El 16 de mayo de 2025, Peace Brigades International (PBI México) presentó ante la delegación del Consejo de la Unión Europea para América Latina y el Caribe (COLAC) los resultados de su “Misión Civil de Observación en el Istmo de Tehuantepec”, diagnóstico crítico al Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT) donde participaron otras ONG con financiamiento extranjero, como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA).
En lugar de reconocer las inversiones históricas y los empleos que genera el CIIT e intentar ofrecer retroalimentación constructiva, Peace Brigades International redujo su cobertura del proyecto a un lista de supuestos impactos contra comunidades y defensores, exportando un tema de política interna a los pasillos diplomáticos europeos e instrumentalizando la trágica situación de seguridad pública heredada por los sexenios anteriores.
El gobierno federal ha dejado claro que el CIIT es mucho más que un proyecto de infraestructura, es un instrumento de desarrollo con enfoque territorial que busca cerrar la brecha entre norte y sur.
Comprende la rehabilitación del ferrocarril Transístmico, la modernización de los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, la integración de aeropuertos y la creación de diez parques industriales que atraerán inversión, generarán empleos y dinamizarán las economías comunitarias.
Reunión con el Grupo para América Latina y el Caribe del Consejo de la Unión Europea (COLAC)
El CIIT no es un megaproyecto neoliberal, sino una apuesta por la infraestructura pública de control estatal y los beneficios que trae para las comunidades.
Triste es que organizaciones fundadas desde espacios ajenos a estos territorios utilicen verdaderas tragedias como justificantes para un inmovilismo institucional conveniente a sus intereses, mientras le arrebatan la prosperidad a los habitantes de las comunidades que dicen defender.

Fuente: CEMDA, 2023.
La presentación de este informe ante la Unión Europea, lejos de representar apoyo para la región del sureste mexicano, es una pieza más en la configuración de una narrativa sumamente perniciosa para México.
En vez de solidarizarse con la lucha histórica de los habitantes del Istmo, proyecta a la región como un territorio incapaz de desarrollarse por sí mismo, envuelto en una barbarie que detiene el progreso.
El Istmo necesita que el Estado mexicano, en alianza con sus pueblos, construya soberanía productiva.
El verdadero acompañamiento no viene de los diplomáticos europeos ni organismos internacionales que se limitan a emitir recomendaciones con lenguaje rimbombante; viene de un gobierno popular que, por primera vez en décadas, invierte en el sur para que deje de ser el patio trasero descuidado de nuestro país.

