El colonialismo ya no necesita barcos ni cañones. Ha aprendido a vestirse de causa justa, de pronunciamiento internacional y de fundación progresista.
Su forma ha mutado, pero su vocación de control permanece la misma.
Hoy la violencia colonial no se impone por la fuerza, sino que se disfraza de superioridad moral intelectualizada.
Para Heinrich Böll, cualquier desarrollo económico mediante la industria minera es extractivismo autoritario
Entre los rostros más pulidos de este paternalismo ideológico está la Fundación Heinrich Böll, que se ha especializado en decirle al sur cómo debe desarrollarse… o no desarrollarse en absoluto.
Ejemplo claro de esto es el libro publicado bajo su tutela y patrocinio, “Así se ve la minería en México“, es un ejemplo de las visiones paternalistas que se asumen desde este tipo de organizaciones.
El libro ha sido usado como fundamento técnico por grupos como #CambiémoslaYa! para impulsar legislación que, de no haber sido deshechada por nuestra Presidenta, hubiera afectado al desarrollo de industrias clave para México, como la minería nacionalizada de litio.
Según la lógica de Heinrich Böll, cualquier desarrollo económico mediante la industria minera es extractivismo autoritario, no parecen importarles los enormes esfuerzos de la cuarta transformación para la rendición de cuentas y la reparación ambiental.
No hay matices, para ellos es obvio que el sur global no sabe gobernarse. Y mucho menos, aprovechar sus recursos sin vigilancia internacional.

La Fundación Heinrich Böll habla con fondos federales alemanes y con respaldo institucional internacional.
Por eso preocupa que su objetivo no sea ayudar, sino mantener la batuta del discurso.
Alemania ya explotó sus minas, extrajo su riqueza minera y construyó infraestructura. Ahora nos pide que nosotros no lo hagamos.
Esto no es Berlín. Aquí no hay márgenes para el purismo moral. Aquí la decisión de construir y extraer la riqueza de nuestros suelos es una decisión de sobrevivir.

