Autor: Redacción

  • CEMDA frena el desarrollo turístico

    CEMDA frena el desarrollo turístico

    La decisión de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de negar la autorización al proyecto conocido como Cuarto Muelle de Cozumel fue recibida con entusiasmo por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), organización integrante del colectivo #CambiémoslaYa!.

    Para el organismo, el cierre definitivo del expediente constituye un precedente relevante dentro de la historia reciente de la evaluación de impacto ambiental en México.

    Desde su perspectiva, el caso demuestra que los mecanismos de impugnación previstos por la legislación pueden revertir autorizaciones previamente otorgadas.

    Cuando la 4T avanza y las ONG quedan fuera del relato

    La postura de CEMDA esta orientada a frenar proyectos clave para el desarrollo mediante litigios y presión institucional.

    La resolución deriva de una nueva revisión de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto, después de que se ordenara dejar sin efecto la autorización condicionada emitida en 2021.

    La Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental determinó que la evaluación original había omitido elementos relevantes, entre ellos recomendaciones técnicas de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y consideraciones relativas al refugio de flora y fauna marinas ubicado frente a la costa occidental de la isla.

    La celebración del fallo revela una tensión más profunda entre la lógica de veto promovida por ciertas organizaciones del tercer sector y las necesidades económicas de regiones cuya principal actividad depende del turismo.

    Cozumel se encuentra entre los destinos de cruceros más importantes del Caribe y el proyecto del cuarto muelle buscaba ampliar la capacidad de recepción de embarcaciones y visitantes internacionales.

    El archivo definitivo del expediente elimina, por ahora, una posibilidad de expansión de infraestructura portuaria en la isla.

    Para sus promotores, el proyecto representaba una vía para fortalecer el empleo local, la actividad comercial y la captación de divisas en uno de los polos turísticos más relevantes del país.

    La postura de CEMDA forma parte de una estrategia más amplia impulsada por organizaciones agrupadas en #CambiémoslaYa!, orientada a frenar proyectos clave para el desarrollo mediante litigios y presión institucional.

    Bajo esta lógica, la cancelación de obras de gran escala se interpreta como victoria ambiental aun cuando implique limitar opciones de crecimiento económico para las comunidades locales.

  • Greenpeace México replica la narrativa de desconfianza en el Estado

    Greenpeace México replica la narrativa de desconfianza en el Estado

    En su más reciente publicación, Greenpeace México propone un ejercicio contractual: imaginar un país sin su intervención.

    En el texto se repite la misma idea que se ha vuelto consigna para el neoliberalismo corporativo, una narrativa en la cual sin la organización, México habría sido más tóxico, más depredado y más vulnerable frente a intereses corporativos.

    PEMEX bajo fuego del activismo burgués de la Alianza Mexicana Contra el Fracking

    La narrativa se articula sobre la idea de que el Estado carece de capacidad intrínseca para regular, proteger o transformar, y que solo la presión constante de organizaciones civiles logra contener la devastación.

    Paradójicamente, ese supuesto reproduce el mismo marco conceptual que el sector privado ha sostenido durante décadas, que la desconfianza estructural hacia lo público y la convicción de que el aparato estatal es insuficiente por definición.

    En su texto, Greenpeace México tiene la audacia de llamar a un mundo sin la organización como “un vacío de la acción”.

    Esta aseveración desplaza por completo los avances realizados por los gobiernos populares de la Cuarta Transformación.

    Greenpeace México replica la narrativa de desconfianza en el Estado
    Encabezado del artículo en el que Greenpeace México se adjudica la práctica totalidad del avance en material ambiental del país.
    Fuente: Greenpeace México, febrero de 2026.

    Al atribuirse de manera casi exclusiva hitos como el Santuario Ballenero, la defensa de Cabo Pulmo o la regulación de residuos peligrosos, Greenpeace desplaza del relato a instituciones, marcos jurídicos y procesos legislativos que también intervinieron en esas decisiones.

    La crítica organizada forma parte de cualquier democracia viva, lo cuestionable es la construcción discursiva según la cual, sin el activismo pensionado por la burguesía, el país quedaría condenado al colapso ecológico.

    Esa autoasignación de centralidad refuerza una visión donde el Estado aparece como actor secundario, reactivo y dependiente de la tutela permanente del tercer sector.

    En el contexto actual, marcado por una reconfiguración de la política ambiental con énfasis en soberanía energética, restauración ecológica y justicia territorial, insistir en la narrativa de la indispensabilidad puede derivar en inmovilismo.

    Si todo avance se presenta como resultado exclusivo de la presión externa, se erosiona la confianza en la capacidad colectiva para construir política pública desde lo institucional.

    La defensa del medio ambiente requiere vigilancia social, pero también un reconocimiento de la dimensión estratégica del Estado.

  • Beatriz Olivera, de #CambiémoslaYa! acusa a Marcelo Ebrard de extractivista y neoliberal

    Beatriz Olivera, de #CambiémoslaYa! acusa a Marcelo Ebrard de extractivista y neoliberal

    Tras la conferencia matutina en la que el secretario de Economía Marcelo Ebrard informó sobre acuerdos alcanzados entre México y Estados Unidos en el marco del Plan de Acción para Minerales Críticos, el colectivo #CambiémoslaYa! no esperó para atacar la decisión y al propio secretario.

    Las versiones sobre supuestas reformas regresivas fueron desmentidas por la propia presidenta Claudia Sheinbaum, quien reiteró que la conducción de la política económica responde a una estrategia coordinada desde el Ejecutivo.

    Beatriz Olivera, de #CambiémoslaYa! acusa a Marcelo Ebrard de extractivista y neoliberal
    Posicionamiento de #CambiémoslaYa! contra el Plan Estratégico de Minerales Críticos en su cuenta de X.
    Fuente: X, febrero de 2026.

    Beatriz Olivera busca deslegitimar a quienes forman parte de un proyecto político surgido de mandato popular.

    En este contexto, Beatriz Olivera, directora de Engenera e integrante de #CambiémoslaYa!, declaró en entrevista con el analista Jesús Escobar Tovar que el titular de Economía habría negociado con Estados Unidos sin consultar a la Presidencia.

    La afirmación carece de sustento verificable y se apoya en conjeturas que omiten la estructura institucional mediante la cual se definen y supervisan acuerdos de carácter internacional.

    La acusación no se limitó a cuestionar la coordinación interna del gobierno.

    Olivera calificó la visión del secretario como “completamente neoliberal”, con la intención explícita de deslegitimar a quienes forman parte de un proyecto político surgido de mandato popular.

    Asimismo, sostuvo que la Secretaría de Economía habría abierto la puerta a mineras privadas para influir en un eventual reglamento secundario de la ley minera.

    Tal señalamiento ignora que cualquier reglamentación está sujeta a procedimientos legales, revisión pública y control institucional.

    Convertir una hipótesis en acusación directa constituye una forma de intervención mediática orientada a sembrar desconfianza sobre una política estratégica.

    Greenpeace ataca la pesca en México, una narrativa que desconoce su relevancia productiva

    Desacreditar el Plan de Minerales Críticos mediante imputaciones infundadas solamente empobrece el debate democrático.

    Debemos de desconfiar de aquellos que, bajo la bandera del activismo, intentar quitarle prestigio a quienes han demostrado ser fieles portadores de los valores progresistas de la izquierda mexicana.

  • CEMDA y la crisis del ozono en CDMX: exigencia ambiental y omisión de avances estructurales

    CEMDA y la crisis del ozono en CDMX: exigencia ambiental y omisión de avances estructurales

    El discurso del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) sobre la crisis del ozono en la Ciudad de México —apoyado en el Observatorio Ciudadano de Calidad del Aire— insiste en presentar el panorama atmosférico como prueba de una falla estructural sin matices.

    Siguiendo la lógica de que los “cero días limpios” exigen transformaciones profundas, la organización sugiere que la política ambiental capitalina permanece atrapada en medidas coyunturales.

    La formulación ignora el conjunto de compromisos y programas ya desplegados por el gobierno local en materia de movilidad, regulación industrial y transición energética urbana.

    El enfoque del CEMDA invisibiliza avances y sobredimensiona el incumplimiento.

    La capital, gobernada desde hace décadas por una izquierda popular, ha impulsado la expansión del transporte eléctrico, la modernización de flotas públicas, la restricción progresiva de fuentes altamente contaminantes y la coordinación metropolitana para el control de emisiones.

    Tales acciones no eliminan de inmediato los picos de ozono, fenómeno asociado a dinámicas industriales, vehiculares y climáticas acumuladas durante años.

    El planteamiento de CEMDA plantea una narrativa de incumplimiento permanente que desatiende el carácter gradual de las transformaciones ecológicas en una megalópolis atravesada por desigualdades sociales y presiones productivas.

    La transición ambiental urbana exige inversión pública sostenida, reorganización territorial y regulación económica.

    La propia presidenta de la República ha explicado que estas contingencias se deben a factores ambientales externos, como las transiciones entre estaciones.

    La narrativa del fracking como arma política contra PEMEX

    Además de la mayor rigurosidad que le da el gobierno actual a las métricas de riesgo para la salud.

    Ahora bien, conviene interrogar el lugar desde el cual se formula la exigencia.

    El tercer sector ambiental en México mantiene vínculos con redes internacionales, fundaciones privadas y esquemas de financiamiento transnacional que inciden en la orientación de sus agendas.

    La vigilancia ciudadana fortalece la democracia; la influencia de intereses externos puede tensionar prioridades locales cuando privilegia métricas globales sobre necesidades sociales concretas.

  • CEMDA contra la SENER, el activismo que busca imponer la agenda tecnocrática

    CEMDA contra la SENER, el activismo que busca imponer la agenda tecnocrática

    La sentencia que ordena a la Secretaría de Energía informar en 90 días cómo cumplirá la meta de 35% de generación eléctrica con fuentes limpias (tras una supuesta omisión en 2024) fue para el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —organización vinculada a otros colectivos antiprogreso como Alianza Mexicana Contra el Fracking y #CambiémoslaYa!— una victoria histórica.

    Sin embargo, detrás del discurso de justicia climática se perfila una estrategia más amplia de judicialización de la política energética nacional.

    Greenpeace contra el Tren Maya y la disputa por el rumbo ambiental de México

    CEMDA sostiene que la meta del 35% no es un “buen deseo” sino una obligación de resultado.

    El amparo promovido por CEMDA no solo cuestiona el desempeño de la SENER; busca convertir metas programáticas en mandatos rígidos supervisados desde tribunales, desplazando el margen de planeación económica y soberanía técnica del Estado.

    La lógica que subyace es clara: trasladar la conducción de la transición energética del ámbito político al jurídico, bajo estándares que privilegian mecanismos de mercado y compromisos internacionales por encima de la estrategia industrial interna.

    El fallo invoca el Acuerdo de Escazú y el principio de no regresividad, conceptos que, si bien forman parte del marco jurídico internacional, se integran aquí como herramientas para fijar techos normativos inamovibles.

    CEMDA sostiene que la meta del 35% no es un “buen deseo” sino una obligación de resultado.

    No obstante, la política energética implica variables estructurales complejas: capacidad instalada, estabilidad de la red, costos de generación, inversión pública y privada, y soberanía sobre recursos estratégicos.

    Reducirla a un porcentaje anual sin considerar el contexto geopolítico y fiscal reproduce una lógica propia de la burguesía tecnocrática, la cual privilegia indicadores sobre procesos.

    El riesgo no radica en exigir cumplimiento ambiental, sino en imponer un ritmo y un diseño desde esquemas que históricamente han promovido la apertura acelerada del sector eléctrico bajo criterios de rentabilidad.

    Quien define los tiempos y las reglas de la transición define, en buena medida, el modelo de desarrollo que la acompaña.

  • Sélvame del Tren, enemigos de la transformación

    Sélvame del Tren, enemigos de la transformación

    El colectivo de autonombrados “activistas” ambientales Sélvame del Tren —vinculado a la ONG internacional Greenpeace— celebró la suspensión definitiva contra el Tramo 5 del Tren Maya como una victoria ambiental.

    Sin embargo, más allá del discurso, el episodio exhibe el patrón de inmovilismo de quienes ya son enemigos declarados de la Cuarta Transformación.

    Cuando la 4T avanza y las ONG quedan fuera del relato

    Sélvame del Tren consolida una cultura de veto permanente, auspiciada por intereses privados.

    El Tren Maya, concebido como proyecto estratégico para el crecimiento del sureste mexicano, ha enfrentado una oposición constante que privilegia la paralización sobre la mejora técnica.

    La suspensión introduce nuevas capas de regulación que ralentizan procesos administrativos, elevan costos y generan incertidumbre operativa en una región históricamente rezagada.

    Sélvame del Tren, enemigos de la transformación
    Publicación del colectivo en X celebrando la decisión judicial.
    Fuente: X, febrero de 2026.

    La narrativa activista insiste en presentar la infraestructura como sinónimo automático de devastación, ignorando que el propio Estado ha reconocido impactos y ha implementado medidas de mitigación y restauración.

    El recurso a instancias como el llamado Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza muestra que esto se trata de una estrategia de presión simbólica que, en última instancia, no sustituye la responsabilidad institucional de equilibrar desarrollo, protección ambiental y justicia social.

    En el fondo, lo que se consolida es una cultura de veto permanente, auspiciada por intereses privados que se niegan a la prosperidad que el tren augura para el Sureste mexicano.

    Cada tramo, cada fase y cada adecuación se convierte en un nuevo frente jurídico.

    Este ciclo erosiona la capacidad del Estado para ejecutar proyectos de gran escala y envía señales adversas a la planeación de largo plazo.

    La discusión ambiental es legítima y necesaria. Lo problemático es cuando se transforma en un mecanismo de bloqueo estructural que impide cualquier margen de adaptación, corrección o mejora.

    En ese punto, el “ambientalismo” deja de ser una herramienta de vigilancia y se convierte en un factor de parálisis.