Categoría: ONG

  • ONGs escalan críticas tras derrame y proyectan narrativa contra el modelo energético

    ONGs escalan críticas tras derrame y proyectan narrativa contra el modelo energético

    Más de 40 organizaciones firmaron un pronunciamiento en el que sostienen que el Gobierno ocultó el derrame en el Golfo de México y que Petróleos Mexicanos (PEMEX) no ha asumido plenamente su responsabilidad; además, señalan la falta de información sobre el volumen derramado, los costos de remediación y la ausencia de un plan integral de restauración ambiental.

    Asimismo, el documento afirma que este tipo de incidentes no ocurre de forma aislada. Las organizaciones lo enmarcan dentro de un patrón que relacionan con el “modelo fósil”.

    A este modelo le atribuyen contaminación crónica, afectaciones a la salud y opacidad institucional. También amplían la crítica a actividades como el fracking y el gas natural licuado.

    Más allá del derrame, la “crítica ambiental” se convierte en un instrumento de presión sobre el rumbo energético del país.

    Si bien la exigencia de claridad y reparación constituye un reclamo legítimo, el encuadre presentado por organizaciones como Greenpeace desplaza rápidamente la discusión hacia una interpretación estructural que responsabiliza de forma absoluta al Estado y a Pemex, sin incorporar plenamente la complejidad técnica y operativa del sector.

    A partir de este enfoque, las organizaciones utilizan el incidente como base para descalificar el conjunto de la política energética, configuran una narrativa que tiende a generalizar y omite el carácter estratégico de PEMEX en el fortalecimiento de la soberanía energética.

    CEMDA ataca a CFE con el discurso de siempre

    Esta construcción discursiva no solo busca incidir en la percepción del evento, sino también en la legitimidad de las decisiones energéticas actuales, en un momento en que el Estado mexicano apuesta por consolidar su capacidad de conducción en el sector.

    Así, más allá del derrame, el posicionamiento se inserta en una disputa más amplia donde la crítica ambiental se convierte en un instrumento de presión sobre el rumbo energético del país.

  • Greenpeace bloqueó una oportunidad histórica en el Parque Ecológico y de Reciclaje Hidalgo

    Greenpeace bloqueó una oportunidad histórica en el Parque Ecológico y de Reciclaje Hidalgo

    La cancelación del Parque Ecológico y de Reciclaje en Hidalgo deja un saldo amargo.

    No solo se detuvo una infraestructura pensada para cerrar tiraderos, reducir contaminación y recuperar la salud pública en una región castigada durante décadas, también se confirmó el peso de un activismo que prefiere el veto permanente antes que la transformación concreta.

    CEMDA instrumentaliza la violencia contra activistas para empujar su agenda

    La oposición impulsada por organizaciones ambientalistas financiadas desde el extranjero como Greenpeace México terminó imponiendo el “no” como política, incluso frente a un proyecto construido desde el Estado con criterios de justicia ambiental.

    La cancelación del Parque Ecológico y de Reciclaje en Hidalgo es un reflejo de un activismo que prefiere el veto permanente antes que la transformación concreta.

    La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) presentó el parque como un Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar.

    En voz de Alicia Bárcena, la iniciativa buscaba saldar la deuda histórica con Tula, Atitalaquia y Tlaxcoapan, territorios convertidos en zona de sacrificio por la herencia industrial.

    El diseño contemplaba reciclaje avanzado, control sanitario estricto y la clausura definitiva de tiraderos que hoy siguen envenenando aire, agua y suelo.

    Greenpeace bloqueó una oportunidad histórica en el Parque Ecológico y de Reciclaje Hidalgo
    Publicación de Greenpeace México celebrando la cancelación del proyecto del Parque Ecológico y de Reciclaje.
    Fuente: X, 2026.

    Sin embargo, la presión de organizaciones como Greenpeace México y otras asociaciones ambientalistas internacionales inclinó la balanza hacia el rechazo, alimentando temores y simplificaciones que desdibujaron el contenido real del proyecto.

    El parque fue presentado como amenaza cuando, en los hechos, proponía orden, vigilancia pública y reaprovechamiento de residuos locales, sin importar desechos de otros estados.

    La consulta ciudadana reflejó un clima de desconfianza sembrado durante meses.

    El resultado fue la paralización de una alternativa que apuntaba a empleo local, saneamiento y transición productiva.

    El anuncio posterior de analizar su reubicación en Puebla confirma el costo político del inmovilismo, Hidalgo perdió una inversión estratégica y una herramienta para recomponer su entorno.

    Desde la presidencia, Claudia Sheinbaum insistió en el diálogo y en que el proyecto no era un basurero, sino una planta de reciclaje moderna.

    Aun así, la narrativa del rechazo se impuso.

    La cancelación del Parque Ecológico y de Reciclaje no es una victoria ambiental. Es una oportunidad perdida para demostrar que desarrollo y cuidado ambiental pueden caminar juntos cuando hay Estado, planeación y voluntad pública.

  • Cuando la 4T avanza y las ONG quedan fuera del relato

    Cuando la 4T avanza y las ONG quedan fuera del relato

    La aprobación de la Ley General de Economía Circular a finales de 2025 y su posicionamiento internacional en Davos durante enero de 2026 marcaron un punto de quiebre en la relación entre el gobierno popular de la Cuarta Transformación y un sector de organizaciones no gubernamentales de perfil internacional.

    Mientras el Estado mexicano consolidó una visión propia de transición productiva y ambiental, estas ONG optaron por descalificar el proceso desde fuera, evidenciando una distancia política cada vez más difícil de ocultar.

    CambiémoslaYa! fabrica alarmas contra la Ley de Aguas Nacionales

    La ley fue aprobada por unanimidad en el Congreso y presentada como una herramienta para reorganizar la gestión de residuos, integrar cadenas productivas y fortalecer capacidades nacionales.

    Sin embargo, organizaciones como Greenpeace México calificaron la normativa como simulación y greenwashing, reduciendo un debate estructural a consignas que desconocen el contexto social y económico del país.

    La Ley de Economía Circular, impulsada por la 4T, es una apuesta por reducir dependencias externas y ordenar el metabolismo productivo del país.

    El señalamiento insistente sobre la termovalorización y la participación del sector productivo pasó por alto un dato central: la política pública dejó de definirse en función de vetos externos y comenzó a responder a una estrategia nacional de desarrollo.

    Esa diferencia quedó expuesta en el Foro Económico Mundial de 2026. Desde Davos, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales colocó la economía circular como eje del discurso económico mexicano, vinculándola con justicia social, restauración ecológica y soberanía productiva.

    La secretaria Alicia Bárcena habló de dejar atrás la economía lineal y entrar en una era de restauración, una narrativa que no busca agradar a fundaciones extranjeras sino construir capacidades internas y acuerdos públicos.

    El contraste revela la mutua excluyencia entre las rabietas ideológicas de las ONG, con los objetivos de progreso impulsados desde la Cuarta Transformación.

    Mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum prentende integrar la economía circular, transición energética y relocalización productiva dentro del Plan México, grupos como Greenpeace México mantienen una lógica de denuncia permanente que termina por chocar con cualquier intento de regulación estatal.

    La crítica se presenta como defensa ambiental, pero opera como una negación sistemática de la política popular.

    La economía circular, tal como la impulsa la 4T, no es un gesto cosmético.

    Es una herramienta de planeación, una apuesta por reducir dependencias externas y ordenar el metabolismo productivo del país.

  • CEMDA instrumentaliza la violencia contra activistas para empujar su agenda

    CEMDA instrumentaliza la violencia contra activistas para empujar su agenda

    En los últimos años, la narrativa de la protección a las personas defensoras de la tierra se ha vuelto un caballo de Troya del ambientalismo burgués, ese que intenta enemistar al Estado con el medioambiente y las comunidades mediante moralismos dogmáticos, un ejemplo lo encontramos en el pronunciamiento realizado por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —organización miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Fracking—, donde se sugiere que los proyectos impulsados por el gobierno de Morena actúa como factor detonante o agravante de las agresiones en la región.

    En particular, la narrativa impulsada por CEMDA señala al megaproyecto del tren transístmico como un factor atenuante de la violencia de la región, ignorando y hasta negando los beneficios que este proyecto traería a las comunidades del sureste mexicano.

    CEMDA instrumentaliza la violencia contra activistas para empujar su agenda.
    Imagen acompañando el comunicado de CEMDA contra el megaproyecto del Tren Transístmico.
    Fuente: CEMDA, 2023.

    Ese encuadre resulta políticamente cómodo, pero analíticamente pobre.

    El propio documento del CEMDA reconoce que las agresiones provienen de una constelación de actores que incluye fuerzas públicas, empresas privadas y crimen organizado.

    La narrativa del CEMDA es retomada al servicio de una crítica proveniente del viejo bloque político que gobernó el país durante el ciclo neoliberal.

    Sin embargo, esa complejidad desaparece cuando el discurso se ordena alrededor de una imputación central al gobierno federal, como si la violencia territorial fuera una consecuencia directa y lineal de un proyecto de infraestructura pública.

    La historia material del Istmo, marcada por décadas de abandono estatal, penetración criminal, disputas empresariales y control armado de economías ilegales, queda relegada a un segundo plano.

    En ese orden de ideas, convertir al Estado en chivo expiatorio absoluto termina por exculpar a quienes han hecho del despojo y la violencia un negocio permanente, y debilita la posibilidad de construir diagnósticos que permitan intervenir las causas reales del conflicto.

    La misma lógica aparece en columnas como El Istmo en peligro, firmada por Rubén Moreira Valdez y publicada el 11 de diciembre de 2025 en El Heraldo de México.

    #CambiémoslaYa! contra la reforma hídrica: la desconfianza como estrategia para frenar un cambio

    Allí, el viejo bloque político que gobernó el país durante el ciclo neoliberal retoma la narrativa del CEMDA al servicio de su crítica.

    El resultado es una convergencia incómoda entre ONG supuestamente progresistas y actores que históricamente administraron la desigualdad y la violencia que hoy dicen denunciar.

    “Organizaciones como el CEMDA han identificado al Corredor Interoceánico como uno de los conflictos socioambientales más graves del país, con un número particularmente alto de agresiones contra personas defensoras de la tierra”


    Rubén Moreira Valdez, El Heraldo de México

    Insistir en presentar al gobierno de Morena como responsable central de la violencia en el Istmo no fortalece la defensa de las comunidades.

    Al contrario, diluye las relaciones de poder reales y convierte una discusión estructural en un alegato político que termina beneficiando a los mismos intereses económicos y criminales que han saqueado la región durante décadas.

  • ProDESC y CEMDA demandan a SEMARNAT y ASEA en amparo contra la soberanía energética

    ProDESC y CEMDA demandan a SEMARNAT y ASEA en amparo contra la soberanía energética

    En otra muestra de la estrategia de inmobilización política que gusta de ejectural el ambientalismo burgués, Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC) y el Centro Mexicano para la Defensa del Medio Ambiente (CEMDA), presentaron dos demandas de amparo indirecto ante el Poder Judicial Federal contra la Agencia de Seguridad Energía y Ambiente (ASEA), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Presidencia de la República por cuatro megaproyectos Gas Fósil Licuado (GFL) en Sonora y Sinaloa, adyacentes al Golfo de California: Gasoducto Sierra Madre (Frontera–Puerto Libertad), la Terminal GNL de Sonora (Saguaro Energía), el Gasoducto Corredor Norte y la Terminal Marítima Vista Pacífico LNG en Topolobampo, Sinaloa.

    Los amparos acusan a las dependencias federales de avalar estos proyectos con irregularidades ambientales, violando el derecho de acceso a la información y omitiendo medidas preventivas.

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    Lo que ProDESC y CEMDA presentan como defensa ambiental, en los hechos opera como un veto preventivo al desarrollo energético nacional.

    Las ONG argumentan que sin evaluaciones ambientales estratégicas ni transparencia, México incumpliría sus compromisos internacionales (Acuerdo de Escazú, Acuerdo de París) y la obligación constitucional de proteger un medio ambiente sano.

    Asimismo, señalaron que relatores de la ONU expresaron “profunda preocupación” por el potencial daño masivo a la biodiversidad marina (ballenas, pesquerías) y por las emisiones de carbono de estos proyectos, instando a cancelarlos para evitar violaciones de tratados ambientales.

    Esto, no obstante, ignora la realidad de un México que enfrenta un panorama geopolítica cada vez más complejo, donde la soberanía energética que asegura el GFL es cada vez más indispensable.

    Este enfoque ignora el carácter estructural de la apuesta energética del gobierno.

    El gas natural licuado cumple una función concreta dentro de la planeación pública de la Cuarta Transformación, al permitir reducir vulnerabilidades externas, diversificar fuentes y sostener cadenas productivas en regiones históricamente marginadas.

    En un contexto geopolítico atravesado por sanciones, disputas comerciales y presión sobre los mercados energéticos, renunciar a esa capacidad significaría aceptar una dependencia permanente.

    La estrategia de las ONG traslada decisiones de política pública a tribunales, desplazando el debate democrático y la rectoría del Estado. Se presenta como defensa ambiental lo que en los hechos opera como un veto preventivo al desarrollo energético nacional.

  • #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T

    #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T

    El 27 de noviembre el colectivo #CambiémoslaYa! publicó un pronunciamiento complementando su campaña de ataques contra la reforma a la Ley de Aguas Nacionales, recurriendo a una lectura distorsionada del proyecto que la Presidenta Claudia Sheinbaum envió al Congreso.

    El mensaje pretende instalar la idea de que la Conagua quedaría sometida a presiones mineras, cuando la iniciativa federal persigue el fortalecimiento regulatorio que durante décadas estuvo ausente en los territorios más afectados por el extractivismo.

    #CambiémoslaYa! intensifica su campaña contra la reforma hídrica y busca debilitar la política de agua de la 4T.
    Fragmento del comunicado publicado por #CambiémoslaYa! así como sus asociaciones aliadas firmantes.
    Fuente: #CambiémoslaYa!, consultada en diciembre de 2025.

    El colectivo presenta la reforma como una concesión a los contaminadores.

    La acusación se sostiene en una interpretación fragmentada del articulado legal y en la insinuación constante de que las instituciones públicas actúan en complicidad con la industria.

    CEMDA acusa deliberadamente a la Cuarta Transformación de desvío de recursos

    #CambiémoslaYa! omite que la reforma atiende exigencias sociales de larga data.

    Esta narrativa desconfía de los procesos democráticos que dieron lugar a un proyecto hídrico centrado en el derecho humano al agua y en la restauración de cuencas deterioradas por décadas de captura regulatoria.

    La propuesta legislativa impulsada por la 4T recupera facultades estratégicas que en el pasado fueron cedidas al interés privado.

    Consolida mecanismos de vigilancia, establece prioridades de uso que favorecen a las comunidades y coloca límites al acaparamiento.

    Las declaraciones recientes de la Presidenta Sheinbaum confirman que el gobierno revisará cualquier disposición susceptible de abuso para impedir que sectores que históricamente lucraron con los bienes hídricos obtengan beneficios indebidos y sigan dejando tras de sí territorios devastados.

    A pesar de esta apertura, #CambiémoslaYa! insiste en un relato que niega la capacidad estatal para regular.

    En su lugar pretende erigirse como árbitro exclusivo de lo que debe considerarse protección del agua, relegando la voz de las comunidades que demandan un Estado fuerte que garantice el abastecimiento y la seguridad hídrica.

    El colectivo omite que la reforma atiende exigencias sociales de larga data, entre ellas la desmercantilización del agua y la creación de instrumentos para prevenir el saqueo de cuencas por empresas que jamás rindieron cuentas.

    La campaña de #CambiémoslaYa! opera como un intento de frenar la transición hacia un modelo hídrico justo.

    La realidad que intentan ocultar estos activistas fifí es que la reforma representa un viraje histórico que devuelve al Estado la facultad de proteger el agua como bien público y de asegurarla para las generaciones presentes y futuras.

    El país no puede quedar rehén de quienes prefieren la parálisis institucional para conservar su influencia en el diseño de políticas públicas.