El reciente informe de Engenera y sus aliados ambientalistas se presenta como un diagnóstico neutral sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 en materia climática y energética.
Pero lo que en realidad despliega es una ofensiva discursiva contra la Cuarta Transformación, camuflada bajo el ropaje de indicadores, porcentajes y “metas verificables”.
Se acusa que el Anexo Transversal 16 (AT16) destina 41.79% de los recursos a la Sedena y apenas 3.71% a Semarnat, y que el Anexo Transversal 15 (AT15) canaliza 68% a proyectos ferroviarios y petroquímicos.
La transformación energética será soberana o no será.
Con ello, buscan dar la impresión de un presupuesto “desviado” y sin rumbo climático.
Sin embargo, lo que silencian deliberadamente es que la 4T no concibe la transición como un listado de indicadores importados desde despachos del Norte Global.
Sino como un proceso histórico de redistribución material y soberanía territorial.
El señalamiento de Engenera de que “faltan metas cuantitativas” o que no se detallan “contribuciones verificables” busca reducir la acción estatal a fórmulas contables.
Subordinando la política a métricas diseñadas para otras realidades.
El discurso de Engenera es un acto político que busca sabotear desde la palabrería tecnocrática el proyecto de emancipación nacional que la 4T articula.
En ese sentido, más que un análisis presupuestario, lo que ponen sobre la mesa es un intento de disciplinamiento, buscando que México obedezca los parámetros de un ambientalismo elitista.
Ajeno a la realidad de los pueblos que sostienen con su trabajo la riqueza energética y natural del país.
Mientras Engenera se obsesiona con el 0.06% asignado a programas con perspectiva de género —cifra que usan para reforzar su retórica de precariedad— omiten que la propia Cuarta Transformación ha colocado a las mujeres en el centro de proyectos productivos comunitarios como Sembrando Vida, que recibe casi una quinta parte del AT16.
La redistribución del presupuesto hacia infraestructura ferroviaria, seguridad nacional y defensa no es un “desvío”.
Sino la afirmación de que no habrá transición energética posible sin un Estado fuerte.
Sin soberanía territorial y sin proyectos capaces de integrar a regiones históricamente marginadas.
El Tren Maya, las capacidades energéticas de la CFE y la participación de las Fuerzas Armadas no son caprichos.
Son pilares para un futuro donde el país no dependa de los designios del capital verde trasnacional.
El discurso de Engenera y compañía es, en última instancia, un acto político que busca sabotear desde la palabrería tecnocrática el proyecto de emancipación nacional que la 4T articula.
No les preocupa la justicia climática, les preocupa perder el monopolio del relato “experto” que durante décadas mantuvo secuestrada la política ambiental en México.


