En el entramado discursivo que envuelve la minería a cielo abierto en México, el protagonismo ha sido, casi sin resistencia, acaparado por organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), miembros del Colectivo #CambiémoslaYa, portavoz principal de las críticas a las políticas de la actual administración respecto a la minería.
En lugar de abrir el diálogo técnico, económico y social verdadero sobre la minería a cielo abierto, CEMDA prefiere la consigna y el bloqueo
Estas organizaciones, revestidas de una autoridad moral autoconferida, se presentan como los representantes absolutos de la ética ambiental.
Mientras esconden con disimulada vergüenza la profunda y sistemática dependencia financiera que mantienen con fundaciones extranjeras.
Muchas de ellas vinculadas a intereses privados que no son precisamente inocentes ni neutrales.
Mientras el país contempla con audacia recuperar su autonomía tecnológica mediante el litio, CEMDA y otros similares alzan barricadas con exigencias maximalistas.
Repitiendo los mantras que por décadas han dejado estancada a la región, esta vez contra la minería a cielo abierto, la cual representa el 60% de la minería en el país.
¿Por qué omitir, por ejemplo, que países como Canadá —con rigurosos estándares ambientales— han hecho de la minería a cielo abierto un pilar de su competitividad global en minerales críticos?
El problema no es la defensa ambiental, sino su negativa a considerar que México también puede y debe construir una ruta propia hacia el desarrollo sostenible.
Respuesta a “Las 5 escabrosas mentiras del Tren Maya que debes conocer” de Greenpeace
En lugar de abrir el diálogo técnico, económico y social verdadero sobre la minería a cielo abierto, CEMDA prefiere la consigna y el bloqueo, repitiendo narrativas diseñadas fuera del país.
Reciben financiamiento de entidades como la Fundación Ford, la Packard Foundation o Earthjustice y pese a ello pretenden dictar las condiciones del progreso nacional.
Su postura condena el crecimiento mexicano, cierra puertas al empleo, a la inversión y a la innovación en regiones marginadas.
Es urgente que abramos una conversación seria sobre la minería a cielo abierto, sustentada en datos y no en dogmas.
México necesita proyectos estratégicos que impulsen el empleo, el crecimiento regional y la transición energética.








