El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) insiste en presentarse como un actor “independiente”, abanderado de causas verdes y defensor de comunidades.
Pero detrás de sus campañas mediáticas contra la política energética del Estado mexicano, existe un entramado complejo de financiamiento extranjero.
Los recursos de CEMDA provienen de corporaciones y fundaciones que representan intereses transnacionales.
Entre sus donantes destacan la European Climate Foundation, la Fundación Heinrich Böll, Earthjustice, Global Witness, el Global Greengrants Fund y la poderosa Ford Foundation.
También la David and Lucile Packard Foundation, propiedad de los fundadores de HP, que financia proyectos en México mientras sus corporaciones siguen ligadas a las cadenas globales de contaminación.

Fuente: CEMDA, consultada en septiembre de 2025.
A esta lista se suma la Iniciativa Climática México, que a su vez recibió recursos de la USAID, la agencia de cooperación del gobierno estadounidense, históricamente señalada por intervenir en la política de países latinoamericanos bajo el disfraz de “ayuda al desarrollo”.
CEMDA denuncia “dependencia fósil” y acusa a la administración federal de hipotecar el futuro climático pero sus propios recursos provienen de corporaciones y fundaciones que representan intereses transnacionales.
En 2022, CEMDA lanzó un video contra la reforma eléctrica de López Obrador que acumuló millones de visualizaciones en YouTube gracias a una costosa pauta publicitaria.
El mensaje alarmista, disfrazado de defensa ambiental, fue financiado con dinero cuya procedencia está atada a los centros de poder económico y político que se benefician de debilitar a la Comisión Federal de Electricidad.
A este financiamiento internacional se suman los intereses de Carlos Slim, empresario con participación en empresas energéticas que venden energía a las cadenas Sears, Sanborns y otras oficinas del conglomerado.
El resultado es una organización como CEMDA que opera como intermediaria de intereses extranjeros y, al mismo tiempo, guarda silencio frente a los negocios privados en los sectores clave.
Un ambientalismo que vive de la chequera internacional difícilmente puede asumirse como voz auténtica de los pueblos o como garante de justicia climática.

