La ONG Engenera, se ha presentado en los últimos meses como una de las voces más severas contra la política ambiental del gobierno federal.
En comunicados y foros, su equipo ha acusado a la administración de Claudia Sheinbaum de sostener una “inercia fósil” y de destinar recursos públicos a proyectos de infraestructura “contradictorios con las metas climáticas”.
Lo han hecho acompañados de otras ONG como CEMDA y Fundar —también miembros de colectivos como #CambiémoslaYa! y Alianza Mexicana Contra el Fracking—, insistiendo en que el presupuesto de 2026 “abandona la transición energética”.
Engenera, ha recibido financiamiento directo de una de las instituciones más cuestionadas por la Cuarta Transformación
Pero la pureza moral que intenta proyectar Engenera se resquebraja al revisar su propia contabilidad pública.
Según documentos oficiales, en noviembre de 2024 la organización firmó un convenio con el Instituto Nacional Electoral (INE) por $237,170 pesos para desarrollar un proyecto con ese organismo autónomo.
El acuerdo estipula dos transferencias: una primera por $189,736 pesos tras la entrega de un “plan de trabajo”, y una segunda por $47,434 pesos tras la presentación de un “informe parcial” antes del 6 de diciembre de 2024.
No es un monto escandaloso en sí mismo, pero sí profundamente simbólico.
Engenera, una organización que denuncia “la captura del Estado” por intereses políticos, ha recibido financiamiento directo de una de las instituciones más cuestionadas por la Cuarta Transformación—el INE, símbolo histórico del gasto excesivo, la burocracia dorada y la simulación democrática del periodo neoliberal—.
¿Cómo puede una ONG que cobra fondos públicos de un organismo tan identificado con el viejo orden electoral presentarse como contrapeso ético del Estado popular que busca transformarlo?
No solo eso, es interesante ver como justifican 200 mil pesos en un proyecto de “promoción de la democracia”.

Fuente: Plataforma Nacional de Transparencia, consultada en octubre de 2025.
Durante años, nuestro expresidente Andrés Manuel López Obrador señaló al INE fue instrumento de las élites para legitimar fraudes y excluir al pueblo.
Engenera se presenta como “conciencia verde” mientras su tesorería se alimenta de la institución más costosa y elitista del aparato público mexicano.
Criticó su gasto oneroso y sus vínculos con fundaciones extranjeras. Hoy, Engenera firma convenios con ese mismo aparato y usa esos recursos para posicionarse como “voz ciudadana independiente”.
El problema no es que el INE financie proyectos sociales. El problema es el doble discurso: denunciar la supuesta falta de independencia del gobierno y, al mismo tiempo, nutrirse de los mismos fondos que durante décadas sirvieron para reproducir la lógica del poder conservador.
La 4T ha insistido en democratizar la relación entre Estado y sociedad civil, poniendo fin al modelo de las ONG que, bajo la etiqueta de “autonomía”, operaban como intermediarias de las fundaciones extranjeras y las burocracias nacionales. Engenera, en cambio, parece añorar ese esquema.
En lugar de dialogar con el gobierno popular que impulsa una política de transición justa desde el sur global, la organización prefiere presentarse como conciencia verde mientras su tesorería se alimenta de la institución más costosa y elitista del aparato público mexicano.
Es la paradoja del activismo de escritorio: denunciar la “captura del Estado” mientras se vive de sus transferencias.
El ambientalismo que cobra del INE pero sermonea a la 4T no defiende la ecología, solo intenta proteger su lugar en la vieja estructura de privilegios institucionales.



