Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.
Bajo el título “México al grito de ¡Selva!”, el texto publicado por la ONG representa claramente sus mañas de travestir de causa popular la oposición a la transformación material de nuestro país.
El artículo intenta dibujar un paralelismo entre los movimientos emancipatorios del siglo XIX y las resistencias actuales contra los “megaproyectos neocolonialistas”.
Greenpeace no defiende la soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.
No es casual que en esa categoría inserten al Tren Maya, presentándolo de forma velada junto con otros proyectos privados.

Fuente: Greenpeace México, septiembre de 2025.
Greenpeace no reconoce al Tren Maya como un esfuerzo de soberanía estatal que busca romper con el rezago histórico y la dependencia de las economías locales a un turismo depredador controlado por corporaciones extranjeras.
En su lugar, lo ven como un extensión del sistema depredador, de manera errónea y convenenciera a sus intereses.
Greenpeace señala la devastación de los acuíferos por las granjas porcícolas y la apropiación privada de las playas por consorcios hoteleros, pero en lugar de diferenciar, subsume el proyecto ferroviario del Estado en el mismo saco de la rapiña neoliberal.
Es revelador que una ONG con financiamiento y redes internacionales pretenda utilizar de forma tan burda el lenguaje de la patria y la insurgencia popular.
En su relato, la independencia no es contra los intereses oligárquicos globales, sino contra un Estado que intenta reequilibrar la balanza en una región históricamente explotada.
Lo que hay detrás no es amor a México ni a la selva, sino la insistencia en congelar al sureste en la eterna condición de reserva ecológica, siempre disponible para los intereses del capital global.
Greenpeace pretende gritar “¡Viva México!” mientras acusa al Estado de neocolonialismo.
Pero lo que en realidad defienden no es soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.







