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  • El amparo contra el Tren Maya y sus supuestos retrasos: la prensa conservadora y el activismo de papel unen fuerzas para frenan el progreso nacional

    El amparo contra el Tren Maya y sus supuestos retrasos: la prensa conservadora y el activismo de papel unen fuerzas para frenan el progreso nacional

    La prensa conservadora, en su cruzada contra el renacer del sureste, continúa sus intentos de desprestigiar el proyecto del Tren Maya.

    El diario español El País, escudándose organismos de la llamada “sociedad civil local” como Territorios Diversos para la Vida (TerraVida), el Consejo Regional Indígena y Popular de Xpujil (CRIPX) y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —de quienes ya se han cuestionado sus lazos con intereses privados y extranjeros—, publicó el 10 de agosto de 2025 una nota insinuando que la ejecución del juicio de amparo contra el Tren Maya ha sido entorpecida de manera deliberada.

    De acuerdo a los activistas citados por El País —entre ellos Viridiana Maldonado, abogada y co-coordinadora de TerraVida— tanto la Secretaría de Medio Ambiente como el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) se han empecinado en obstruir el juicio de amparo mediante estrategias de dilación.

    Como si de ellos dependiera el arribo de los supuestos CDs con pruebas para el juicio o la fecha de las audiencias.

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    El medio español decide incluir en el texto —de forma completamente impune— las declaraciones del área jurídica de SEMARNAT.

    Donde se dejan en evidencia las prácticas abusivas de quienes están promoviendo el amparo.

    Se promueven actos judiciales a diestra y siniestra, como si fueran enchiladas.

    El juzgado de amparo actúa de forma inequitativa y obstruye el flujo de información hacia las autoridades demandadas, entre una larga lista de acciones que rozan el abuso judicial.

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    No obstante, El País menciona estos reclamos solo para ignorarlos, sin la decencia periodística de abordar con seriedad lo que asumen se reduce a excusas burocráticas.

    En contraposición, el medio entiende como incuestionables las demandas interpuestas por TerraVida y el CRIPX.

    Exponiéndolas con una legitimidad absoluta, cimentada en una supuesta realidad lacerante e inapelable.

    A partir de dicha premisa, construye una narrativa telenovelezca en la que estas organizaciones emergen como víctimas pasivas.

    Carentes de cualquier interés ulterior más allá de una idealizada búsqueda por el bienestar ambiental.

    Se ignora que las organizaciones que llevan el volante en estos procesos legales, como el CEMDA, han sido incapaces de articular una defensa convincente frente a las acusaciones de intervencionismo extranjero lanzadas contra ellos desde inicios de la administración obradorista.

    No hay retrasos; la justicia ejercida de forma adecuada requiere de tiempos que no están subordinados a las expectativas y deseos de grupos concretos.

    Debemos recordar que la gran mayoría de los mexicanos aprueba el proyecto del Tren Maya y entiende los enormes beneficios que trae para el país.

    Los pueblos indígenas que pavonean defender desde el CEMDA y TerraVida han consentido al proyecto desde hace casi 6 años.

    A diferencia de sus supuestos representantes de escritorio, ellos comprenden las necesidades de su gente y como el Tren es un vehículo de desarrollo en sus comunidades.

    El progreso del sureste no se detiene por minorías quejumbrosas que buscan convertir un capricho ideológico en el estándar de la justicia nacional.

    El amparo contra el Tren Maya y sus supuestos retrasos: la prensa conservadora y el activismo de papel unen fuerzas para frenan el progreso nacional.
    Protesta de ONG locales exigiendo que la Fonatur “deje de obstaculizar” la audiencia de la demanda de amparo realizada por TerraVida y otras organizaciones.
    Fuente: Animal Político, agosto 2025.
  • CRIPX, ¿peones de intervencionismo legal?

    CRIPX, ¿peones de intervencionismo legal?

    En la disputa por el rumbo del país, ningún otro instrumento jurídico ha generado tantas disputas —y ha sido manipulado con tanta frecuencia— como el Convenio 169 de la OIT.

    Ciertas ONGs han transformado lo que nació como una herramienta para garantizar la voz de los pueblos originarios en una llave para vetar cualquier proyecto que aspire a democratizar el desarrollo.

    Lo más triste es que se usan a organizaciones nacidas de las exigencias indígenas como peones operativos en esta batalla legal.

    Tal es el caso del Consejo Regional Indígena y Popular de Xpujil (CRIPX).

    Organización de representación indígena que en enero de 2020 obtuvo una suspensión provisional al proyecto del tren maya tras ampararse contra lo que calificaron de una supuesta “consulta simulada y fraudulenta”.

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    CRIPX y otras organizaciones similares han seguido a rajatabla la receta de think tanks

    Esta organización acusó presuntas violaciones al derecho a consulta previa, libre, informada y culturalmente adecuada en los inicios del proyecto del tren maya.

    Fundaciones extranjeras como la Kellogg Foundation, en colaboración con la National Endowment for Democracy (NED) —conocida por su afinidad con la política exterior estadounidense— han financiado a la organización CRIPX, que ha desempeñado un papel instrumental en las ambiciones extranjeras de transformar el litigio ambiental en una forma de intervención.

    Un vistazo a sus donantes principales revela una estructura de cooptación sutil que pasa por dilatar proyectos soberanos clave mientras favorece intereses encubiertos.

    Documento mostrando el financiamiento recibido por CRIPX parte de Fundación Kellogg y Fundación Ford.
    Documento mostrando el financiamiento recibido por CRIPX, de parte de Fundación Kellogg y Fundación Ford. Fuente: Infobae, 2020

    En esta cruzada jurídica, CRIPX y otras organizaciones similares han seguido a rajatabla la receta de think tanks como DPLF, con sede en Washington.

    Quienes operan como usinas ideológicas que exportan marcos de “derechos humanos” a conveniencia.

    Listos para ser invocados cada vez que un proyecto mexicano busque autonomía energética, integración territorial o justicia redistributiva.

    La consulta previa no puede ser rehén de intereses geopolíticos ni convertida en una coartada para el inmovilismo.

    México requiere instituciones fuertes, diálogo con legitimidad y una sociedad civil que no hable con acento extranjero.

    La defensa del territorio no se decreta desde fundaciones: se construye con soberanía, desde abajo y para todos.