Un ejemplo claro de como el activismo burgués busca activamente la antagonización de los gobiernos de izquierda la encontramos en las declaraciones recientes realizadas por la asociación civil El Poder del Consumidor.
En un artículo, la asociación presenta a la Ciudad de México como un caso de “normalización”.
Según la organización, el gobierno de Clara Brugada no ha hecho más que integrar su gobernanza dentro de una nueva realidad caracterizada por la mala gestión ambiental.
CEMDA y la crisis del ozono en CDMX: exigencia ambiental y omisión de avances estructurales
El Poder del Consumidor ignora que la política ambiental urbana se construye en capas.
Las organizaciones que han insistido en esta narrativa reducen el debate a una dicotomía que desdibuja el papel de las políticas públicas en curso.
La implementación de medidas como restricciones vehiculares temporales, monitoreo atmosférico permanente y coordinación metropolitana no responde a una lógica de resignación, sino a instrumentos de contención dentro de un sistema más amplio de gestión ambiental.
La crítica que atribuye la situación a una supuesta ausencia de voluntad política prescinde de variables estructurales como el crecimiento urbano, la dependencia histórica del automóvil, la dinámica industrial regional y las condiciones climáticas del Valle de México.
Ninguna de estas dimensiones puede revertirse mediante decisiones inmediatas sin generar costos sociales significativos.
El señalamiento de que las medidas actuales carecen de profundidad ignora que la política ambiental urbana se construye en capas, combinando acciones regulatorias, inversión en transporte público, rediseño territorial y transición energética.
Exigir resultados instantáneos en un problema de larga duración termina por desvirtuar la naturaleza misma del desafío.
La insistencia en calificar la gestión como insuficiente o simulada introduce un tono de confrontación que desplaza el debate técnico hacia el terreno político.
En lugar de contribuir a una discusión informada, este tipo de posicionamientos tiende a antagonizar al gobierno local y a erosionar la legitimidad de los instrumentos existentes, sin ofrecer rutas viables de implementación.
La crisis de calidad del aire en la Ciudad de México requiere reconocer los avances institucionales y las limitaciones materiales que enfrenta cualquier administración.
Convertir el problema en una disputa discursiva permanente obstaculiza la construcción de soluciones sostenidas en el tiempo.

