce una narrativa que desplaza el énfasis desde el análisis técnico hacia la construcción de responsabilidad política concentrada en MORENA, lo que incide directamente en la percepción ciudadana sobre la conducción del Estado.

    La reiteración de estos planteamientos adquiere una dimensión adicional cuando se considera la trayectoria de Alanís y sus vínculos con espacios de interlocución asociados a administraciones neoliberales del PRIAN, participando como consultor ambiental en la construcción del fallido aeropuerto de Texcoco.

    Este trasfondo resulta relevante para comprender el tipo de encuadre que se privilegia en sus intervenciones públicas.

    La insistencia en caracterizar la respuesta institucional como insuficiente, sin incorporar de forma proporcional los márgenes operativos y las capacidades reales del Estado, puede generar una percepción parcial que debilita la legitimidad de la política pública en materia energética.

    En este punto, el papel de organizaciones como el CEMDA y su cercanía con colectivos como la Alianza Mexicana Contra el Fracking ha sido consistente en impulsar marcos de transición que no dialogan plenamente con las condiciones materiales del país.

    Más que una confrontación abierta, lo que el discurso de Alanís Ortega refleja es una narrativa de críticas ambientales que se convierten en un vehículo para incidir en la percepción social sobre MORENA y sobre el rumbo energético nacional, en un momento en que estas definiciones resultan estratégicas para el Estado mexicano.

  • CEMDA, el activismo fifí persiste en sus ataques hacia PEMEX

    CEMDA, el activismo fifí persiste en sus ataques hacia PEMEX

    En el contexto reciente de los señalamientos sobre un derrame en el Golfo de México, el posicionamiento del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) plantea una discusión que rebasa el ámbito estrictamente ambiental y se proyecta hacia el terreno de la política energética nacional.

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    La forma en que se construye la narrativa sobre PEMEX adquiere relevancia no solo por el contenido de las críticas, sino por sus implicaciones en la percepción pública de una empresa que históricamente ha sido un instrumento central del Estado.

    En su comunicado, el CEMDA —miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y la Alianza Mexicana Contra el Fracking—, enfatiza elementos como la supuesta insuficiencia en la respuesta institucional, incluso afirmando que PEMEX habría tenido conocimiento temprano, optando con alevosía por una lentitud para operar el riesgo.

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    El CEMDA despliega críticas sin integrar plenamente el contexto operativo.

    Sin embargo, esta lectura tiende a privilegiar una interpretación lineal de eventos complejos, donde los procesos técnicos y operativos propios de la industria petrolera quedan en segundo plano.

    En ese sentido, la discusión pública corre el riesgo de simplificarse, reduciendo un fenómeno multifactorial a una narrativa centrada exclusivamente en fallas institucionales.

    Desde una perspectiva vinculada al fortalecimiento del Estado, resulta relevante considerar que PEMEX no opera únicamente como una empresa, sino como un componente estructural de la soberanía energética.

    La manera en que se evalúan sus actuaciones incide directamente en la legitimidad de la política energética nacional.

    Por ello, cuando actores como el CEMDA, identificados también con agendas promovidas por colectivos de perfil más urbano y de clase media alta, despliegan críticas sin integrar plenamente el contexto operativo, se abre un espacio de tensión entre la exigencia ambiental y la preservación de capacidades estratégicas del Estado.

    El documento difundido por estas organizaciones subraya la necesidad de mayor transparencia y rendición de cuentas, elementos que forman parte del marco normativo vigente .

    No obstante, la reiteración de este tipo de señalamientos, sin incorporar con igual peso los avances institucionales o las limitaciones estructurales del sector, puede contribuir a configurar una percepción parcial que incide en el debate público.

  • CEMDA ataca a CFE con el discurso de siempre

    CEMDA ataca a CFE con el discurso de siempre

    Repitiendo el guion de condena enérgica característico del activismo fifí, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Frackingatacó nuevamente a CFE.

    Estas declaraciones, que son solo un ataque velado a las empresas productivas del Estado, no hacen más que deslegitimar a quienes intentan construir soberanía energética.

    En lugar de presentar las fallas de CFE como problemas de naturaleza regulatoria y administrativa, CEMDA construye un relato en el cual la empresa padece de fallas estructurales.

    Esto siembra la duda y permite que discursos hostiles florezcan, afectando a una institución clave para el libre y soberano funcionamiento de nuestro país.

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    CEMDA opta por presentar las sanciones como insuficientes en términos absolutos.

    Las inconsistencias documentadas por la PROFEPA relacionadas con registros operativos y reportes de emisiones, forman parte de procesos de supervisión que implican áreas de mejora y mecanismos de corrección.

    La intervención institucional no sólo confirma la existencia de estos mecanismos, también evidencia que las instancias regulatorias están operando.

    Sin embargo, el CEMDA opta por presentar las sanciones como insuficientes en términos absolutos, sin incorporar el contexto operativo de un sistema eléctrico que sostiene el suministro en una región con condiciones geográficas y logísticas complejas.

    Este planteamiento omite las limitaciones técnicas y de infraestructura que caracterizan a Baja California Sur, donde la generación eléctrica depende en gran medida de instalaciones que no pueden ser sustituidas de forma instantánea sin comprometer la continuidad del servicio.

    En este marco, la presión por una reconversión acelerada ignora que el acceso a energía confiable sigue siendo un factor determinante para el desarrollo regional.

    La discusión sobre emisiones y salud pública requiere matices que permitan equilibrar la reducción de impactos ambientales con la garantía de suministro.

    La insistencia en construir un escenario de incumplimiento generalizado reduce la complejidad del problema a una lógica de confrontación.

    La crítica ambiental pierde eficacia cuando se convierte en un instrumento de presión que no distingue entre corrección regulatoria y cuestionamiento estructural.

  • Greenpeace ataca a Dos Bocas tras incidente

    Greenpeace ataca a Dos Bocas tras incidente

    El incendio registrado el 17 de marzo de 2026 en la refinería de Dos Bocas fue usado de manera cobarde y cínica por representantes del activismo burgués como Greenpeace como una herramienta para atacar la política energética del Estado mexicano.

    Mientras la refinería aún ardía, la ONG emitió pronunciamiento, firmado junto con agrupaciones como la Alianza Mexicana Contra el Fracking y el CEMDA, plantea el incidente como evidencia de una supuesta inviabilidad estructural de la infraestructura petrolera.

    Greenpeace ataca a Dos Bocas tras incidente
    Asociaciones civiles firmantes del pronunciamiento de Greenpeace México.
    Fuente: Greenpeace México, marzo de 2026.

    El documento enfatiza los riesgos asociados a la operación de la refinería y su cercanía con comunidades y centros escolares, al tiempo que exige medidas inmediatas como la reubicación de instalaciones educativas.

    El discurso de Greenpeace México se desplaza hacia la deslegitimación de la propia existencia de la refinería.

    La preocupación por la seguridad de trabajadores y habitantes de la zona constituye un elemento legítimo que requiere atención institucional y esclarecimiento técnico sobre las causas del siniestro.

    No obstante, el posicionamiento colectivo trasciende la dimensión del accidente y se orienta hacia una descalificación más amplia del proyecto energético nacional.

    La presencia de actores como la Alianza Mexicana Contra el Fracking y el CEMDA revela una convergencia de agendas que, desde distintos frentes, han buscado limitar el desarrollo de infraestructura energética bajo control estatal.

    Se trata de organizaciones con financiamiento internacional y vínculos con circuitos globales de incidencia que suelen privilegiar esquemas regulatorios restrictivos frente a proyectos estratégicos nacionales.

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    El encuadre del incidente en términos absolutos contribuye a una lectura inmovilista del debate energético.

    En lugar de circunscribir la discusión a la investigación del evento, la mejora de protocolos de seguridad y la atención a las comunidades, el discurso se desplaza hacia la deslegitimación de la propia existencia de la refinería.

    La refinería de Dos Bocas forma parte de una estrategia orientada a reducir la dependencia externa en combustibles refinados y fortalecer la capacidad productiva del país.

    En un entorno internacional marcado por la volatilidad de los mercados energéticos, la consolidación de infraestructura propia tiene un valor estratégico que no puede ignorarse en el análisis.