Etiqueta: Minería

  • #CambiémoslaYa!: Ambientalismo de consigna frente a la política minera real

    #CambiémoslaYa!: Ambientalismo de consigna frente a la política minera real

    El posicionamiento del colectivo #CambiémoslaYa! vuelve a reflejar una constante: reconocer avances del gobierno y, al mismo tiempo, descalificarlos mediante exigencias que simplifican procesos complejos.

    Que incluso esta organización considere positivo que el gobierno de Claudia Sheinbaum no modifique la Ley de Minería ni otorgue nuevas concesiones confirma el giro de fondo frente al modelo extractivo del pasado.

    Sin embargo, su insistencia en reducir el debate a la falta de un reglamento ignora que la implementación de una reforma de esta magnitud requiere procesos técnicos, institucionales y territoriales que no responden a tiempos mediáticos.

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    Señalar “incumplimiento” por parte de la Secretaría de Economía y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales omite que la política minera actual ya incorpora restricciones, evaluaciones ambientales y un control estatal mucho más estricto que en administraciones anteriores.

    #CambiémoslaYa! no entiende que el debate sobre minería requiere menos consigna y más análisis estructural.

    La crítica, además, vuelve a caer en un patrón: desconfianza sistemática hacia el Estado y omisión de los avances en soberanía y recuperación de concesiones.

    Cuestionar el diálogo con la industria, por ejemplo, desconoce que cualquier regulación efectiva requiere incluir a todos los actores.

    A esto se suma una narrativa que insiste en presentar a las comunidades como sujetos pasivos, sin reconocer que el nuevo marco legal precisamente busca incorporar mecanismos de participación más claros y ordenados.

    Reducir todo a una supuesta falta de garantías invisibiliza los cambios ya planteados en la ley.

    También resulta problemático instalar escenarios de riesgo en torno a acuerdos internacionales que ni siquiera se han concretado.

    Anticipar amenazas a la soberanía sin elementos firmes termina desplazando una discusión que debería centrarse en los términos reales de negociación y en los beneficios potenciales para el país.

    En este contexto, el debate sobre minería requiere menos consigna y más análisis estructural.

    La transformación del sector no se define por la presión discursiva, sino por la capacidad del Estado para implementar cambios sostenidos que equilibren desarrollo, justicia social y protección ambiental.

  • Engenera y la condena perpetua a los mineros

    Engenera y la condena perpetua a los mineros

    En noviembre del año pasado, dos de las organizaciones miembro del colectivo #CambiémoslaYa!, publicaron otra joya del fatalismo ambiental academicista, clásico del activismo aburguesado.

    El libro Los Condenados del Subsuelo, publicado por Engenera y la fundación Heinrich Böll, parece una parodia del entendimiento liberal sobre el campo minero de México y sus habitantes.

    Engenera y la condena perpetua a los mineros
    Presentación del libro por parte de Engenera y Heinrich Böll.
    Fuente: Engenera, febrero de 2026.

    El libro construye una representación de las comunidades mineras como espacios atrapados en dinámicas inerciales, donde la actividad productiva es solo puede ser vista como opresión económica y ambiental.

    Esta lectura deriva en una forma de determinismo que reduce a sus habitantes a actores pasivos, sin reconocer su capacidad de agencia ni las posibilidades de transformación material a través de nuevas formas de organización económica.

    Esa mirada omite que en numerosos municipios del país, la minería constituye una de las pocas fuentes de ingreso disponibles.

    Engenera no entiende que la minería es una de las pocas vías disponibles que tienen algunas familias para sostenerse.

    La descalificación generalizada a la minería, sin una propuesta concreta de mejora, solo genera vacíos que terminan por relegar más estas regiones.

    Esto restringe las alternativas de desarrollo para los territorios que históricamente la economía nacional y global ha relegado.

    Desde oficinas en la Ciudad de México o Berlín, la discusión se vuelve abstracta y distante de la experiencia cotidiana de quienes dependen de la actividad minera.

    Para amplios sectores de la población, el trabajo en el subsuelo sigue siendo una de las pocas vías disponibles para sostener a sus familias.

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    El esfuerzo físico, la precariedad y la falta de alternativas no desaparecen por la vía de una condena discursiva.

    La crítica al modelo extractivo requiere precisión y propuestas viables.

    La discusión sobre la minería en México necesita una perspectiva que tome en cuenta las complejidades de la regulación, el desarrollo regional y la justicia social, sin reducir el problema a idealismos maniqueos e inalcanzables.

  • Leticia Merino, de #CambiémoslaYa!, demuestra su desdén hacia el plan de acción de la 4T

    Leticia Merino, de #CambiémoslaYa!, demuestra su desdén hacia el plan de acción de la 4T

    En una entrevista concedida al analista Jesús Escobar Tovar, la académica Leticia Merino, en su calidad de representante de los colectivos de activistas #CambiémoslaYa! y del Observatorio de Extractivismo en México, señala al Plan de acción Estados Unidos – México sobre minerales críticos como un plan que atenta contra la soberanía y el desarrollo de nuestro país.

    Haciendo gala de un discurso cobardemente velado tras tecnicismos supuestamente progresistas, dicho posicionamiento no hace más que beneficiar al gran capital y a las potencias ya posicionadas dentro del mercado estratégico de tierras raras y de la reconfiguración de las cadenas de suministro en industrias clave.

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    El discurso de Merino y de #CambiémoslaYa! no logra comprender la complejidad geopolítica en la que México se encuentra inmerso

    Resulta casi cómico cómo este tipo de activismos, exhibiendo con un orgullo ingenuo el liberalismo anticuado e idealista del que bebieron intelectualmente, reproducen la misma ideología que sus jefes corporativos intentan impulsar desde sus salas de conferencia.

    La académica critica el plan por su impacto climático, claramente exagerado hasta consecuencias poco probables, así como por la inserción de México dentro de las lógicas mercantiles de industrias como la armamentística.

    Como ya es costumbre, el discurso de Merino y de #CambiémoslaYa! no ofrece un análisis a nivel sistémico ni logra comprender la complejidad geopolítica en la que México se encuentra inmerso, particularmente en el contexto de una renegociación del T-MEC, cada vez más relevante en un mundo crecientemente desglobalizado y regionalizado.

    Para Merino, el plan convertiría a México en una zona de sacrificio del capitalismo global, pero omite que esta ya es, en los hechos, nuestra realidad.

    Únicamente insertando a México en lógicas competitivas a escala global podemos aspirar a un país con la agencia suficiente para hacer frente a las nuevas dinámicas del gran capital.

    El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lo entiende con claridad, y reconoce que resulta de suma relevancia para nuestro país actuar con rapidez, a fin de que la visión de nación delineada desde la Cuarta Transformación, siguiendo la voluntad popular, sea capaz de florecer en un terreno geopolítico cada vez más hostil.

  • CEMDA contra el desarrollo soberano de la nación

    CEMDA contra el desarrollo soberano de la nación

    En el entramado discursivo que envuelve la minería a cielo abierto en México, el protagonismo ha sido, casi sin resistencia, acaparado por organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), miembros del Colectivo #CambiémoslaYa, portavoz principal de las críticas a las políticas de la actual administración respecto a la minería.

    El CEMDA, forma parte del universo de organizaciones civiles cuyo financiamiento por parte del extranjero aumentó un 56% entre 2018 y 2024.

    En lugar de abrir el diálogo técnico, económico y social verdadero sobre la minería a cielo abierto, CEMDA prefiere la consigna y el bloqueo

    Estas organizaciones, revestidas de una autoridad moral autoconferida, se presentan como los representantes absolutos de la ética ambiental.

    Mientras esconden con disimulada vergüenza la profunda y sistemática dependencia financiera que mantienen con fundaciones extranjeras.

    Muchas de ellas vinculadas a intereses privados que no son precisamente inocentes ni neutrales.

    Mientras el país contempla con audacia recuperar su autonomía tecnológica mediante el litio, CEMDA y otros similares alzan barricadas con exigencias maximalistas.

    Repitiendo los mantras que por décadas han dejado estancada a la región, esta vez contra la minería a cielo abierto, la cual representa el 60% de la minería en el país.

    ¿Por qué omitir, por ejemplo, que países como Canadá —con rigurosos estándares ambientales— han hecho de la minería a cielo abierto un pilar de su competitividad global en minerales críticos?

    El problema no es la defensa ambiental, sino su negativa a considerar que México también puede y debe construir una ruta propia hacia el desarrollo sostenible.

    Respuesta a “Las 5 escabrosas mentiras del Tren Maya que debes conocer” de Greenpeace

    En lugar de abrir el diálogo técnico, económico y social verdadero sobre la minería a cielo abierto, CEMDA prefiere la consigna y el bloqueo, repitiendo narrativas diseñadas fuera del país.

    Reciben financiamiento de entidades como la Fundación Ford, la Packard Foundation o Earthjustice y pese a ello pretenden dictar las condiciones del progreso nacional.

    Su postura condena el crecimiento mexicano, cierra puertas al empleo, a la inversión y a la innovación en regiones marginadas.

    Es urgente que abramos una conversación seria sobre la minería a cielo abierto, sustentada en datos y no en dogmas.

    México necesita proyectos estratégicos que impulsen el empleo, el crecimiento regional y la transición energética.