Categoría: Tren Maya

  • CEMDA acusa deliberadamente a la Cuarta Transformación de desvío de recursos

    CEMDA acusa deliberadamente a la Cuarta Transformación de desvío de recursos

    Gustavo Alanís, Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —organización miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Fracking—, atacó en medios al gobierno mexicano, señalándolo como enemigo de la protección ambiental.

    Minería y soberanía: Sheinbaum resiste mientras las ONG la acusan

    En una entrevista con Aristegui Noticias, Alanís aseguró que México “desvía” recursos climáticos hacia megaproyectos y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), repitiendo la tesis conservadora de que la infraestructura civil y estratégica impulsada por el Estado constituye un obstáculo para la acción climática.

    CEMDA insiste en una lectura fragmentada que invisibiliza los logros de la 4T y alimenta el discurso opositor

    El académico y activista llegó incluso a afirmar que el país “promueve a Pemex y CFE” en detrimento de la transición energética, sin reconocer que la soberanía energética es condición indispensable para cualquier transición justa, y que sin control público de la energía las soluciones climáticas quedan subordinadas a la lógica corporativa que durante décadas mantuvo al país en la dependencia.

    Mientras la comunidad internacional reconoce el avance que supone un compromiso con metas claras hacia 2030 y 2035, Alanís reduce estos compromisos a una formulación vaga que busca crear la impresión de cumplimiento antes incluso de que las medidas entren en vigor.

    A ello suma la acusación de que gran parte del presupuesto se destinará a proyectos contrarios al medio ambiente.

    Lo que omite decir es que dichos proyectos incluyen restauración ecológica asociada al Tren Maya, infraestructura hídrica y manejo territorial.

    Todos ellos compatibles con una visión de mitigación integral y con las prioridades de justicia social que la 4T ha colocado en el centro.

    CEMDA retoma además la narrativa del “fracking oculto”, afirmando que el presupuesto oculta partidas de dinero designadas para esta técnica, pese a que el Ejecutivo ha reiterado su prohibición.

    La organización insiste en esta acusación desde hace años, aunque nunca ha presentado evidencia técnica verificable más allá de interpretaciones sesgadas del gasto operativo en cuencas maduras.

    La insistencia en esta narrativa revela más interés político que preocupación ambiental.

    En lugar de reconocer que México cuenta por primera vez con una estrategia climática articulada desde una perspectiva social, CEMDA insiste en una lectura fragmentada que invisibiliza los logros de la 4T y alimenta el discurso opositor que busca mostrar al país como rezagado.

  • Las ONG verdes del norte global: instrumentalizando la COP-30 para dictar política a México

    Las ONG verdes del norte global: instrumentalizando la COP-30 para dictar política a México

    A días del inicio de la COP-30 en Belém, Brasil, un grupo de ONG encabezadas por Greenpeace México, CEMDA, Engenera y la Alianza Mexicana contra el Fracking difundió un posicionamiento donde exigen al gobierno mexicano la suspensión inmediata de todos los proyectos de hidrocarburos, desde la exploración en aguas profundas hasta el Tren Maya y las plantas de gas natural.

    Su discurso, envuelto en los tonos de la supuesta justicia climática, responde menos a las urgencias ecológicas del país que a una estrategia coordinada de presión internacional promovida por el ambientalismo corporativo del norte global.

    Según estas organizaciones, México debe detener su desarrollo energético, “entregando compromisos ambiciosos”, lo que en la práctica implica subordinar su política económica a los estándares dictados por organismos europeos y fundaciones estadounidenses.

    Alianza Mexicana Contra el Fracking denuncia el presupuesto de 2026 como coartada para su ambientalismo colonial

    Supuestas organizaciones ambientales, pretenden convertir los foros multilaterales como la COP-30 en tribunales morales contra los gobiernos soberanos del sur.

    Bajo el pretexto de combatir el cambio climático, estas ONG buscan imponer una agenda que restringe la soberanía energética y condena a los pueblos del sur a la dependencia tecnológica y financiera.

    Mientras los países del G7 siguen explotando hidrocarburos y ampliando su producción de gas natural, las ONG exigen a América Latina una “transición justa” que en la práctica significa renunciar a sus recursos estratégicos.

    En el documento, las organizaciones alineadas con esta visión piden incluso “una moratoria inmediata” a proyectos de infraestructura, transporte y turismo en la península de Yucatán, continuando sus intentos por bloquear el desarrollo en el sueste de México.

    Nada dicen, sin embargo, de la responsabilidad histórica de las potencias industriales, ni del papel de las transnacionales —a las que muchas de estas ONG han servido como consultoras— en la crisis climática global.

    El lenguaje del “fin de los combustibles fósiles” sirve aquí como un dispositivo de control neocolonial disfrazado de ecologismo.

    Pretenden convertir los foros multilaterales como la COP en tribunales morales contra los gobiernos soberanos del sur, mientras ocultan su financiamiento proveniente de fundaciones europeas y agencias de cooperación vinculadas al capital verde.

    El gobierno de la Cuarta Transformación ha planteado una transición energética gradual, expansión de energías limpias públicas. Estas son respuestas desde la soberanía, no desde la sumisión.

    Por eso incomodan a quienes ven en México un campo de experimentación para sus laboratorios climáticos del norte.

  • El ambientalismo del PAN: ONG de escritorio al servicio del PRIAN

    El ambientalismo del PAN: ONG de escritorio al servicio del PRIAN

    El reciente pronunciamiento del Partido Acción Nacional (PAN), a favor de las ONG que demetiran al Tren Maya, ofrece un retrato perfecto del nuevo frente político que se disfraza de defensa ambiental.

    Puerta al Mar y la impostura del ambientalismo burgués

    El diputado panista Ernesto Sánchez Rodríguez anunció que su partido “apoyará a las ONG contra el Tren Maya”, acusando a la Cuarta Transformación de “ecocidio” en Quintana Roo y de “alinear a los jueces del Bienestar”.

    El PAN y las ONG satélites agitan la bandera verde para frenar el avance del Estado soberano.

    Las mismas ONG que hoy se presentan como defensoras de la selva —Greenpeace, CEMDA, Fundar o Engenerason parte de una red con financiamiento extranjero que durante los gobiernos neoliberales jamás denunció los megaproyectos del capital turístico ni los ecocidios de los hoteles de lujo en la Riviera Maya.

    Guardaron silencio cuando el neoliberalismo destruía el ecosistema del Valle de México para envisionar el Aeropuero de Texcoco, o incluso apoyaron activamente la inciativa.

    Hoy reaparecen, alineadas con la narrativa del PAN, repitiendo sus acusaciones de “falta de transparencia” y supuesto “autoritarismo” para convertir el desarrollo público en pecado ecológico.

    Detrás del discurso ambientalista se esconde el mismo interés de clase que gobierna al PRIAN para mantener la tierra, el agua y los recursos naturales al servicio de los consorcios privados.

    El Tren Maya representa una amenaza para ese modelo porque rompe con el monopolio turístico del norte global sobre el Caribe mexicano y redistribuye el acceso a las comunidades mayas.

    Por eso, mientras el gobierno federal impulsa restauración ecológica, corredores biológicos y empleo comunitario, la oposición y sus ONG satélites agitan la bandera verde para frenar el avance del Estado soberano.

  • Puerta al Mar y la impostura del ambientalismo burgués

    Puerta al Mar y la impostura del ambientalismo burgués

    El 8 de octubre de 2025 concluyó la consulta pública del proyecto Puerta al Mar, iniciativa de la Secretaría de la Defensa Nacional supervisada por Semarnat en la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, Quintana Roo.

    El proceso, liderado por Sedena en un esfuerzo de participación en el desarrollo democrático, fue nuevamente críticado por el ambientalismo profesional que reduce cualquier intento de planificación estatal a una supuesta amenaza contra la naturaleza.

    Organizaciones como CEMDA y el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) —ambas miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Frackingdemandaron que la Semarnat niegue la autorización ambiental al proyecto.

    Leticia Merino: de la UNAM a la trinchera política ambiental

    Alegaron “destrucción de manglares” y “violaciones legales”, repitiendo el viejo libreto del ecologismo moralista.

    En su relato, el Ejército se vuelve invasor, el turismo social es una amenaza y toda obra pública se convierte en un pecado ecológico.

    Puerta al Mar representa la recuperación del territorio para el pueblo

    Esa visión ignora la historia de un Caribe privatizado por décadas, donde los verdaderos depredadores fueron los consorcios hoteleros que cercaron playas, rellenaron humedales y desplazaron comunidades.

    Puerta al Mar no es un negocio militar, sino un esfuerzo de ordenamiento territorial vinculado al Tren Maya que busca abrir el acceso público al mar en una zona secuestrada por el turismo de lujo.

    El Estado intenta recuperar soberanía sobre un espacio entregado al capital extranjero, pero el ambientalismo burgués levanta la voz en defensa de un modelo que reserva la selva a la exclusividad del dinero y a las certificaciones importadas.

    Lo que estos “activistas” combaten no es la deforestación, sino el hecho de que un gobierno popular impulse la planificación ecológica desde el poder público y no desde las oficinas de las fundaciones extranjeras que las financian.

    Semarnat ha cumplido con los procedimientos legales y mantiene abierta la evaluación técnica y social del proyecto.

    No se impone el desarrollismo ciego, sino una visión de justicia ambiental que combine conservación con acceso, empleo y soberanía.

    Puerta al Mar representa la recuperación del territorio para el pueblo, un golpe directo al viejo orden que confundía ecología con privilegio y que jamás quiso un Estado fuerte al servicio de la mayoría.

  • Greenpeace contra el Tren Maya: El activismo burgués teme al Estado popular

    Greenpeace contra el Tren Maya: El activismo burgués teme al Estado popular

    El 4 de octubre, representantes del activismo burgués —los viejos nombres de siempre encabezados por Greenpeace—volvieron a atacar al gobierno popular de México, al declarar que el Tren Maya es un “caballo de troya” para la destrucción ambiental.

    Asegurando que la Selva Maya vive bajo “fuego cruzado” entre la agroindustria, el turismo, las mega granjas porcinas y el propio proyecto ferroviario.

    Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya

    Al presentar al tren como engaño, los activistas buscan reducir una obra de infraestructura nacional —pensada para conectar al sureste y reequilibrar el desarrollo del país— a una parábola de traición.

    Es un gesto retórico eficaz, pero también un modo de vaciar el debate político y colocarse como guardianes de una pureza ecológica imposible.

    Greenpeace atacó de nuevo al Gobierno de México, al declarar que el Tren Maya es un “caballo de troya” para la destrucción ambiental.

    Nadie niega que la selva enfrenta una presión histórica. En los últimos años, la Península de Yucatán ha sufrido deforestación masiva por expansión turística, urbanización y monocultivos.

    Los propios datos que los activistas repiten —más de 300 mil hectáreas taladas y diez millones de árboles derribados — describen un proceso que comenzó mucho antes del tren y que tiene raíces en la lógica privatizadora del turismo de enclave y la especulación inmobiliaria.

    Lo que hoy llaman devastación por el Tren Maya es, en buena medida, herencia de la desregulación que por décadas dejó a la península en manos de consorcios hoteleros y agroexportadores.

    El gobierno de Claudia Sheinbaum, continuando la visión de Estado que impulsó López Obrador, no niega los impactos. Ha reconocido errores técnicos, ha ajustado trazos, ha financiado programas de restauración y monitoreo ambiental.

    Pero lo que molesta al activismo de escritorio no son los árboles talados, sino la disputa de legitimidad.

    El Tren representa un intento de Estado por recuperar soberanía en el territorio más saqueado del país.

    Por primera vez en mucho tiempo, la política ambiental se formula desde un gobierno electo por el pueblo y no desde las oficinas de fundaciones internacionales.

    Al etiquetar el tren como “caballo de Troya”, Greenpeace México y sus voceros omiten que la obra forma parte de un proyecto de integración regional que busca devolver al Estado la capacidad de planificar el territorio, generar empleo y articular desarrollo con justicia social.

    No se trata de “ocultar daños”, sino de intervenir en un ecosistema ya depredado por el capital privado y convertir esa intervención en oportunidad de restauración y redistribución.

    La paradoja es que quienes hoy hablan en nombre de la selva fueron incapaces de movilizarse con la misma vehemencia cuando las playas fueron privatizadas o cuando los cenotes se convirtieron en piscinas para el turismo extranjero.

    El tren, con todas sus tensiones, representa un intento de Estado por recuperar soberanía en el territorio más saqueado del país.

    La Selva Maya no necesita nuevos profetas, sino un Estado capaz de defenderla sin subordinarse al mercado ni a las ONG que hablan en nombre del bien común.

    El tren no es el regreso de la política al sureste, el recordatorio de que la justicia ambiental también pasa por la justicia social.

  • Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba

    Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba

    El 11 de octubre de 2025, Paseo de la Reforma se convirtió en pasarela de la indignación boutique, bajo el nombre “Marcha por el Clima, la Vida y el Futuro”, los mismos colectivos de siempre —Greenpeace México, ONG europeas y activistas de clase media urbana— desfilaron en denuncia a la supuesta “devastación ambiental” auspiciada por el gobierno de México.

    Marcha por el Clima: el carnaval del ambientalismo financiado desde arriba.
    Marcha por el Clima la Vida y el Futuro.
    Fuente: Reforma, octubre 2025.

    Los manifestantes repitieron consignas importadas sin una sola propuesta concreta.

    Acusaron al Estado mexicano de “ecocidio”, pero guardaron un silencio absoluto frente a las corporaciones que financian sus propias campañas.

    Detrás del disfraz de activismo local, lo que marchó fue el ambientalismo profesionalizado, el que vive de fondos extranjeros mientras sermonea al pueblo sobre justicia climática.

    Denunciaron el Tren Maya y la planta de gas Saguaro LNG pero jamás mencionaron que fue precisamente el neoliberalismo ambientalista de las décadas pasadas —el de las concesiones mineras, la privatización del agua y la venta del territorio al turismo de élite— el que dejó la selva convertida en botín.

    Ese modelo, que hoy la 4T intenta revertir con un Estado fuerte y redistributivo, es el mismo que sus ONG financiadoras ayudaron a construir.

    Por primera vez, un gobierno popular planifica el desarrollo del sureste con criterios de justicia social y no de rentabilidad turística.

    La “Marcha por el Clima” no fue un acto de conciencia, sino un acto de nostalgia

    Pero eso incomoda a los guardianes del statu quo ambiental, que prefieren un país paralizado antes que un Estado que intervenga en nombre del pueblo.

    Quienes hablan de “democracia ecológica” desprecian las decisiones del voto popular; quienes exigen “transición energética” se oponen a toda infraestructura pública que la haga posible.

    Quienes claman por “el fin del extractivismo” viven de subvenciones provenientes de los países más extractivistas del planeta. Esa doble moral es el combustible real de su activismo.

    No hubo una sola pancarta contra las corporaciones que financian sus fundaciones, ni una sola crítica al modelo económico global que convierte al sur en vertedero y proveedor.

    Cemda judicializa la estación de carga del Tren Maya

    Toda la furia se dirigió, otra vez, contra el Estado mexicano, el único que intenta equilibrar justicia ambiental con justicia social.

    La “Marcha por el Clima” no fue un acto de conciencia, sino un acto de nostalgia: el ritual de un ambientalismo que perdió su causa popular y se aferra a la retórica que lo alimenta.

    Su problema no es con la deforestación ni con los gases fósiles: es con el hecho de que el pueblo y su gobierno se atrevieron a tomar las riendas del país.

    México no necesita salvadores en disfraz de ballena, sino un pueblo organizado que defienda su tierra sin pedir permiso a las ONG del norte.