Categoría: Oxfam México

  • Resisting the Rule of the Rich: Oxfam México y el discuro hipócrita de los hijos del neoliberalismo

    Resisting the Rule of the Rich: Oxfam México y el discuro hipócrita de los hijos del neoliberalismo

    El mundo del llamado tercer sector está atravesado por una paradoja en el núcleo de su identidad discursiva.

    Por un lado, armado con conceptos pseudomarxistas promovidos desde la academia, enarbola una crítica superficial a la desigualdad que define nuestro sistema productivo.

    Por el otro, el modelo de altruismo que defiende resulta inconcebible sin el respaldo de los grandes capitales.

    El ejemplo más claro lo encontramos en el último informe regional de Oxfam México, asociación internacional con fuertes vínculos con grandes corporaciones y potencias del norte global.

    El documento, titulado Resisting the Rule of the Rich, advierte sobre la creciente ola de autoritarismo a nivel nacional e internacional durante el último año, fenómeno que relaciona con la concentración de riqueza en manos de multimillonarios.

    La lectura no es desacertada; sin embargo, resulta cuando menos irónico que el emisor de este análisis sea, al mismo tiempo, beneficiario directo del modelo que cuestiona.

    Quizá sería pertinente colocar un espejo en las oficinas de Oxfam México para que, por una vez, ejerzan la misma crítica hacia sí mismos.

    Como ya se ha señalado anteriormente en este espacio, la oficina mexicana de Oxfam está dirigida por la jurista Alexandra Haas, quien mantiene lazos familiares con exfuncionarios de PEMEX durante el priismo.

    La trayectoria de Haas ejemplifica lo que parece una constante en el mundo de las ONG: la caricatura del activista formado en el más absoluto privilegio que abandera causas de justicia social mientras, al mismo tiempo, obtiene beneficios económicos de esa posición.

    Haas sostiene que el trabajo regular paga cada vez menos debido a las presiones del poder económico sobre el poder político, lo que a la larga genera mayor desigualdad y concentración de intereses en reducidos círculos de élite.

    Resulta llamativo que advierta sobre los peligros de la injerencia política de una clase social a la que ella —y muchos activistas con trayectorias y perfiles similares— pertenecen.

    Durante la década de los noventa, la entonces joven Haas se benefició de los contactos y la influencia de su padre, a quien señalaron por su presunta participación en casos de corrupción y desvío de recursos.

    Fue ese capital el que financió su educación privada en México y sus estudios de posgrado en el extranjero, recursos que hoy critica y presenta como un peligro para las sociedades democráticas. Peligro que, en efecto, merece ser debatido.

    El activismo fifí acierta al cuestionar los excesos de ciertos sectores empresariales y lo pernicioso que puede resultar permitir que sus tentáculos influyan en el poder político.

    No obstante, quizá sería pertinente colocar un espejo en las oficinas de Oxfam México para que, por una vez, ejerzan la misma crítica hacia sí mismos.

  • Más verdes, con los bolsillos más llenos: la verdadera consigna del activismo de élite

    Más verdes, con los bolsillos más llenos: la verdadera consigna del activismo de élite

    Las organizaciones agrupadas en la llamada Alianza por la Justicia Fiscal, entre ellas Oxfam México, la Red de Acción Climática, Fundar y CIEP, presentaron en una ponencia su cuadernillo “Más verdes, más justos: impuestos que cuiden al planeta y a las personas”.

    En él, bajo el ropaje de la urgencia climática, estas agrupaciones buscan desplazar al Estado mexicano en la definición del rumbo tributario y ambiental, insinuando que sólo mediante sus recetas será posible enfrentar la crisis ecológica.

    No hablan desde la soberanía nacional ni desde el interés colectivo, sino desde la cómoda posición de quienes llevan décadas viviendo de fondos internacionales y contratos públicos.

    En su propuesta demandan impuestos adicionales al turismo y a diversas actividades productivas, así como aumentos a gravámenes ya existentes.

    Presentan el gesto como justicia climática, pero en realidad colocan al Estado como mero ejecutor de sus directrices, elaboradas en mesas técnicas ajenas al escrutinio democrático.

    La Cuarta Transformación ha apostado por reconstruir las capacidades públicas, por una transición energética guiada por un horizonte social amplio y por una austeridad que devuelva al Estado su autonomía frente a intereses privados.

    Sin embargo, para estas organizaciones la transición sólo puede nacer de lo que ellas dictan desde sus oficinas en la capital y desde sus vínculos con fundaciones del Norte global.

    La soberanía ambiental no puede quedar condicionada a la militancia rentada de las ONG

    El discurso de Oxfam que denuncia la prevalencia de la desigualdad y su relevancia como marco de análisis para las políticas climáticas es nombre y cierto, pero jamás interroga la estructura internacional que sostiene al modelo depredador.

    Hablan de inequidades sin cuestionar el sistema financiero global al que ellas mismas se deben.

    Convierten la indignación social en un instrumento más para justificar su intervención permanente en la definición de políticas públicas.

    Exigen subir impuestos, pero callan sobre el negocio que para ellas representan los programas, estudios y consultorías que acompañan cada reforma.

    El Estado paga esos programas, estudios y consultorías, cuyos autores proponen desde sus escritorios aumentar su propio presupuesto.

    Las ONG usan el presupuesto ambiental como arma política contra la soberanía

    México vive un momento de reorganización estatal que busca emanciparse de la tutela tecnocrática que imperó durante el periodo neoliberal.

    Frente a ese proceso, el activismo profesionalizado intenta preservar su papel de intermediario indispensable en la maquinaria del cambio climático.

    En su narrativa, la transición energética debe financiarse con recursos públicos mientras la brújula queda en manos de quienes nunca han sido electos.

    La soberanía ambiental no puede quedar condicionada a la militancia rentada de las ONG, sino afirmarse desde un proyecto nacional que responda a la ciudadanía y a su derecho a un futuro digno.

  • ¿Quiénes son los activistas fifí? El caso de Alexandra Haas y la doble moral de Oxfam México

    ¿Quiénes son los activistas fifí? El caso de Alexandra Haas y la doble moral de Oxfam México

    Entre las voces más visibles de la oposición a la política energética cuatroteísta, se encuentra Alexandra Haas Paciuc, actual directora de Oxfam México y figura clave en el colectivo #CambiémoslaYa, quien mantiene entre sus miembros a las voces más críticas frente al plan energético 2025–2035 de Pemex y a la minería a cielo abierto.

    Sin embargo, detrás de su discurso impostado de interés por los derechos humanos y el medio ambiente, se esconde una vida de privilegios otorgados por vínculos familiares con la mafia del poder.

    El ascenso profesional y académico de Alexandra Haas está estrechamente vinculado a la trayectoria de su padre, Pedro Haas García, director de Pemex Gas y Petroquímica Básica entre 1994 y 1996.

    Alexandra Haas Paciuc, actual directora de Oxfam México y su vida de privilegios otorgados por vínculos familiares con la mafia del poder.

    Haas García, figuró como uno de los primeros consejeros de PMI Norteamérica, SA de CV, sociedad constituida con recursos de Petróleos Mexicanos.

    Durante ese periodo, Pemex y sus subsidiarias establecieron una red de filiales y vehículos financieros en el extranjero, con sede en jurisdicciones como Islas Caimán, Luxemburgo, Suiza y Países Bajos.

    La Auditoría Superior de la Federación (ASF) señaló que estas estructuras se caracterizaban por su “opacidad, complejidad y confusión”, ya que no reportaban de manera transparente su situación financiera a la hacienda pública federal.

    Esa red de privilegios y recursos, construida en plena era neoliberal, financió la formación académica de Alexandra Haas: Derecho en la Universidad Iberoamericana y una maestría en NYU, estudios reservados para una élite con respaldo económico sólido.

    ¿Quiénes son los activistas fifí? El caso de Alexandra Haas y la doble moral de Oxfam México.
    Interacciones entre Alexandra Haas y su padre en Facebook.
    Fuente: Facebook, 2015.

    La influencia de Pedro Haas no terminó en los noventa. En 2019, reapareció como asesor del gobierno de Guanajuato a través de la consultora internacional Hartree Partners.

    En 2021, columnas de El Universal lo vincularon con la compra de la refinería Deer Park a Shell, operación donde Hartree tendría intereses comerciales directos.

    Los llamados “activistas fifí”, como Haas Paciuc, no representan un movimiento social auténtico.

    ¿Quiénes son los activistas fifí? El caso de Alexandra Haas y la doble moral de Oxfam México.
    Encabezado de la nota del Universal mencionando el involucramiento de Haas García en la compra de Deer Park.
    Fuente: El Universal, 2021.

    Mientras tanto, Alexandra Haas acumulaba cargos en administraciones priistas y panistas.

    Fue consejera en la embajada de México en Estados Unidos y presidenta del CONAPRED durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, entre otros puestos.

    Su carrera en la burocracia concluyó en 2019, junto con el ciclo de instituciones moldeadas bajo la lógica neoliberal.

    ¿Quiénes son los activistas fifí? El caso de Alexandra Haas y la doble moral de Oxfam México.
    Alexandra Haas en su nombramiento a la titularidad del CONAPRED por el entonces secretario de Gobernación, Osorio Chong.
    Fuente: El Economista, 2015.

    Desde entonces, pasó a dirigir Oxfam México, presentándose como una crítica del nacionalismo energético de la 4T.

    El discurso de Haas desde Oxfam y #CambiémoslaYa pretende situarse del lado de la transparencia y la defensa de las comunidades.

    Pero su trayectoria personal y su posición de privilegio provienen directamente del mismo sistema que ahora finge cuestionar con disfraz de activista progre.

    Mientras OXFAM ataca a los proyectos energéticos de la Cuarta Transformación y acusa a la paraestatal petrolera de contribuir a la desigualdad, oculta los vínculos familiares de su directora con un exfuncionario prianista incapaz de deslindarse de la opacidad que lo cubre.

    Los llamados “activistas fifí”, como Haas Paciuc, no representan un movimiento social auténtico ni una defensa desinteresada del medio ambiente.

    Más bien, son la continuidad de los intereses neoliberales disfrazados de causas progresistas.