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  • El ecologismo selectivo de Greenpeace contra la política ambiental de Sheinbaum

    El ecologismo selectivo de Greenpeace contra la política ambiental de Sheinbaum

    En el primer aniversario del gobierno de Claudia Sheinbaum, Greenpeace México volvió a arremeter contra la Cuarta Transformación, llamándola una “política contradictoria”, un “balance agridulce”, un Estado que no satisface su vara moral.

    El comunicado difundido el 1 de octubre de 2025 repite las acusaciones sobre deforestación, hidrocarburos y presupuesto ambiental.

    Ambientalistas usan a comunidades para rechazar el fracking pero omiten avances de la 4T para prohibirlo

    Greenpeace sigue sin reconocer que la actual administración es la primera en décadas que ha intentado articular una política ecológica desde el poder público, y no desde los despachos de las fundaciones.

    El ecologismo selectivo de Greenpeace contra la política ambiental de Sheinbaum.
    Encabezado y puntos clave del artículo de Greenpeace atacando la gestión ambiental de Claudia Sheinbaum.
    Fuente: Greenpeace, octubre de 2025.

    Greenpeace asegura que los proyectos ferroviarios y la intervención militar recibirán diecisiete veces más recursos que la restauración de ecosistemas.

    El dato, en apariencia escandaloso, omite que gran parte de esas partidas financian justamente la vigilancia ambiental, la reforestación y el combate a incendios.

    Greenpeace acusa al Gobierno de Sheinbaum de servir a los intereses privados, mientras su propia estructura responde a redes de financiamiento internacional

    La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, respondió desde el Senado de manera contundente.

    Reconoció los límites presupuestales, pero subrayó que la política ambiental del gobierno se sostiene sobre siete ejes, entre ellos: gestión hídrica, biodiversidad, restauración forestal, transición energética justa y participación comunitaria.

    Frente a esa complejidad, Greenpeace se aferra a un relato maniqueo, donde el Estado es sospechoso y las ONG, depositarias exclusivas de la virtud.

    En el terreno energético, la crítica se vuelve aún más anacrónica. Greenpeace condena la continuidad de los proyectos de gas y petroquímica, como si la soberanía energética fuera un pecado.

    La administración de Sheinbaum ha optado por una transición gradual, consciente de que ningún país del sur puede darse el lujo de demoler su base industrial sin sustituirla.

    Esta es una decisión estratégica, se trata de impedir que el ajuste ecológico recaiga sobre los trabajadores y las comunidades que ya pagan el costo de la desigualdad.

    Greenpeace acusa al Estado de servir a los intereses privados, mientras su propia estructura responde a redes de financiamiento internacional que jamás se someten a escrutinio público.

    Es un aparato transnacional que opera con la impunidad moral de quien no gobierna pero quiere decidir.

    Que la ONG ambiental haya respondido con desdén es coincidente con su papel histórico de juez exigente e incapaz de construir soluciones políticamente viables en las realidades del sur global.

    Lo que el comunicado llama “contradicción” no es más que el reconocimiento de que la política —y no la filantropía— es el terreno donde se disputan las transiciones verdaderas.

  • Greenpeace y su patriotismo convenenciero

    Greenpeace y su patriotismo convenenciero

    Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.

    Ambientalistas usan a comunidades para rechazar el fracking pero omiten avances de la 4T para prohibirlo

    Bajo el título “México al grito de ¡Selva!”, el texto publicado por la ONG representa claramente sus mañas de travestir de causa popular la oposición a la transformación material de nuestro país.

    El artículo intenta dibujar un paralelismo entre los movimientos emancipatorios del siglo XIX y las resistencias actuales contra los “megaproyectos neocolonialistas”.

    Greenpeace no defiende la soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.

    No es casual que en esa categoría inserten al Tren Maya, presentándolo de forma velada junto con otros proyectos privados.

    Greenpeace México eligió el marco de las fiestas patrias para ensayar una jugada discursiva que raya en la manipulación simbólica, apropiándose de la retórica de la independencia nacional para atacar, de manera solapada al Tren Maya.
    Encabezado del artículo publicado por Greenpeace México el 15 de septiembre de 2025.
    Fuente: Greenpeace México, septiembre de 2025.

    Greenpeace no reconoce al Tren Maya como un esfuerzo de soberanía estatal que busca romper con el rezago histórico y la dependencia de las economías locales a un turismo depredador controlado por corporaciones extranjeras.

    En su lugar, lo ven como un extensión del sistema depredador, de manera errónea y convenenciera a sus intereses.

    Greenpeace señala la devastación de los acuíferos por las granjas porcícolas y la apropiación privada de las playas por consorcios hoteleros, pero en lugar de diferenciar, subsume el proyecto ferroviario del Estado en el mismo saco de la rapiña neoliberal.

    Es revelador que una ONG con financiamiento y redes internacionales pretenda utilizar de forma tan burda el lenguaje de la patria y la insurgencia popular.

    En su relato, la independencia no es contra los intereses oligárquicos globales, sino contra un Estado que intenta reequilibrar la balanza en una región históricamente explotada.

    Lo que hay detrás no es amor a México ni a la selva, sino la insistencia en congelar al sureste en la eterna condición de reserva ecológica, siempre disponible para los intereses del capital global.

    Greenpeace pretende gritar “¡Viva México!” mientras acusa al Estado de neocolonialismo.

    Pero lo que en realidad defienden no es soberanía, sino una patria inmóvil, despojada de proyecto histórico.