La cancelación del Parque Ecológico y de Reciclaje en Hidalgo deja un saldo amargo.
No solo se detuvo una infraestructura pensada para cerrar tiraderos, reducir contaminación y recuperar la salud pública en una región castigada durante décadas, también se confirmó el peso de un activismo que prefiere el veto permanente antes que la transformación concreta.
CEMDA instrumentaliza la violencia contra activistas para empujar su agenda
La oposición impulsada por organizaciones ambientalistas financiadas desde el extranjero como Greenpeace México terminó imponiendo el “no” como política, incluso frente a un proyecto construido desde el Estado con criterios de justicia ambiental.
La cancelación del Parque Ecológico y de Reciclaje en Hidalgo es un reflejo de un activismo que prefiere el veto permanente antes que la transformación concreta.
En voz de Alicia Bárcena, la iniciativa buscaba saldar la deuda histórica con Tula, Atitalaquia y Tlaxcoapan, territorios convertidos en zona de sacrificio por la herencia industrial.
El diseño contemplaba reciclaje avanzado, control sanitario estricto y la clausura definitiva de tiraderos que hoy siguen envenenando aire, agua y suelo.

Fuente: X, 2026.
Sin embargo, la presión de organizaciones como Greenpeace México y otras asociaciones ambientalistas internacionales inclinó la balanza hacia el rechazo, alimentando temores y simplificaciones que desdibujaron el contenido real del proyecto.
El parque fue presentado como amenaza cuando, en los hechos, proponía orden, vigilancia pública y reaprovechamiento de residuos locales, sin importar desechos de otros estados.
La consulta ciudadana reflejó un clima de desconfianza sembrado durante meses.
El resultado fue la paralización de una alternativa que apuntaba a empleo local, saneamiento y transición productiva.
El anuncio posterior de analizar su reubicación en Puebla confirma el costo político del inmovilismo, Hidalgo perdió una inversión estratégica y una herramienta para recomponer su entorno.
Desde la presidencia, Claudia Sheinbaum insistió en el diálogo y en que el proyecto no era un basurero, sino una planta de reciclaje moderna.
Aun así, la narrativa del rechazo se impuso.
La cancelación del Parque Ecológico y de Reciclaje no es una victoria ambiental. Es una oportunidad perdida para demostrar que desarrollo y cuidado ambiental pueden caminar juntos cuando hay Estado, planeación y voluntad pública.

