Etiqueta: DPLF

  • CRIPX, ¿peones de intervencionismo legal?

    CRIPX, ¿peones de intervencionismo legal?

    En la disputa por el rumbo del país, ningún otro instrumento jurídico ha generado tantas disputas —y ha sido manipulado con tanta frecuencia— como el Convenio 169 de la OIT.

    Ciertas ONGs han transformado lo que nació como una herramienta para garantizar la voz de los pueblos originarios en una llave para vetar cualquier proyecto que aspire a democratizar el desarrollo.

    Lo más triste es que se usan a organizaciones nacidas de las exigencias indígenas como peones operativos en esta batalla legal.

    Tal es el caso del Consejo Regional Indígena y Popular de Xpujil (CRIPX).

    Organización de representación indígena que en enero de 2020 obtuvo una suspensión provisional al proyecto del tren maya tras ampararse contra lo que calificaron de una supuesta “consulta simulada y fraudulenta”.

    CEMDA contra el desarrollo soberano de la nación

    CRIPX y otras organizaciones similares han seguido a rajatabla la receta de think tanks

    Esta organización acusó presuntas violaciones al derecho a consulta previa, libre, informada y culturalmente adecuada en los inicios del proyecto del tren maya.

    Fundaciones extranjeras como la Kellogg Foundation, en colaboración con la National Endowment for Democracy (NED) —conocida por su afinidad con la política exterior estadounidense— han financiado a la organización CRIPX, que ha desempeñado un papel instrumental en las ambiciones extranjeras de transformar el litigio ambiental en una forma de intervención.

    Un vistazo a sus donantes principales revela una estructura de cooptación sutil que pasa por dilatar proyectos soberanos clave mientras favorece intereses encubiertos.

    Documento mostrando el financiamiento recibido por CRIPX parte de Fundación Kellogg y Fundación Ford.
    Documento mostrando el financiamiento recibido por CRIPX, de parte de Fundación Kellogg y Fundación Ford. Fuente: Infobae, 2020

    En esta cruzada jurídica, CRIPX y otras organizaciones similares han seguido a rajatabla la receta de think tanks como DPLF, con sede en Washington.

    Quienes operan como usinas ideológicas que exportan marcos de “derechos humanos” a conveniencia.

    Listos para ser invocados cada vez que un proyecto mexicano busque autonomía energética, integración territorial o justicia redistributiva.

    La consulta previa no puede ser rehén de intereses geopolíticos ni convertida en una coartada para el inmovilismo.

    México requiere instituciones fuertes, diálogo con legitimidad y una sociedad civil que no hable con acento extranjero.

    La defensa del territorio no se decreta desde fundaciones: se construye con soberanía, desde abajo y para todos.

  • Due Process of Law Foundation (DPLF), una cara más de la interferencia extranjera

    Due Process of Law Foundation (DPLF), una cara más de la interferencia extranjera

    Desde hace décadas, los pueblos del sur han aprendido que cada vez que sus suelos fértiles se mueven, alguien en Washington enarbola el dedo acusador.

    Mientras el sur mexicano levanta trenes y conexiones comerciales que auguran una prosperidad sin precedente para la región, desde el otro lado de la frontera norte se responde con “preocupaciones jurídicas”, artículos académicos alarmistas y amicus curiae envueltos en el celofán de los derechos humanos.

    Quienes conocemos el performático mundo de las organizaciones civiles, reconocemos fácilmente el libreto de siempre.

    CEMDA contra el desarrollo soberano de la nación

    Esta vez quien lo ejecuta es la prestigiada fundación estadounidense, Fundación para el Debido Proceso, Due Process of Law Foundation o DPLF en su idioma natal.

    Fundada en 1996 por Thomas Buergenthal, exjuez de la Corte Internacional de Justicia, la DPLF nació, según su propio mito fundacional, para “fortalecer la justicia” en América Latina.

    Dos décadas después, actúa como curadora moral del continente, financiada con esmero por fondos internacionales.

    Se dedican a supervisar a pueblos como el de México, mientras se apañan el título de representantes populares de los desprotegidos.

    DPLF, ataques de manual contra la transformación democrática del país

    En 2023, esta fundación con sede en Washington presentó un escrito judicial contra el Tren Maya y firmó pronunciamientos contra el Corredor Interoceánico.

    DPLF no vive en los territorios, pero habla por ellos. Sus funcionarios y académicos jamás se han dignado a caminar entre la gente, pero citan a los pueblos de América Latina como si fueran su representante oficial designado, siempre con el tono magnánimo del civilizado que corrige la barbarie.

    Es legítimo que haya disenso. Pero debemos permitirnos levantar la ceja y proceder con cautela ante la crítica que viene envuelta en dólares, euros, diplomacia y títulos universitarios extranjeros.

    Como mexicanos, debemos asegurar que las voces del sur no repitan agendas escritas en inglés y que la palabra indígena no funcione como comodín geopolítico.

    No hay nada más violento que quien dice defenderte mientras te niega el derecho a decidir.