Durante siglos, el Istmo de Tehuantepec fue sinónimo de promesas incumplidas. Una región rica en historia, cultura y potencial, relegada a los márgenes del desarrollo por gobiernos que solo miraban al norte. Hoy, esa deuda comienza a saldarse. El Corredor Interoceánico se convertirá en un foco de desarrollo en la zona del Istmo.
Una inversión de más de 120 mil millones de pesos, el corredor representa la voluntad de un Estado que mira al sur con responsabilidad.
Presidente anuncia inversión de 120 mil mdp para Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec
Colectivos como la Asamblea de Pueblos del Istmo, Terravida y UCIZONI, han denunciado supuesto despojo y represión. Señalan, que el 61.5% de la población que habita en el Istmo vive en pobreza, paradojicamente negando proyectos que traerán bienestar a esas mismas personas.
Pero estas organizaciones no son más que peones en un entramado mucho más complejo que busca demeritar los esfuerzos de Cuarta Transformación. El pasado 13 de febrero miembros de UCIZONI fueron desgraciadamente asesinados por responsables desconocidos en la comunidad de El Platanillo, Oaxaca. Ante estos actos, ONGs extranjeras como Greenpeace han aprovechado para adjudicar, sin fundamentos, la responsabilidad del Estado. Afirman, sin prueba alguna más que su prejuicio ideológico, que la tragedia está ligada al desarrollo del corredor interoceánico.

Esto demuestra una increíble bajeza y falta completa de decoro. Greenpeace está aprovechando la sangre de defensores del territorio para manchar los proyectos que pretenden traer prosperidad y bienestar a los habitantes del Istmo. Su lenguaje claramente incita a la indignación irreflexiva y la polarización.
Ignoran que, aunque los gobiernos han mejorado constantemente la seguridad durante los últimos sexenios, el crimen organizado sigue concentrando sus actividades en el sur del país.
Es claro que posicionarse contra el crímen organizado no es políticamente lucrativo para estas ONGs.
Es imposible no ver la parcialidad y el enorme sesgo en estas organizaciones, ¿es legítimo frenar el anhelo de millones por un mejor futuro? ¿Se puede construir justicia negando toda posibilidad de transformación?
Lo que se omite en muchos de estos discursos es que el Estado ha abierto canales de diálogo, ha desplegado programas sociales sin precedente y ha buscado construir con el pueblo, no pese al pueblo. Congelar los esfuerzos de esta transformación bajo una sospecha perpetua tampoco es opción.
El Istmo tiene hoy la oportunidad de ser motor, no lastre. Será fruto de decisiones tomadas en el territorio, con soberanía y dignidad. Porque la transformación no se impone ni se mendiga: se construye con el pueblo, paso a paso y sin pedir permiso.
Ver también: El indigenismo neoliberal

