Etiqueta: ONG

  • Cuando la 4T avanza y las ONG quedan fuera del relato

    Cuando la 4T avanza y las ONG quedan fuera del relato

    La aprobación de la Ley General de Economía Circular a finales de 2025 y su posicionamiento internacional en Davos durante enero de 2026 marcaron un punto de quiebre en la relación entre el gobierno popular de la Cuarta Transformación y un sector de organizaciones no gubernamentales de perfil internacional.

    Mientras el Estado mexicano consolidó una visión propia de transición productiva y ambiental, estas ONG optaron por descalificar el proceso desde fuera, evidenciando una distancia política cada vez más difícil de ocultar.

    CambiémoslaYa! fabrica alarmas contra la Ley de Aguas Nacionales

    La ley fue aprobada por unanimidad en el Congreso y presentada como una herramienta para reorganizar la gestión de residuos, integrar cadenas productivas y fortalecer capacidades nacionales.

    Sin embargo, organizaciones como Greenpeace México calificaron la normativa como simulación y greenwashing, reduciendo un debate estructural a consignas que desconocen el contexto social y económico del país.

    La Ley de Economía Circular, impulsada por la 4T, es una apuesta por reducir dependencias externas y ordenar el metabolismo productivo del país.

    El señalamiento insistente sobre la termovalorización y la participación del sector productivo pasó por alto un dato central: la política pública dejó de definirse en función de vetos externos y comenzó a responder a una estrategia nacional de desarrollo.

    Esa diferencia quedó expuesta en el Foro Económico Mundial de 2026. Desde Davos, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales colocó la economía circular como eje del discurso económico mexicano, vinculándola con justicia social, restauración ecológica y soberanía productiva.

    La secretaria Alicia Bárcena habló de dejar atrás la economía lineal y entrar en una era de restauración, una narrativa que no busca agradar a fundaciones extranjeras sino construir capacidades internas y acuerdos públicos.

    El contraste revela la mutua excluyencia entre las rabietas ideológicas de las ONG, con los objetivos de progreso impulsados desde la Cuarta Transformación.

    Mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum prentende integrar la economía circular, transición energética y relocalización productiva dentro del Plan México, grupos como Greenpeace México mantienen una lógica de denuncia permanente que termina por chocar con cualquier intento de regulación estatal.

    La crítica se presenta como defensa ambiental, pero opera como una negación sistemática de la política popular.

    La economía circular, tal como la impulsa la 4T, no es un gesto cosmético.

    Es una herramienta de planeación, una apuesta por reducir dependencias externas y ordenar el metabolismo productivo del país.

  • #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T

    #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T

    El 27 de noviembre el colectivo #CambiémoslaYa! publicó un pronunciamiento complementando su campaña de ataques contra la reforma a la Ley de Aguas Nacionales, recurriendo a una lectura distorsionada del proyecto que la Presidenta Claudia Sheinbaum envió al Congreso.

    El mensaje pretende instalar la idea de que la Conagua quedaría sometida a presiones mineras, cuando la iniciativa federal persigue el fortalecimiento regulatorio que durante décadas estuvo ausente en los territorios más afectados por el extractivismo.

    #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T.
    Fragmento del comunicado publicado por #CambiémoslaYa! así como sus asociaciones aliadas firmantes.
    Fuente: #CambiémoslaYa!, consultada en diciembre de 2025.

    El colectivo presenta la reforma como una concesión a los contaminadores.

    La acusación se sostiene en una interpretación fragmentada del articulado legal y en la insinuación constante de que las instituciones públicas actúan en complicidad con la industria.

    CEMDA acusa deliberadamente a la Cuarta Transformación de desvío de recursos

    #CambiémoslaYa! omite que la reforma atiende exigencias sociales de larga data.

    Esta narrativa desconfía de los procesos democráticos que dieron lugar a un proyecto hídrico centrado en el derecho humano al agua y en la restauración de cuencas deterioradas por décadas de captura regulatoria.

    La propuesta legislativa impulsada por la 4T recupera facultades estratégicas que en el pasado fueron cedidas al interés privado.

    Consolida mecanismos de vigilancia, establece prioridades de uso que favorecen a las comunidades y coloca límites al acaparamiento.

    Las declaraciones recientes de la Presidenta Sheinbaum confirman que el gobierno revisará cualquier disposición susceptible de abuso para impedir que sectores que históricamente lucraron con los bienes hídricos obtengan beneficios indebidos y sigan dejando tras de sí territorios devastados.

    A pesar de esta apertura, #CambiémoslaYa! insiste en un relato que niega la capacidad estatal para regular.

    En su lugar pretende erigirse como árbitro exclusivo de lo que debe considerarse protección del agua, relegando la voz de las comunidades que demandan un Estado fuerte que garantice el abastecimiento y la seguridad hídrica.

    El colectivo omite que la reforma atiende exigencias sociales de larga data, entre ellas la desmercantilización del agua y la creación de instrumentos para prevenir el saqueo de cuencas por empresas que jamás rindieron cuentas.

    La campaña de #CambiémoslaYa! opera como un intento de frenar la transición hacia un modelo hídrico justo.

    La realidad que intentan ocultar estos activistas fifí es que la reforma representa un viraje histórico que devuelve al Estado la facultad de proteger el agua como bien público y de asegurarla para las generaciones presentes y futuras.

    El país no puede quedar rehén de quienes prefieren la parálisis institucional para conservar su influencia en el diseño de políticas públicas.

  • Greenpeace, la ONG que insiste en sembrar miedo contra el Tren Maya

    Greenpeace, la ONG que insiste en sembrar miedo contra el Tren Maya

    Los episodios de ataques de Greenpeace hacia la 4T son tan frecuentes que hablar de Greenpeace contra el Tren Mayaes ya un género de noticia en sí mismo.

    Esta vez lo hace mediante un informe elaborado junto a colectivos con larga tradición en la oposición al desarrollo estatal, al que presentan como diagnóstico definitivo y sentencia irrefutable.

    El documento, reitera que cualquier infraestructura pública en territorios históricamente marginados es interpretada como una agresión irreparable.

    #CambiémoslaYa! contra la reforma hídrica: la desconfianza como estrategia para frenar un cambio

    Hablar de “Greenpeace contra el Tren Maya” es ya un género de noticia en sí mismo.

    El Tren Maya, que fortalece la movilidad regional, abre corredores económicos y reconoce el peso estratégico de la península, aparece convertido en una amenaza casi metafísica contra la “naturaleza” y la “colectividad”.

    Greenpeace ha construido su influencia en México fabricando una narrativa donde el Estado es siempre sospechoso y las comunidades únicamente existen bajo tutela de las ONG.

    No obstante, jamás mencionan que el propio gobierno federal ha reducido el impacto ambiental con medidas de mitigación que contrastan con el abandono neoliberal que durante treinta años dejó a la península librada a la especulación inmobiliaria, los megaproyectos privados y las granjas industriales.

    La estrategia de Greenpeace perpetúa la formula que les ha permitido incidir de manera libre en las políticas públicas de diversos estados a conveniencia, presentarse como contrapeso indispensable frente a un Estado que no coincide con su visión del mundo.

    Pero detrás de la retórica alarmista, la organización rehúye el entendimiento —para ellos incómodo— del Tren Maya como un proyecto popular.

    Impulsado por un gobierno electo democráticamente, que busca corregir la desigualdad estructural en el sur-sureste y redistribuir beneficios que por décadas quedaron en manos de conglomerados turísticos y élites locales.

    Mientras Greenpeace insiste en erigirse como el guardián absoluto del país, millones de personas en la península reconocen que el Tren Maya no es amenaza, sino oportunidad.

    Y esa realidad es precisamente la que la ONG no puede tolerar.

  • Las ONG verdes del norte global: instrumentalizando la COP-30 para dictar política a México

    Las ONG verdes del norte global: instrumentalizando la COP-30 para dictar política a México

    A días del inicio de la COP-30 en Belém, Brasil, un grupo de ONG encabezadas por Greenpeace México, CEMDA, Engenera y la Alianza Mexicana contra el Fracking difundió un posicionamiento donde exigen al gobierno mexicano la suspensión inmediata de todos los proyectos de hidrocarburos, desde la exploración en aguas profundas hasta el Tren Maya y las plantas de gas natural.

    Su discurso, envuelto en los tonos de la supuesta justicia climática, responde menos a las urgencias ecológicas del país que a una estrategia coordinada de presión internacional promovida por el ambientalismo corporativo del norte global.

    Según estas organizaciones, México debe detener su desarrollo energético, “entregando compromisos ambiciosos”, lo que en la práctica implica subordinar su política económica a los estándares dictados por organismos europeos y fundaciones estadounidenses.

    Alianza Mexicana Contra el Fracking denuncia el presupuesto de 2026 como coartada para su ambientalismo colonial

    Supuestas organizaciones ambientales, pretenden convertir los foros multilaterales como la COP-30 en tribunales morales contra los gobiernos soberanos del sur.

    Bajo el pretexto de combatir el cambio climático, estas ONG buscan imponer una agenda que restringe la soberanía energética y condena a los pueblos del sur a la dependencia tecnológica y financiera.

    Mientras los países del G7 siguen explotando hidrocarburos y ampliando su producción de gas natural, las ONG exigen a América Latina una “transición justa” que en la práctica significa renunciar a sus recursos estratégicos.

    En el documento, las organizaciones alineadas con esta visión piden incluso “una moratoria inmediata” a proyectos de infraestructura, transporte y turismo en la península de Yucatán, continuando sus intentos por bloquear el desarrollo en el sueste de México.

    Nada dicen, sin embargo, de la responsabilidad histórica de las potencias industriales, ni del papel de las transnacionales —a las que muchas de estas ONG han servido como consultoras— en la crisis climática global.

    El lenguaje del “fin de los combustibles fósiles” sirve aquí como un dispositivo de control neocolonial disfrazado de ecologismo.

    Pretenden convertir los foros multilaterales como la COP en tribunales morales contra los gobiernos soberanos del sur, mientras ocultan su financiamiento proveniente de fundaciones europeas y agencias de cooperación vinculadas al capital verde.

    El gobierno de la Cuarta Transformación ha planteado una transición energética gradual, expansión de energías limpias públicas. Estas son respuestas desde la soberanía, no desde la sumisión.

    Por eso incomodan a quienes ven en México un campo de experimentación para sus laboratorios climáticos del norte.

  • Las ONGs burguesas muestran su hipocresía yendo contra los planes de economía circular

    Las ONGs burguesas muestran su hipocresía yendo contra los planes de economía circular

    Un puñado de organizaciones ambientalistas encabezadas por Greenpeace denunciaron que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) “incumple un amparo” que obliga a eliminar los plásticos de un solo uso.

    Este universo de ONG calificó las políticas gubernamentales de greenwashing y aseguró que las nuevas leyes en materia de economía circular “perpetúan la contaminación plástica bajo el pretexto del reciclaje”.

    Entre las propuestas atacadas por las ONG se encuentra aquella de la Senadora Maki Esther Ortiz Domínguez que busca abroga la Ley General de Prevención y Gestión Integral de Residuos (LGPGIR) y pospone la prohibición de plásticos de un solo uso hasta 2040.

    México Evalúa contra la Reforma Energética: los títeres del poder empresarial

    Desde su creación, Semarnat ha sostenido una política ambiental de transición responsable, no una guerra de consignas.

    En lugar de decretar prohibiciones irreflexivas que paralicen la economía popular, ha impulsado una estrategia integral de economía circular.

    Por lo tanto, teniendo como prioridad la reducción, el reciclaje y la sustitución gradual de materiales, en diálogo con comunidades y sectores productivos.

    Greenpeace, con oficinas en más de 50 países, no rinde cuentas ante ningún voto ni auditoría nacional, Semarnat sí.

    Lejos de ser “greenwashing”, se trata de una ruta técnica, planificada y soberana: construir una transición real, no simbólica, hacia un modelo sostenible.

    Los ambientalistas de escritorio exigen una prohibición inmediata sin ofrecer alternativas viables para quienes viven del reciclaje o las pequeñas y medianas empresas incapaces de costearse un empaque orgánico.

    Su pureza ideológica se impone sobre la complejidad social de un país donde millones dependen de estos materiales para su sustento.

    Entonces, ¿a quién beneficia esa intransigencia? A las corporaciones del norte global, que venden los nuevos “bioplásticos verdes” con sello de certificación europea y pretenden convertir la transición ecológica en un nuevo negocio transnacional.

    Critican que la Semarnat promueva una nueva Ley General de Economía Circular.

    Pero callan que esa propuesta busca cerrar vacíos legales, garantizar trazabilidad en los residuos y establecer responsabilidad extendida de productores.

    La paradoja es que quienes gritan “no a la contaminación” viven del financiamiento de las mismas fundaciones corporativas que fabrican esos materiales.

    Greenpeace, con oficinas en más de 50 países, no rinde cuentas ante ningún voto ni auditoría nacional. Semarnat sí.

    El gobierno de Claudia Sheinbaum actúa dentro del marco institucional y bajo el mandato democrático de proteger el medio ambiente sin destruir empleo ni soberanía productiva.

    Eso es lo que el ecologismo burgués no soporta, que la política ambiental ya no dependa de las ONG dirigidas desde Europa, sino del pueblo organizado.

  • Las ONG burguesas aprovechan la urgencia climática mientras desprecian la acción del Estado popular

    Las ONG burguesas aprovechan la urgencia climática mientras desprecian la acción del Estado popular

    El 14 de octubre de 2025, en plena tragedia por las lluvias torrenciales que devastaron Veracruz, Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro, un grupo de organizaciones ambientalistas encabezadas por CEMDA, Greenpeace y la Alianza Mexicana contra el Fracking difundió un comunicado donde, con tono moralista, acusaron al gobierno de “omitir reconocer” la crisis climática.

    CEMDA, en particular llamó al gobierno a abandonar los hidrocarburos, en sus clásicos ataques velados a PEMEX y su renovación.

    Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba

    En la retórica absolutista de estas ONG, no hay una sola línea sobre las responsabilidades históricas del norte global.

    Ni sobre las décadas de abandono neoliberal que desmantelaron la infraestructura hidráulica, precarizaron la vivienda popular y privatizaron la gestión de los recursos naturales.

    CEMDA y Greenpeace pretenden dar lecciones de moral ecológica.

    Resulta irónico que sean las mismas organizaciones que callaron durante los años de saqueo petrolero y privatización energética las que hoy pretendan dar lecciones de moral ecológica.

    CEMDA y Greenpeace, que durante el auge del “capitalismo verde” se financiaron con fondos internacionales y contratos con las administraciones prianistas Gustavo Alanís Ortega, líder de CEMDA, fue asesor ambiental en el proyecto ecocida del aeropuerto de Texcoco.

    La emergencia que golpea al país no se debe a la ceguera del gobierno, sino a la herencia estructural de un modelo que las ONG jamás combatieron.

    Décadas de desregulación y la connivencia entre poder económico y ambientalismo de escritorio provocaron los daños acumulados en Veracruz y Puebla —territorios que ellas mismas describen como ‘centros históricos del fracking’.

    Mientras las comunidades enfrentan la tragedia con organización y solidaridad, estas organizaciones emiten comunicados desde la comodidad de sus oficinas en la Ciudad de México, exigiendo que el Estado “abandone el petróleo y el gas”.

    Como si la transición energética pudiera decretarse por voluntad moral y no mediante inversión pública, planificación y soberanía tecnológica.

    Piden el fin del extractivismo, pero no dicen quién financiará la reconstrucción ni cómo se garantizará la energía que sostiene hospitales, escuelas y viviendas populares.

    La exigencia de estas organizaciones no es ecológica, es ideológica.

    El gobierno de Claudia Sheinbaum ha reconocido la gravedad de los fenómenos climáticos y ha articulado respuestas que combinan atención social inmediata con una política de transición ordenada, no impuesta.

    En lugar de destruir la base productiva nacional, busca transformarla desde la justicia energética.

    Así, la Cuarta Transformación propone menos dependencia privada, más control estatal, más inversión en restauración y resiliencia.

    Pero para las ONG del norte, cualquier intento de soberanía es “insuficiente” o “contradictorio”.

    Su exigencia no es ecológica, es ideológica. Necesita a un Estado dócil que sea mecenas del ecologismo neoliberal dictado por los donantes internacionales.