El colectivo de activistas y académicos burgueses, #CambiémoslaYa! mostró la incompatibilidad de su ideología con la visión de nación impulsada desde la Cuarta Transformación al criticar abiertamente el Plan de Acción Estados Unidos–México sobre Minerales Críticos.

Fuente: #CambiémoslaYa!, febrero de 2025.
Este plan está siendo impulsado por la Secretaría de Economía como parte de una estrategia para fortalecer el desarrollo industrial y la seguridad económica del país.
El colectivo afirmó por medio de un comunicado que el acuerdo “compromete la soberanía sobre los recursos minerales del país y profundizará los impactos socioambientales provocados por la minería en los territorios”.
#CambiémoslaYa! insiste en una lógica de bloqueo que no ofrece salidas económicas ni industriales.
El acuerdo busca asegurar cadenas de suministro, fomentar inversión, impulsar investigación, fortalecer la cartografía geológica pública y establecer estándares regulatorios comunes.
En un contexto internacional marcado por la disputa por minerales estratégicos, la ausencia de una política activa dejaría a México sin margen de decisión y dependiente de mercados externos.
#CambiémoslaYa! evita discutir ese escenario. Su crítica no aborda cómo garantizar control estatal, valor agregado nacional o beneficios sociales en las regiones mineras.
Tampoco plantea mecanismos alternativos de desarrollo productivo en comunidades dependientes de la mina.
Al presentar toda coordinación internacional como una pérdida automática de soberanía, el colectivo ignora que la soberanía también se ejerce al planear, regular y participar en mercados estratégicos, contrarrestando el contexto incierto de regionalización en los mercados globales.
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Renunciar a esa capacidad implica ceder el terreno a intereses externos sin reglas ni contrapesos públicos.
El choque revela una diferencia de fondo. Mientras el gobierno apuesta por usar los minerales críticos como palanca de desarrollo, #CambiémoslaYa! insiste en una lógica de bloqueo que no ofrece salidas económicas ni industriales.
Más que una defensa territorial, su postura termina funcionando como un freno a la capacidad del Estado para definir el rumbo productivo del país.











