En el discurso climático, no todas las voces tienen la misma raíz ni la misma brújula. La Iniciativa Climática de México (ICM)
critica la gestión energética y de mitigación del impacto climática de la actual administración
Lo hace, paradójicamente, mientras recibe financiamiento público de dependencias como la Secretaría de Energía (SENER) y la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), al tiempo que mantiene vínculo con agencias internacionales como Children’s Investment Fund Foundation (su principal donador) y la agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ).
Mientras la administración federal ha apostado por un modelo de transición energética con justicia territorial ICM impulsa lecturas que, sin reconocer los contextos locales, replican diagnósticos y estándares diseñados para otras realidades, donde la transición energética se da sobre la bases empresariales y con regulación que beneficia solo a quien puede asumir sus costos.

ICM denuncia supuestos retrocesos en materia de mitigación y atacan la política energética sin dar cuenta del rezago estructural heredado ni del avance histórico que representa, por ejemplo, la planta solar de Puerto Peñasco o la inversión social en regiones energéticamente excluidas.
El Observatorio de Deforestación Neta Cero —uno de los proyectos estrella de la ICM— dedica buena parte de su narrativa a atacar proyectos estratégicos como el Tren Maya, sin reconocer que este se construye con criterios de restauración ecológica, consultas comunitarias y visión regional.
ICM reproduce el guion de sus superiores extranjeros: comparar a México con otras latitudes sin matizar niveles de desarrollo, o exigir metas climáticas sin una lectura crítica del colonialismo ambiental que condiciona los flujos de financiamiento..
Resulta irrisorio que estas organizaciones extiendan la mando al gobierno solo para morderle el píe, piden recursos públicos para continuar con su pantomima de neutralidad mientras acatan metodologías dictadas en inglés desde el Foro Económico Mundial.
Cabe preguntarse, ¿a quién sirven realmente sus diagnósticos?

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