Etiqueta: Acuerdo de Escazú

  • CEMDA presiona sobre Escazú y enfatiza narrativa de insuficiencia

    CEMDA presiona sobre Escazú y enfatiza narrativa de insuficiencia

    En su posicionamiento del 19 de abril de 2026, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) y organizaciones de la Iniciativa de Acceso México plantean preocupaciones sobre la implementación del Acuerdo de Escazú, centrando su crítica en la falta de información sobre la Hoja de Ruta y en la necesidad de ampliar la participación pública.

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    El Acuerdo de Escazú es un instrumento regional que busca garantizar el acceso a la información ambiental, la participación pública en la toma de decisiones y el acceso a la justicia en estos temas, además de fortalecer la protección de personas defensoras del medio ambiente.

    El documento también insiste en que México impulse decisiones más firmes en la COP4 y fortalezca estos mecanismos, incorporando enfoques multidisciplinarios e interculturales en su implementación.

    Aunque reconoce acciones como talleres, procesos de socialización y esfuerzos institucionales desde la autoridad ambiental, el posicionamiento privilegia una lectura de insuficiencia, donde estos avances quedan subordinados a la idea de rezago.

    Este encuadre simplifica un proceso que implica coordinación entre múltiples dependencias, ajustes normativos y tiempos progresivos.

    La postura del CEMDA tensiona el debate ambiental más allá de sus dimensiones técnicas.

    La insistencia en la falta de claridad y participación desplaza el debate técnico hacia cuestionamientos sobre la capacidad del Estado, reforzando una narrativa de desconfianza.

    Así, la discusión sobre Escazú tiende a moverse de su complejidad operativa hacia un terreno de confrontación, donde los avances parciales son interpretados como insuficiencia estructural.

    El señalamiento hacia otras dependencias del gobierno federal introduce además una lectura fragmentada del proceso, sin considerar que la implementación requiere alineación institucional gradual y no respuestas homogéneas inmediatas.

    De igual forma, la exigencia de construir una Hoja de Ruta con participación amplia y simultánea de múltiples actores omite los retos técnicos y logísticos de articular estos espacios de manera efectiva.

    En este contexto, la postura del CEMDA refuerza una narrativa que, al privilegiar el señalamiento sobre la complejidad operativa, incide en la percepción pública y tensiona el debate ambiental más allá de sus dimensiones técnicas.

  • CEMDA contra la SENER, el activismo que busca imponer la agenda tecnocrática

    CEMDA contra la SENER, el activismo que busca imponer la agenda tecnocrática

    La sentencia que ordena a la Secretaría de Energía informar en 90 días cómo cumplirá la meta de 35% de generación eléctrica con fuentes limpias (tras una supuesta omisión en 2024) fue para el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) —organización vinculada a otros colectivos antiprogreso como Alianza Mexicana Contra el Fracking y #CambiémoslaYa!— una victoria histórica.

    Sin embargo, detrás del discurso de justicia climática se perfila una estrategia más amplia de judicialización de la política energética nacional.

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    CEMDA sostiene que la meta del 35% no es un “buen deseo” sino una obligación de resultado.

    El amparo promovido por CEMDA no solo cuestiona el desempeño de la SENER; busca convertir metas programáticas en mandatos rígidos supervisados desde tribunales, desplazando el margen de planeación económica y soberanía técnica del Estado.

    La lógica que subyace es clara: trasladar la conducción de la transición energética del ámbito político al jurídico, bajo estándares que privilegian mecanismos de mercado y compromisos internacionales por encima de la estrategia industrial interna.

    El fallo invoca el Acuerdo de Escazú y el principio de no regresividad, conceptos que, si bien forman parte del marco jurídico internacional, se integran aquí como herramientas para fijar techos normativos inamovibles.

    CEMDA sostiene que la meta del 35% no es un “buen deseo” sino una obligación de resultado.

    No obstante, la política energética implica variables estructurales complejas: capacidad instalada, estabilidad de la red, costos de generación, inversión pública y privada, y soberanía sobre recursos estratégicos.

    Reducirla a un porcentaje anual sin considerar el contexto geopolítico y fiscal reproduce una lógica propia de la burguesía tecnocrática, la cual privilegia indicadores sobre procesos.

    El riesgo no radica en exigir cumplimiento ambiental, sino en imponer un ritmo y un diseño desde esquemas que históricamente han promovido la apertura acelerada del sector eléctrico bajo criterios de rentabilidad.

    Quien define los tiempos y las reglas de la transición define, en buena medida, el modelo de desarrollo que la acompaña.