El derrame de petróleo en Veracruz ha sido utilizado por una amplia red de organizaciones civiles para atacar a PEMEX, como ya lo hicieron colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra El Fracking, entre los firmantes del pronunciamiento difundido en los últimos días se encuentra Greenpeace México, organización que desde hace décadas mantiene una postura sistemática de confrontación hacia la empresa pública petrolera.

Fuente: Greenpeace México, marzo de 2026.
Las demandas de información, limpieza de las playas y apoyo económico para los habitantes de la región forman parte de un reclamo legítimo frente a una contingencia ambiental que requiere investigación, reparación y atención estatal.
Greenpeace México y otras organizaciones alimentan una campaña de descrédito contra Pemex.
Sin embargo, dentro de esa articulación también se despliega una narrativa orientada a responsabilizar políticamente a PEMEX de manera absoluta, incluso cuando el origen del derrame y su magnitud total continúan bajo análisis técnico.
Además, la organización procede a atacar la realidad de las comunidades petroleras de Veracruz y Tabasco con calificaciones que rozan la aporofobia.
Greenpeace y otras organizaciones han aprovechado la coyuntura para alimentar una campaña de descrédito contra la empresa pública, presentándola como símbolo de una industria inherentemente destructiva.
El posicionamiento de Greenpeace México confirma una tradición de activismo ambiental que suele operar en sintonía con agendas impulsadas desde centros financieros y fundaciones privadas del norte global.
Este tipo de organizaciones promueve narrativas que terminan debilitando la legitimidad de empresas públicas estratégicas en países del sur.
Las comunidades afectadas en Veracruz y Tabasco merecen información transparente, reparación ambiental y apoyo económico inmediato.
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Ese reclamo no está en discusión. Lo que resulta cuestionable es la utilización de la contingencia para impulsar una deslegitimación generalizada de PEMEX en un momento en que la soberanía energética vuelve a ocupar un lugar central dentro del escenario geopolítico global.
Defender el medio ambiente y defender a PEMEX como patrimonio colectivo forman parte de una misma disputa histórica contra los intereses que buscan debilitar la capacidad del Estado para conducir su propio desarrollo.







