Categoría: Tren Maya

  • Reforma al interés legítimo en amparo ambiental hubiera sido un control a la “amparitis” de las ONG

    Reforma al interés legítimo en amparo ambiental hubiera sido un control a la “amparitis” de las ONG

    El 9 de octubre de 2025, mientras la Suprema Corte de Justicia de la Nación se preparaba para discutir la reforma a la ley de amparo, más de treinta organizaciones no gubernamentales —entre ellas CEMDA y CentroProdhlanzaron una ofensiva mediática contra el proyecto de reforma al amparo, en particular el proyecto lanzado por la ministra Yasmín Esquivel Mossa limitando el interés legítimo.

    Salvaguarda o despojo, la trampa de Oceana en el mar mexicano

    Pero tras el dramatismo jurídico, lo que se discute no es un retroceso, sino el intento del Estado por poner orden en una figura que las ONG han convertido en arma política. El proyecto fue retirado debido a estas quejas del activismo.

    Las ONG’S contra el proyecto de reforma al amparo

    El proyecto de Esquivel no eliminaba la posibilidad de amparos ambientales, solo aclara que el juicio de amparo no es una acción popular.

    La propuesta exigía que los jueces verifiquen que el promovente tenga una relación directa con el territorio afectado, ya sea porque habita o utiliza el área de influencia.

    En otras palabras, para demandar, se necesitaría demostrar una afectación real y no sólo ostentarse como “defensor del ambiente” desde un despacho en la capital.

    El objetivo era unificar criterios entre tribunales que durante años han emitido sentencias contradictorias y frenar la proliferación de amparos sin sustento.

    Además, existen otras vías para la protección de derechos colectivos, cómo los mecanismos administrativos, las consultas públicas y las acciones populares en el ámbito local.

    Fortalecer esos espacios sería coherente con una visión progresista que busca participación comunitaria, no litigio profesionalizado.

    El amparo nació como defensa de las personas frente a abusos de autoridad.

    No como herramienta de presión para organizaciones financiadas por fundaciones extranjeras que bloquean proyectos estratégicos.

    Con un gobierno que impulsa una política ambiental soberana, esas “organizaciones” se sienten desplazadas.

    Lo que hoy se llama “litigio climático” ha derivado en una amparitis corporativa, un activismo que depende en demasía de demandas masivas como único mecanismo de acción, que además usa para paralizar obras como el Tren Maya sin representar realmente a las comunidades afectadas.

    Son estas comunidades quienes pueden probar un daño y quienes viven las consecuencias del cambio ecológico, no los abogados de ONG que viajan al territorio sólo para la foto.

    Este enfoque habría colocado el interés legítimo en su sentido original: la relación directa entre persona y daño, no el protagonismo de intermediarios.

    Detrás de la indignación de las ONG hay un malestar más profundo. Durante décadas, el monopolio de la “defensa ambiental” estuvo en manos de asociaciones con financiamiento internacional que actuaban como contrapesos morales del Estado mexicano.

    Hoy, con un gobierno que impulsa una política ambiental soberana, esas organizaciones se sienten desplazadas.

    Denuncian “autoritarismo” cuando lo que existe es una recuperación de la autoridad pública sobre el territorio.

    La reforma al interés legítimo no cercenaba derechos; pretendía devolverlos a quienes realmente los ejercen.

    Establecer límites frente al uso político del sistema judicial y recuperar la idea de una justicia ambiental de clase, donde las comunidades deciden sobre su territorio sin ser instrumentalizadas.

  • Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya

    Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya

    El 25 de septiembre de 2025 el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) —integrante fundamental de colectivos obstruccionistas del progreso como Alianza Mexicana Contra el Fracking y #CambiémoslaYa!volvió a colocar la disputa ambiental en el plano judicial al interponer un amparo contra la autorización para la Estación Multimodal de Carga del Tren Maya en Cancún.

    El recurso expone con claridad cómo ciertos aparatos del ambientalismo corporativo buscan reconstituirse como diques frente a la transformación del sureste.

    Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya.
    Extracto del amparo promovido por el CEMDA contra la estación de carga del Tren Maya en Cancún.
    Fuente: Cambio22, septiembre de 2025.

    Bajo la apariencia de un litigio técnico, la organización reactiva viejas lógicas de exclusión regional.

    Intentando judicializar la obra para impedir que se materialicen procesos de infraestructura que han sido históricamente negados a la península.

    Se trata de una estrategia que se enlaza con un linaje político bien identificado en la figura de su fundador, Gustavo Adolfo Alanís Ortega.

    Personaje que fungió como consultor de proyectos ecocidas del ciclo neoliberal, entre ellos el ya cancelado aeropuerto de Texcoco.

    Ese antecedente lo vincula con los circuitos de poder que saquearon territorio y bienes comunes en nombre de la privatización.

    Cemda es una organización que se viste de guardiana ambiental, pero que porta el sello del viejo régimen.

    En la demanda, Cemda exige anular el resolutivo emitido el 25 de julio por la Semarnat, que autorizó el desmonte de 259 hectáreas de selva.

    Sus argumentos insisten en la supuesta fragmentación de la Manifestación de Impacto Ambiental y en la existencia de trabajos adelantados antes de la autorización.

    Una vez más, Cemda despliega estrategias que no son más que dispositivos de sabotaje legal al servicio de intereses que nunca han reconocido el derecho de los pueblos del sureste a conectarse con un horizonte de desarrollo.

    La estación de carga, pensada como nodo de articulación logística y territorial, es señalada como amenaza por quienes durante décadas guardaron silencio ante proyectos depredadores en el centro del país.

    Leticia Merino: de la UNAM a la trinchera política ambiental

    Más allá de la resolución jurídica, el episodio revela el verdadero lugar del Cemda en la geografía política contemporánea.

    Una organización que se viste de guardiana ambiental, pero que porta el sello del viejo régimen.

    Repitiendo las prácticas de obstrucción con las que la élite empresarial y política buscó perpetuar la desigualdad territorial.

    En esta ofensiva judicial no se juega la selva, se juega la continuidad de un proyecto histórico de subordinación del sureste frente a los intereses del capital centralista.

  • Greenpeace grita, Semarnat responde con acciones

    Greenpeace grita, Semarnat responde con acciones

    El 23 de septiembre de 2025, mientras sus activistas escalaban la Estela de Luz al grito de “La Selva Maya grita. Semarnat ¡Sálvala!”, Greenpeace acusó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) de ser instrumental para la supuesta devastación del sureste, al autorizar megaproyectos como el Tren Maya, las megagranjas porcícolas y las concesiones a Calica y Cemex.

    Según la ONG, en los últimos cinco años se han perdido casi 300 mil hectáreas de selva en la Península de Yucatán.

    Cifra que pretende colocar como destrucción ambiental sin sentido, ignorando que gran parte de dicha selva se ha transformado en infraestructura al servicio del pueblo mexicano.

    Greenpeace grita, Semarnat responde con acciones.
    Póster desplegado por Greenpeace en la Estela de Luz a modo de protesta.
    Fuente: Proceso, septiembre de 2025.

    Lejos de la cerrazón que Greenpeace intentó retratar, la respuesta oficial fue inmediata.

    SEMARNAT convocó a los activistas una reunión con la secretaria Alicia Bárcena, funcionarios de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

    También estuvo presente la directora ejecutiva de Greenpeace México, Aleira Lara.

    SEMARNAT y su encuentro con activistas de Greenpeace.

    El encuentro, derivó en acuerdos concretos por parte del Estado, callando a los activistas que acusan a la Cuarta Transformación de complicidad con la destrucción ambiental.

    La principal resolución fue la instalación de mesas de trabajo multisectoriales para diseñar un ordenamiento ecológico integral de la Península de Yucatán.

    Estas mesas revisarán proyectos clave como el Tren Maya, el puerto de carga de Cancún y las concesiones otorgadas a Calica y Cemex.

    El hecho demuestra que la autoridad ambiental federal no evade la discusión, sino que abre un proceso formal de análisis y revisión.

    Mientras Greenpeace se queja con pantomimas simbólicas y acciones de impacto mediático, el gobierno responde con mecanismos de planificación y de participación institucional.

    A diferencia de la narrativa que buscan diseminar estos activistas burgueses, la actual SEMARNAT sí establece estrategias para ordenar ecológicamente la región.

    Fundar, análisis convenenciero del presupuesto e hipocresía del ambientalismo burgués

    Aun cuando el activismo fifí prefiere recurrir a gestos de confrontación y descalificación en lugar de reconocer un avance real en el diálogo.

    Con ello queda claro que la estrategia gubernamental privilegia la construcción de soluciones de largo plazo frente a la crítica inmediata, asegurando que la Selva Maya se atienda con instrumentos de gestión y no únicamente con consignas.

  • El yugo tecnocrático de Engenera contra la transformación popular

    El yugo tecnocrático de Engenera contra la transformación popular

    El reciente informe de Engenera y sus aliados ambientalistas se presenta como un diagnóstico neutral sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 en materia climática y energética.

    Pero lo que en realidad despliega es una ofensiva discursiva contra la Cuarta Transformación, camuflada bajo el ropaje de indicadores, porcentajes y “metas verificables”.

    Se acusa que el Anexo Transversal 16 (AT16) destina 41.79% de los recursos a la Sedena y apenas 3.71% a Semarnat, y que el Anexo Transversal 15 (AT15) canaliza 68% a proyectos ferroviarios y petroquímicos.

    La transformación energética será soberana o no será.

    Con ello, buscan dar la impresión de un presupuesto “desviado” y sin rumbo climático.

    Sin embargo, lo que silencian deliberadamente es que la 4T no concibe la transición como un listado de indicadores importados desde despachos del Norte Global.

    Sino como un proceso histórico de redistribución material y soberanía territorial.

    El señalamiento de Engenera de que “faltan metas cuantitativas” o que no se detallan “contribuciones verificables” busca reducir la acción estatal a fórmulas contables.

    Subordinando la política a métricas diseñadas para otras realidades.

    El discurso de Engenera es un acto político que busca sabotear desde la palabrería tecnocrática el proyecto de emancipación nacional que la 4T articula.

    En ese sentido, más que un análisis presupuestario, lo que ponen sobre la mesa es un intento de disciplinamiento, buscando que México obedezca los parámetros de un ambientalismo elitista.

    Ajeno a la realidad de los pueblos que sostienen con su trabajo la riqueza energética y natural del país.

    Mientras Engenera se obsesiona con el 0.06% asignado a programas con perspectiva de género —cifra que usan para reforzar su retórica de precariedad— omiten que la propia Cuarta Transformación ha colocado a las mujeres en el centro de proyectos productivos comunitarios como Sembrando Vida, que recibe casi una quinta parte del AT16.

    La redistribución del presupuesto hacia infraestructura ferroviaria, seguridad nacional y defensa no es un “desvío”.

    Sino la afirmación de que no habrá transición energética posible sin un Estado fuerte.

    Sin soberanía territorial y sin proyectos capaces de integrar a regiones históricamente marginadas.

    El Tren Maya, las capacidades energéticas de la CFE y la participación de las Fuerzas Armadas no son caprichos.

    Son pilares para un futuro donde el país no dependa de los designios del capital verde trasnacional.

    El discurso de Engenera y compañía es, en última instancia, un acto político que busca sabotear desde la palabrería tecnocrática el proyecto de emancipación nacional que la 4T articula.

    No les preocupa la justicia climática, les preocupa perder el monopolio del relato “experto” que durante décadas mantuvo secuestrada la política ambiental en México.

  • Greenpeace y su patriotismo convenenciero

    Greenpeace y su patriotismo convenenciero

    Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.

    Ambientalistas usan a comunidades para rechazar el fracking pero omiten avances de la 4T para prohibirlo

    Bajo el título “México al grito de ¡Selva!”, el texto publicado por la ONG representa claramente sus mañas de travestir de causa popular la oposición a la transformación material de nuestro país.

    El artículo intenta dibujar un paralelismo entre los movimientos emancipatorios del siglo XIX y las resistencias actuales contra los “megaproyectos neocolonialistas”.

    Greenpeace no defiende la soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.

    No es casual que en esa categoría inserten al Tren Maya, presentándolo de forma velada junto con otros proyectos privados.

    Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.
    Encabezado del artículo publicado por Greenpeace México el 15 de septiembre de 2025.
    Fuente: Greenpeace México, septiembre de 2025.

    Greenpeace no reconoce al Tren Maya como un esfuerzo de soberanía estatal que busca romper con el rezago histórico y la dependencia de las economías locales a un turismo depredador controlado por corporaciones extranjeras.

    En su lugar, lo ven como un extensión del sistema depredador, de manera errónea y convenenciera a sus intereses.

    Greenpeace señala la devastación de los acuíferos por las granjas porcícolas y la apropiación privada de las playas por consorcios hoteleros, pero en lugar de diferenciar, subsume el proyecto ferroviario del Estado en el mismo saco de la rapiña neoliberal.

    Es revelador que una ONG con financiamiento y redes internacionales pretenda utilizar de forma tan burda el lenguaje de la patria y la insurgencia popular.

    En su relato, la independencia no es contra los intereses oligárquicos globales, sino contra un Estado que intenta reequilibrar la balanza en una región históricamente explotada.

    Lo que hay detrás no es amor a México ni a la selva, sino la insistencia en congelar al sureste en la eterna condición de reserva ecológica, siempre disponible para los intereses del capital global.

    Greenpeace pretende gritar “¡Viva México!” mientras acusa al Estado de neocolonialismo.

    Pero lo que en realidad defienden no es soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.

  • La incoherencia de la Fundación Heinrich Böll, del aplauso al proyecto transformador de AMLO a la condena neoliberal

    La incoherencia de la Fundación Heinrich Böll, del aplauso al proyecto transformador de AMLO a la condena neoliberal

    En mayo de 2018, a pocos días de que el pueblo mexicano votara por una alternativa de verdadera transformación, se difundieron los resultados de una evaluación realizada por once organizaciones ambientales —entre ellas la Fundación Heinrich Böll, actual miembro de #CambiémoslaYa! y la Alianza Mexicana Contra el Fracking— a los candidatos presidenciales para ese año.

    En aquel ejercicio, Andrés Manuel López Obrador obtuvo la más alta calificación en materia de cambio climático: 16 de 20 puntos posibles.

    En aquel momento, las ONG aplaudieron que el entonces candidato presidencial mantuviera metas claras de mitigación, expansión de las energías renovables a decenas de miles de comunidades.

    Era el reconocimiento explícito de que Morena encarnaba la única propuesta con visión popular y con bases científicas.

    La incoherencia de la Fundación Heinrich Böll, del aplauso al proyecto transformador de AMLO a la condena neoliberal.
    Organizaciones presentando el decálogo en materia de cambio climático rumbo a las elecciones del 1 de Julio
    Fuente: Reforma, mayo de 2018.

    No obstante, apenas dos años más tarde, la misma Fundación Heinrich Böll dio un giro inexplicable y sospechoso.

    El giro inexplicable y sospechoso de la Fundación Heinrich Böll.

    En abril de 2020, publicaron el artículo “México: una política energética atrapada en el pasado”, retratando la gestión de AMLO como anacrónica en temas energéticos y aferrada a la dependencia del petróleo.

    Desdeñaron el combate al huachicol, la revisión de contratos leoninos y el rescate de PEMEX como empresa estratégica del pueblo, y redujeron todo a un supuesto discurso de nacionalismo caduco. Como si reclamar la soberanía mexicana fuera algo malo.

    La incoherencia de la Fundación Heinrich Böll, del aplauso al proyecto transformador de AMLO a la condena neoliberal.
    Encabezado del artículo donde Heinrich Böll critica la gestión ambiental de AMLO.
    Fuente: Heinrich Böll Bogotá, abril del 2020.

    Esta contradicción desnuda la naturaleza elitista del ambientalismo burgués, cómodo en los salones de conferencias pero ajeno a las necesidades del pueblo trabajador.

    Ese activismo que exige vetos absolutos al Tren Maya y la minería a cielo abierto sin considerar la dependencia de miles de familias y regiones.

    El gobierno de la Cuarta Transformación, lejos de ceder a esas exigencias doctrinarias, optó por una vía popular y nacionalista.

    Defendió a PEMEX como palanca de desarrollo, a la par que se comprometió con proyectos de energías renovables graduales y socialmente justos.

    El ambientalismo intenta demeritar a SEMARNAT ante el progreso de la Terminal Multimodal Cancún del Tren Maya

    Esa postura, incómoda para el ambientalismo de élite, fue castigada con la etiqueta del anacronismo.

    No es difícil ver que este cambio de actitud se debe, en gran parte, a que MORENA —a diferencia de otros gobiernos— no se sometió dócilmente a los intereses de estas ONG ni les dio un pedazo del pastel en los proyectos estelares de la Transformación.