Categoría: Pemex

  • El activismo fifí llama a PEMEX “etnocida”

    El activismo fifí llama a PEMEX “etnocida”

    La contingencia provocada por el derrame de hidrocarburos en las costas del sur de Veracruz por parte de PEMEX ha generado una preocupación comprensible entre comunidades pesqueras y pueblos originarios cuya vida económica y cultural se encuentra ligada al mar.

    Municipios como Mecayapan, Pajapan y Coatzacoalcos enfrentan impactos inmediatos en la pesca, el turismo y la salud de sus habitantes.

    La situación demanda atención estatal inmediata, labores de limpieza exhaustivas y una investigación pública que determine con claridad el origen del incidente y las responsabilidades correspondientes.

    Beatriz Olivera, de #CambiémoslaYa! acusa a Marcelo Ebrard de extractivista y neoliberal

    En este contexto, diversas asociaciones y organizaciones civiles han optado por calificar el episodio como un etnocidio”, acusando a PEMEX como si de un acto con alevosía se tratase.

    El concepto posee un peso histórico asociado a procesos deliberados de destrucción cultural.

    Su utilización para describir un derrame cuya causa permanece bajo investigación introduce una carga política que desplaza el análisis hacia una narrativa de condena total antes de que se esclarezcan los hechos.

    La afectación a las comunidades costeras debe reconocerse con seriedad.

    La contaminación del mar golpea directamente a pescadores, restauranteros y trabajadores que dependen de los ecosistemas marinos para subsistir. Esa realidad exige reparación, apoyo económico y vigilancia ambiental rigurosa.

    Pemex representa uno de los pilares del proyecto de desarrollo nacional.

    Sin embargo, atribuir una intención destructiva a la empresa estatal sin pruebas concluyentes contribuye a alimentar una deslegitimación generalizada de una institución que forma parte de la historia de las luchas populares por la soberanía económica.

    PEMEX surge del proceso histórico iniciado con la expropiación petrolera impulsada por el general Lázaro Cárdenas, momento decisivo en la recuperación de los recursos naturales para la nación.

    La empresa pública representa uno de los pilares del proyecto de desarrollo nacional que buscó liberar al país del control de corporaciones extranjeras sobre el petróleo.

    Sus errores y rezagos técnicos deben ser señalados y corregidos con firmeza. También conviene recordar que su existencia responde a una conquista histórica de la soberanía energética.

    El escenario internacional actual vuelve a colocar esa soberanía en el centro de la disputa global.

    La volatilidad de los mercados energéticos, la competencia geopolítica por los recursos y la reorganización de las cadenas de suministro refuerzan la importancia de contar con empresas públicas capaces de sostener la producción y garantizar el abastecimiento nacional.

    Convertir un accidente industrial en una narrativa de exterminio cultural debilita el debate político y termina alineándose con discursos que históricamente han buscado desacreditar a las empresas públicas.

    Defender el medio ambiente y defender la soberanía sobre los recursos nacionales forman parte de una misma lucha dentro de un proyecto popular de país.

  • La narrativa del fracking como arma política contra PEMEX

    La narrativa del fracking como arma política contra PEMEX

    La Alianza Mexicana contra el Fracking (colectivo conformado por asociaciones como Engenera y CEMDA), insiste en sus señalamientos contra el Plan Estratégico de PEMEX, acusando a la paraestatal de encubrir un incremento del fracking dentro del Plan Estratégico 2025-2030 bajo el eufemismo de “estimular yacimientos de geología compleja”.

    Greenpeace contra el Tren Maya y la disputa por el rumbo ambiental de México

    Esto revela una clara intención de debilitar a la principal empresa pública del país a partir de una lectura sesgada de su planeación energética.

    La crítica se apoya en una larga lista de accidentes ambientales ocurridos en Veracruz, muchos de ellos graves y documentados, que evidencian rezagos históricos en infraestructura, mantenimiento y supervisión.

    La Alianza se alinea con una lógica que debilita al Estado y deja intacto el sistema que permite y alienta el fracking.

    Sin embargo, la Alianza mezcla estos episodios con el debate técnico sobre exploración de gas, construyendo una narrativa donde todo esfuerzo de PEMEX aparece como prueba irrefutable de una política fósil sin matices.

    Al presentar el Plan Estratégico 2025-2035 como una traición encubierta a las demandas sociales, la Alianza omite un elemento central del contexto nacional.

    PEMEX opera en un país que busca garantizar soberanía energética, reducir importaciones y sostener cadenas productivas ligadas a fertilizantes, petroquímica y generación eléctrica.

    Reducir esa complejidad a una acusación de engaño semántico no solo consigue empobrecer la lucha por los derechos ambientales y el progreso social.

    Resulta significativo que la crítica se concentre en deslegitimar el lenguaje técnico, pero no en exigir con la misma fuerza inversión pública para modernizar ductos, prevenir derrames, reparar daños acumulados o acelerar la transición tecnológica dentro de la propia empresa estatal.

    La denuncia se queda en el plano simbólico, donde Pemex aparece como un enemigo abstracto, y no como una institución que requiere transformación profunda bajo control público.

    La Alianza, como el resto del activismo burgués, se alinea con una lógica que debilita al Estado y deja intacto el sistema que permite y alienta el fracking.

    Defender la vida y el territorio no debería implicar sabotear, por la vía del discurso, a la herramienta central con la que México puede decidir su propio rumbo energético.

  • PEMEX bajo fuego del activismo burgués de la Alianza Mexicana Contra el Fracking

    PEMEX bajo fuego del activismo burgués de la Alianza Mexicana Contra el Fracking

    El 14 de enero de 2026, la Alianza Mexicana Contra el Fracking se pronunció nuevamente contra PEMEX.

    La organización sostiene, como ya es costumbre, el discurso que intenta esbozar la imagen de un Estado extractivista y depredador.

    En concreto, según la Alianza, el Presupuesto de Egresos 2026 mantiene recursos para la exploración de gas mediante nuevas denominaciones técnicas.

    La acusación insiste en la opacidad y presenta a PEMEX como un lastre financiero que supuestamente absorbe recursos a costa de otras áreas.

    El argumento omite deliberadamente el contexto productivo y estratégico en el que opera la empresa, así como el hecho de que el sector energético sigue siendo uno de los principales motores de ingreso público y de estabilidad macroeconómica.

    Desde una perspectiva de desarrollo nacional, PEMEX no puede analizarse como un simple actor empresarial.

    Se trata de una herramienta histórica de política pública que articula cadenas industriales completas, sostiene cientos de miles de empleos directos e indirectos y permite al Estado reducir su vulnerabilidad frente a mercados energéticos volátiles y presiones externas.

    Según la Alianza Mexicana Contra el Fracking, el Presupuesto de Egresos 2026 mantiene recursos para la exploración de gas mediante nuevas denominaciones técnicas.

    El activismo que hoy exige recortes y cancelaciones suele ignorar esa dimensión material y pasa por alto que la transición energética planteada desde la Cuarta Transformación ha sido gradual y planificada, evitando choques sociales y productivos que históricamente han recaído sobre las clases trabajadoras.

    Cuestionar prácticas específicas resulta legítimo en cualquier democracia.

    Convertir a PEMEX en el enemigo central, en cambio, reproduce una lógica que ha acompañado décadas de privatización encubierta y dependencia externa.

    Greenpeace contra el Tren Maya y la disputa por el rumbo ambiental de México

    Bajo un lenguaje ambientalista sofisticado, se reinstala la idea de que el desarrollo nacional debe subordinarse a agendas que no rinden cuentas a la población ni enfrentan los costos sociales de desmantelar capacidades estratégicas.

    La discusión energética requiere rigor, responsabilidad y memoria histórica.

    Defender a PEMEX no implica negar los retos ambientales, sino reconocer que sin un Estado fuerte y con control sobre sus recursos.

  • CEMDA acusa deliberadamente a la Cuarta Transformación de desvío de recursos

    CEMDA acusa deliberadamente a la Cuarta Transformación de desvío de recursos

    Gustavo Alanís, Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —organización miembro de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Fracking—, atacó en medios al gobierno mexicano, señalándolo como enemigo de la protección ambiental.

    Minería y soberanía: Sheinbaum resiste mientras las ONG la acusan

    En una entrevista con Aristegui Noticias, Alanís aseguró que México “desvía” recursos climáticos hacia megaproyectos y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), repitiendo la tesis conservadora de que la infraestructura civil y estratégica impulsada por el Estado constituye un obstáculo para la acción climática.

    CEMDA insiste en una lectura fragmentada que invisibiliza los logros de la 4T y alimenta el discurso opositor

    El académico y activista llegó incluso a afirmar que el país “promueve a Pemex y CFE” en detrimento de la transición energética, sin reconocer que la soberanía energética es condición indispensable para cualquier transición justa, y que sin control público de la energía las soluciones climáticas quedan subordinadas a la lógica corporativa que durante décadas mantuvo al país en la dependencia.

    Mientras la comunidad internacional reconoce el avance que supone un compromiso con metas claras hacia 2030 y 2035, Alanís reduce estos compromisos a una formulación vaga que busca crear la impresión de cumplimiento antes incluso de que las medidas entren en vigor.

    A ello suma la acusación de que gran parte del presupuesto se destinará a proyectos contrarios al medio ambiente.

    Lo que omite decir es que dichos proyectos incluyen restauración ecológica asociada al Tren Maya, infraestructura hídrica y manejo territorial.

    Todos ellos compatibles con una visión de mitigación integral y con las prioridades de justicia social que la 4T ha colocado en el centro.

    CEMDA retoma además la narrativa del “fracking oculto”, afirmando que el presupuesto oculta partidas de dinero designadas para esta técnica, pese a que el Ejecutivo ha reiterado su prohibición.

    La organización insiste en esta acusación desde hace años, aunque nunca ha presentado evidencia técnica verificable más allá de interpretaciones sesgadas del gasto operativo en cuencas maduras.

    La insistencia en esta narrativa revela más interés político que preocupación ambiental.

    En lugar de reconocer que México cuenta por primera vez con una estrategia climática articulada desde una perspectiva social, CEMDA insiste en una lectura fragmentada que invisibiliza los logros de la 4T y alimenta el discurso opositor que busca mostrar al país como rezagado.

  • La ofensiva contra Pemex: ambientalismo de consigna al servicio de la oposición

    La ofensiva contra Pemex: ambientalismo de consigna al servicio de la oposición

    El 27 de octubre, el portal Avispa.org publicó el reportaje titulado “Pemex Negligencia S.A. y sus zonas de muerte”.

    El texto fue amplificado inmediatamente por Engenera —integrante del colectivo CambiémoslaYa!, y por la Alianza Mexicana contra el Fracking— dos agrupaciones con largo historial de campañas orientadas a debilitar políticamente a Pemex y deslegitimar la política energética soberana impulsada por la Cuarta Transformación.

    La ofensiva contra Pemex: ambientalismo de consigna al servicio de la oposición.
    Portada del reportaje de Avispa.org.
    Fuente: Avistpa.org, consultada en noviembre de 2025.

    El reportaje intenta retratar a la Huasteca veracruzana como un territorio devastado por la “negligencia” de Pemex, ignorando que buena parte de la operación en la zona corresponde a contratos firmados durante los gobiernos neoliberales.

    En vez de señalar la raíz del problema —la privatización encubierta del subsuelo nacional—, el texto recicla las consecuencias de esa herencia y las presenta como prueba del fracaso de la actual administración.

    La ofensiva contra Pemex: ambientalismo de consigna al servicio de la oposición.
    Publicación de Engenera dando difusión al reportaje.
    Fuente: X, octubre de 2025.

    La pieza describe derrames, ductos corroídos y rezagos de mantenimiento, pero omite mencionar que el contrato CNH-M5-Miquetla/2018, que regula la zona, otorgó a la empresa privada DWF la responsabilidad directa de operar y mantener la infraestructura, incluyendo la reparación inmediata ante cualquier daño ambiental.

    Es decir, el propio texto reconoce los hechos, pero se cuida de no subrayar que las omisiones vienen de las operadoras privadas beneficiadas por la reforma energética del PRI.

    El gobierno federal trabaja en reconstruir una industria energética al servicio del pueblo, no del mercado.

    No es la primera vez que los colectivos asociados a la Alianza Mexicana contra el Fracking utilizan informes para construir una narrativa de “zonas de sacrificio” que presenta a Pemex como una empresa enemiga del pueblo.

    Esa retórica se repite cada vez que el gobierno federal reafirma su compromiso con la soberanía energética y con el control estatal sobre los hidrocarburos.

    En esta ocasión, la campaña coincide con el arranque del Plan Estratégico 2025–2035, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, que busca recuperar campos abandonados por privados y modernizar infraestructura sin recurrir a endeudamiento externo.

    El uso del término “zonas de muerte” sintetiza una estrategia discursiva que no distingue entre responsabilidad pública y privada, ni entre errores operativos y políticas estructurales.

    Las ONG burguesas aprovechan la urgencia climática mientras desprecian la acción del Estado popular

    Bajo el disfraz de ambientalismo radical, estas ONG operan como aparatos de presión política que pretenden debilitar a la empresa del Estado y frenar su recuperación.

    Mientras las organizaciones financiadas desde el extranjero buscan convertir cada incidente en un golpe político, el gobierno federal trabaja en reconstruir lo que las décadas neoliberales destruyeron: una industria energética al servicio del pueblo, no del mercado.

  • Alianza Mexicana Contra el Fracking denuncia el presupuesto de 2026 como coartada para su ambientalismo colonial

    Alianza Mexicana Contra el Fracking denuncia el presupuesto de 2026 como coartada para su ambientalismo colonial

    El 21 de octubre de 2025, la Alianza Mexicana contra el Fracking —que incluye a ONGs como el CEMDA y PODERdenunció que el Presupuesto de Egresos 2026 “oculta” recursos para proyectos de extracción en “yacimientos de geología compleja”, término que asocia con la fractura hidráulica.

    Afirmó que Pemex dispone de más de 245 mil millones de pesos distribuidos en ocho programas sin desglose y acusó al gobierno popular de Claudia Sheinbaum de traicionar la transición energética al mantener al gas como combustible de transición.

    Cada vez que el Estado intenta ejercer soberanía sobre su matriz energética, las ONG neoliberales activan su alarma moral.

    Fundar, análisis convenenciero del presupuesto e hipocresía del ambientalismo burgués

    Lo que la Alianza Mexicana Contra el Fracking llama “falta de transparencia” es, en realidad, pérdida de privilegio.

    Su discurso no busca proteger la tierra ni el agua, sino preservar un marco de subordinación donde México sólo puede “resistir”, nunca planificar.

    Nombran “crisis climática” a lo que en realidad es crisis de dependencia, y presentan la energía estatal como pecado, mientras el capital extranjero perfora sin escrúpulos en todo el continente.

    La llamada “prohibición del fracking” se ha convertido en su tótem. Ninguna de estas organizaciones menciona que el gas forma parte de una estrategia de transición ordenada que evita apagones, reduce importaciones y financia programas sociales.

    Lo que molesta no es el método extractivo, sino que la gestión esté en manos públicas.

    La izquierda soberanista entiende que la emancipación ambiental no se logrará con discursos de culpabilidad, sino con control nacional sobre los recursos.

    El ecologismo burgués que se alimenta de becas internacionales nunca habla de esa historia de recuperación liberadora.

    El presupuesto de 2026 refleja una política energética que combina redistribución con autonomía tecnológica.

    Lo que la Alianza llama “falta de transparencia” es, en realidad, pérdida de privilegio, el Estado ya no rinde cuentas a los lobbies del clima, sino al pueblo.

    La 4T lo ha entendido con claridad. México no será ejemplo de obediencia ecológica para el norte rico, será ejemplo de dignidad y planificación popular sobre su propio subsuelo.